Estética y Belleza
La belleza duele

A 20 años del nacimiento del Botox, cuáles son los tratamientos que buscan revolucionar la estética facial

La toxina botulínica tipo A o Botox, como es popularmente conocida, es sin duda uno de los procedimientos de la medicina estética.

La toxina botulínica tipo A o Botox, como es popularmente conocida, es sin duda uno de los procedimientos de la medicina estética más demandados en todo el mundo. Se trata de una técnica de rejuvenecimiento con la que, en los últimos 20 años, fue posible revitalizar y rejuvenecer la mirada, reducir las arrugas o recuperar la calidad natural de la piel, entre otras muchas cosas.

“En los últimos años de la década del ´90 se comenzó a utilizar con fines estéticos”, señalaron desde la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER). Al tiempo que resaltaron que el Botox™ busca relajar “los músculos faciales que forman arrugas”, especialmente los ubicados en las líneas de “expresión de la frente, del entrecejo y de las patas de gallo”.

“La toxina botulínica es una neurotoxina, elaborada por la bacteria Clostridium botulinum, que actúa impidiendo la liberación de acetilcolina en las uniones neuromusculares o en otras uniones colinérgicas y produce una denervación parcial reversible de los músculos donde se inyecta o de las glándulas ecrinas”, sostiene la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), entre regulador argentino, y aclara que se han descrito muy raramente reacciones adversas relacionadas con la diseminación de la toxina lejos del sitio de administración. Su tiempo de duración, tras la aplicación, varía “entre cinco y seis meses, dependiendo de factores individuales de cada paciente”, agregaron desde SACPER.

“Hoy no sólo se busca verse bien sino sentirse bien por dentro y por fuera. Todos buscamos un plus de bienestar. El concepto de estética se ha modificado. Los tratamientos no invasivos se suman a un nuevo concepto saludable que incluyen alimentación y ejercicio, entre otros”, dijo a Infobae la doctora Griselda Seleme, cirujana plástica, especialista en estética y miembro de SACPER. Y agregó: “Sabemos que los cambios estéticos, los cánones estéticos van mutando a través de los años”.


Asimismo, la experta afirmó que existen nuevos compuestos inteligentes, los cuales deben ser aplicados por manos de profesionales de la salud. Un ejemplo es el ácido hialurónico ultrapuro, el cual es considerado “un cuidado inyectable” que se ha convertido rápidamente en uno de los tratamientos más elegidos. “Se trata de un nuevo concepto en el tratamiento de la calidad de piel para tensarla, hidratarla y nutrirla en profundidad”, explicó la doctora Seleme.

“Los labios son un clásico en los tratamientos faciales”, continuó Seleme y explicó que “se trata de un tratamiento que se realiza en solo una sesión y sus resultados se ven inmediatamente”, al tiempo que sostuvo que “además de transmitir emociones y brindar belleza y sensualidad al rostro, los labios reflejan la edad y los hábitos de cuidado de las personas. Como el resto de la cara, los labios también envejecen y esta parte tan pequeña y especial de la cara tiene características anatómicas específicas”.

Existen otros tratamientos que también se impusieron en los últimos años, que no requieren cirugía ni anestesia, y son conocidos como liftings sin cirugía. El objetivo es el mismo: rejuvenecer el rostro, pero sin pasar por el quirófano. Se trata, según el doctor Fernando Felice, médico especialista en medicina estética, cirugía plástica y docente de la UBA, de “tratamientos estéticos que eliminan temporalmente algunos signos de la edad como las arrugas o devuelven el volumen y la vitalidad al rostro”.

Según el experto, estos procedimientos alternativos a la cirugía estética facial permiten obtener correcciones parciales altamente estratégicas a nivel del rostro, con períodos de recuperación muy cortos y produciendo un mínimo traumatismo.

Entre los tratamientos sin cirugía y con efecto lifting, el destacado especialista en cirugía plástica a nivel nacional e internacional como también en medicina estética y rejuvenecimiento facial, recomienda el uso de la toxina botulínica, más conocida como Botox™, que ayuda a corregir las arrugas faciales que aparecen con los años como consecuencia de la contracción repetida de los músculos en la frente, el entrecejo y el área periocular (las patas de gallo).

Además, el experto también recomendó el uso de ácido hialurónico. “Estos productos aplicados con criterio estético y basados en la ciencia pueden ofrecer resultados sorprendentes; de lo contrario, mal acompañados pueden traer malos resultados, o sea que el resultado depende muchísimo del profesional actuante. Existen también otros tratamientos complementarios como ser: plasma rico en plaquetas, láser de CO2, microneedle y láseres o radiofrecuencias faciales”, indicó.

Volviendo al Botox™, la doctora Olga Labastida Gómez de la Torre, dermatóloga del Hospital Ángeles Pedregal de México, menciona que dentro de los procesos cosméticos para mejorar la apariencia y evitar el envejecimiento de la piel, el Botox™ es el más sencillo de aplicar.

“No requiere un periodo de recuperación largo, no es una cirugía que puede implicar un cambio en la expresión natural de la persona, no produce inflamación. Su aplicación implica sólo unos cuantos piquetes, un poco molestos. Si se utiliza de la forma indicada, proporciona un efecto agradable en donde había una arruga muy notoria. Por todas estas razones, muchas personas recurren al Botox™”, aclaró.

Y agregó: “El Botox™ es un inhibidor temporal de la contracción del músculo. El efecto que logramos al aplicarlo en un paciente es que el músculo deje de contraerse por un periodo aproximado de 4 a 6 meses. Conforme se aplica en forma repetitiva tiende a durar un poco más el efecto, alcanzando hasta 7 u 8 meses”.

“Es esencial que el paciente cuente sus necesidades, cómo se siente, qué le molesta y confíe en el especialista y espere su devolución. No deben llegar pidiendo un tratamiento que le funcionó a alguien más o con la foto de alguien a quien quieren asemejarse. Hoy la naturalidad es tendencia y para lograrla es clave recurrir a especialistas”, explicó, por su parte, a Infobae Raúl Banegas, cirujano plástico especialista en estética y miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER).

Desde Perú, la doctora Elaine Chang Crespo, especialista en medicina estética láser, asegura que una buena aplicación de toxina botulínica no debería cambiar la expresión del rostro ni mucho menos deformarlo. Y explicó que esto solo ocurre cuando se aplica a los pacientes dosis inadecuadas. En ese sentido, resaltó que debe tomar en cuenta que las dosis o las zonas de aplicación son diferentes para cada persona.

“La edad ideal para aplicarse esta toxina es a partir de los 25 y 30 años. Es el momento en el que empiezan a acentuarse las líneas de expresión”, afirmó Chang Crespo, que advirtió que no es recomendable el uso de Botox™ para quienes padecen de enfermedades neuromusculares, así como aquellas personas que tengan parálisis facial o debilidad muscular.

Y sobre los tiempos para ver sus resultados, indicó que los mismos se verán entre los tres y los siete días. Asimismo, la duración de esta sustancia es entre cuatro a seis meses. “Su permanencia dependerá de las características del paciente, es decir, de factores como la edad, el tipo de piel, la fuerza de la musculatura y la gesticulación” precisó.

En nuestro país, existen tres tipos de toxinas aprobadas por la ANMAT. “La toxina botulínica ha sido uno de los grandes avances de los procedimientos mínimamente invasivos para refrescar caras y rejuvenecer. Actúa debilitando determinados músculos. De esa manera, al dejar de actuar algunos, conseguimos que trabajen los músculos opuestos a ellos. Así se favorece la eliminación, ordenamiento y disminución de las arrugas del tercio superior de la cara. La utilización de Botox™ es totalmente segura en tratamientos estéticos”, explicó el cirujano plástico Manuel Sarrabayrouse, jefe honorario del Servicio de Cirugía Plástica y Estética del Hospital Italiano y director de la Unidad Académica de Formación en Especialistas en Cirugía Plástica de la UBA.

“Cada vez mujeres más jóvenes recurren a la toxina botulínica: en los últimos tiempos la mayoría de las que se lo realizan tiene entre 30 y 40 años. “Es que no solamente sirve para eliminar arrugas sino también para evitar su aparición y corregir asimetrías de las cejas, por ejemplo. Además, el Botox™ da una brillantez a la cara que no se consigue con el mejor cosmético que pueda usar una mujer”, afirma Sarrabayrouse.

Muchos especialistas señalaron en el último tiempo que a raíz de la pandemia por COVID, hubo un fuerte impacto de la exposición en videollamadas y reuniones a distancia por medio de video. Esto derivó en un fuerte incremento en los procedimientos faciales mínimamente invasivos.

Nuevos productos en el mercado

A pesar de estar en el mercado por más de 20 años, el Botox™ se ha perfeccionado, indican algunos laboratorios que están innovando en nuevas técnicas de tratamiento facial. Se trata de tres jóvenes toxinas botulínicas que han irrumpido en el sector debido, sobre todo, a que “existe una menor duración de los efectos”.

La primera es Letybo (Letybotulintoxin A), de origen coreano que procede de una nueva cepa de Clostridium botulinum y está fabricada por el laboratorio Croma-Pharma. El mismo, ha logrado la aprobación de su producto en 26 países, aunque todavía no en Argentina.

El segundo producto es Allu­zience, que en su formulación específica, no tiene albúmina humana, ni conservantes, ni lactosa o proteínas derivadas de animales, lo que la convierte en apta para personas alérgicas o intolerantes al huevo o la lactosa. Incluso, es una opción para veganos. Sus fabricantes afirman que sus efectos se notan más rápido, entre 24 y 48 horas tras su suministro, con resultados más predecibles que duran hasta seis meses.

Por último está Daxxify (Daxinotulintocin A), que ya se comercializa en EE UU, y su tecnología Revance Therapeutics cuenta con la aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés). Este producto, según algunos expertos, tiene un peso molecular menor y va unido a un péptido estabilizador sintético —que hace posible no tener que usar la proteína albúmina humana ni ningún otro producto animal— que produce que la molécula se una fácilmente al lugar donde actúa.

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