Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció el primer paquete de medidas económicas del nuevo gobierno con un mensaje grabado que duró 17 minutos. En ese lapso, el funcionario mileista dejó en claro que su plan es un ajuste brutal que recae -como siempre- sobre las espaldas de los trabajadores, los jubilados y los sectores más vulnerables de la sociedad.
Entre las medidas más polémicas se destacan la devaluación del peso, que llevó el dólar oficial a 800 pesos, el recorte de los subsidios a las tarifas de transporte y servicios públicos, la suspensión de la obra pública, la liberación de los precios de bienes y servicios indispensables. Nada que no haya pasado antes, cuando los liberales conducían la economía de las dictaduras militares durante el siglo pasado.
Estas medidas están muy lejos de ordenar la economía. Por el contrario, provocarán mayor inflación, caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo, aumento de la pobreza y la indigencia. El propio Javier Milei anticipó que se vienen seis meses durísimos, como si no fuera responsabilidad de su gobierno tratar de evitar la colisión. El ajuste de Caputo es una condena a la miseria para millones de argentinos que ya venían sufriendo las consecuencias de un gobierno patético y negligente, como fue el de Alberto Fernández.
Mientras Caputo enciende la motosierra, la Confederación General del Trabajo (CGT) parece haber despertado de su letargo de cuatro años y emitió un duro comunicado. En respuesta a las medidas de Caputo, la central obrera afirmó que no se está frente a un plan económico, sino ante medidas desordenadas que solo buscan beneficiar a los sectores más concentrados de la economía, y que el ajuste lo pagará el pueblo y no la casta.
El ajuste de Caputo es una muestra más de la insensibilidad social de un gobierno que busca que le cierren los números sin pensar en la gente. Lo que es aún peor es la inexistencia de un proyecto por parte del gobierno de Milei para elevar el nivel de vida de los argentinos, que no se merecen este castigo.
El presidente Milei basó su campaña en dos ejes fundamentales en torno a la casta: que tenía miedo y que iba a pagar el ajuste. Nada de eso ha pasado. Lejos de tener miedo, la casta está de fiesta y le tomó el gobierno por asalto al hombre que quería entrar a la política para romper el sistema desde adentro ¿Qué miedo puede tener la casta si sus intereses no se ven afectados por el ajuste?
El ministro Caputo habló mucho, pero se olvidó de decir cosas muy importantes. No dijo en cuánto se iba a bajar el sueldo de los integrantes del gobierno, del primero al último. Tampoco dijo que el Poder Legislativo iba a acompañar el sacrificio de los ciudadanos, ni tampoco dijo que para no causar gastos innecesarios, cada uno se iba a manejar con su propio auto y sin chofer. Podría haberlo dicho, pero no lo dijo.
Tampoco aprovechó el tiempo para hablar de recomposición salarial. El ministro no usó ni medio minuto para explicarles a los argentinos cómo afrontar precios nuevos con salarios viejos. Una vez más los liberales, al mejor estilo Álvaro Alsogaray, nos hablan de “pasar el invierno” pero lo que nunca nos dicen es cuándo llegará la primavera.








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