El columnista invitado
La asunción de Milei

El neomenemismo avanza

El periodista Gustavo Zandonadi. (Foto: NOVA)

Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA

En el 40º aniversario del retorno a la democracia, el menemista Javier Milei asumió la Presidencia de la Nación con un discurso en la explanada del Congreso, muy apagado si se lo compara con el tono de campaña. En su alocución, el primer mandatario no hizo referencia a la corrupción del gobierno saliente y anunció un plan de ajuste drástico para enfrentar la crisis económica y social que atraviesa el país.

Milei no anduvo con eufemismos. Dijo que debido al estado calamitoso de las cuentas públicas, el recorte de gastos no es una opción. El presidente reconoció que se vienen días aciagos para la economía argentina, que "hace más de una década que vivimos en estanflación". El libertario puntualizó que eliminará las regulaciones estatales que obstaculizan el libre mercado, que pondrá fin a la obra pública tal como se la conoce.

Cuando Milei habla de ajuste, está haciendo referencia a lo que se viene a partir de hoy: megadevaluación, despidos masivos en el Estado, aumento de tarifas, privatizaciones, reforma jubilatoria y reforma laboral. En ese sentido, es necesario remarcar que a lo largo de su campaña, el ahora presidente dijo que el ajuste lo iba a hacer con la casta, pero la casta está en su gabinete pactado con Mauricio Macri.

El presidente también lanzó duras críticas al gobierno saliente de Alberto Fernández, al que acusó de dejar la peor herencia de la historia, con hiperinflación, pobreza, desempleo, corrupción e inseguridad, que según Milei son resultado de haberse apartado de las ideas de la libertad. Además, advirtió que su plan económico tendrá un costo social elevado, pero necesario y que la inflación tardará en bajar, por lo menos dos años, por lo que pidió paciencia y apoyo a los argentinos. En buen romance significa que los platos rotos de la crisis los pagará la gente -con salarios de miseria, flexibilización y desocupación- y no la casta (nada que José Martínez de Hoz y Carlos Menem no hayan hecho antes).

La palabra de Milei fue seguida de cerca por una militancia -que no llegaba a ser una multitud, pero se mostraba entusiasmada- que desde muy temprano estaba apostada en las inmediaciones del Congreso. La exposición del flamante presidente fue recibida de buena forma por el núcleo duro mileista que en las primeras filas exhibía cartelera partidaria al mejor estilo peronista.

El eje discursivo de Milei no es nuevo. Otros presidentes que prometieron cambios radicales en el pasado fueron Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. La novedad de Milei está en que se trata del primer presidente que se define abiertamente como liberal -sin que ello sea mala palabra, como lo fue durante la hegemonía kirchnerista- y que no pertenece a ningún partido tradicional.

El tiempo dirá si Milei logrará cumplir sus promesas de retornar a la senda crecimiento económico, o si se convertirá en una nueva decepción para los argentinos. El presidente sabe que se le terminó el tiempo para las palabras y que a partir de hoy tendrá que pasar del discurso a la acción, tratando de evitar que el entusiasmo inicial se pierda, porque a los argentinos les costaría mucho tener que aceptar una nueva frustración.

Un detalle: en su campaña presidencial, Milei decía que una Argentina distinta no es posible con los mismos de siempre. Lo que queda claro es que esos "mismos de siempre" que acompañaron a Macri a la derrota en 2019, hoy lo acompañan a él, quién sabe a dónde...

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