La historia viviente
Momento icónico

A 35 años de la extraña muerte del juez que investigaba el cercenamiento de las manos del cuerpo del General Perón

Auto incinerado y destruido del doctor Jaime Far Suau. (Foto: NOVA)
Blindex que cubría el féretro que guardaban los restos del General Perón, en el panteón de Chacarita. (Foto: NOVA)
Blindex que cubría el féretro que guardaban los restos del General Perón, en el panteón de Chacarita. (Foto: NOVA)
El doctor Far Suau con Nosiglia. (Foto: NOVA)
El doctor Far Suau con Nosiglia. (Foto: NOVA)
Isabelita mostrando cómo le cortaron las manos a sus estatuillas religiosas en Madrid. (Foto: NOVA)
Isabelita mostrando cómo le cortaron las manos a sus estatuillas religiosas en Madrid. (Foto: NOVA)
Isabel visitando el panteón "Tomás Perón" en Chacarita. (Foto: NOVA)
Isabel visitando el panteón "Tomás Perón" en Chacarita. (Foto: NOVA)
El doctor Far Suau en Madrid junto a la viudad del General Perón. (Foto: NOVA)
El doctor Far Suau en Madrid junto a la viudad del General Perón. (Foto: NOVA)
Panteón "Tomás Perón", en el Cementerio de Chacarita. (Foto: NOVA)
Panteón "Tomás Perón", en el Cementerio de Chacarita. (Foto: NOVA)
El cuerpo del General luego del corte de las manos. (Foto: NOVA)
El cuerpo del General luego del corte de las manos. (Foto: NOVA)
La viuda del General Perón. (Foto: NOVA)
La viuda del General Perón. (Foto: NOVA)

Por Diego Mazzieri, abogado, profesor de historia, investigador y ensayista, especial para NOVA

Corría finales del mes de junio de 1987. El cadáver de Juan Domingo Perón había aparecido en su morada, el panteón de su padre Tomás Perón en la Chacarita, profanado y cercenadas sus manos. El juez Jaime Far Suau, debió tener la horrenda y lastimosa tarea (era justicialista), de presenciar la apertura del ataúd y comenzar con las instrucciones.

Ese día todos los testigos relatan que el magistrado permaneció apartado llorando por lo que sus ojos veían mientras trataba de procesar lo que acontece. En mayo de 1988, el juez necesitaba ir a Madrid a entrevistarse con la ex presidente María Estela de Perón, la viuda del General cuyo cuerpo fue profanado.

El estado argentino oportunamente le negó al juez el presupuesto para el viaje, por lo que Far Sau debió costar de su bolsillo.

El ex presidente Raúl Alfonsin incluso, llegó a decir que no podía disponer dinero del Ejecutivo para asuntos judiciales por configurar ello malversación, excusa un tanto extraña por cuanto dos años antes se había dispuesto una abultada partida de dinero para lograr la extradición del ex ministro de Bienestar Social, José López Rega, desde Estados Unidos.

No obstante el juez viajó. La señora de Perón, le confió en esa oportunidad al juez, que Vicente Saadi era enemigo del General y que él sabía demasiado sobre lo acaecido.

Citado Saadi, le dijo al juez "preguntenlé al monje negro" (el minsitro del interior de Alfonsín, Enrique "Coti" Nosiglia). En Casa de Gobierno, el juez y este se encuentran.

Nosiglia "le pide encontrar una salida". Le preguntó cómo quedaría este hecho, "hasta dónde llegarían las responsabilidades. Far Suau, citando a Perón, le dijo: "dentro de la ley todo, fuera de la ley nada".

Nosiglia le dice que se podía llegar a un acuerdo "de modo que hasta aparezcan las manos".

Por ende sabía y mucho donde estaban. Far Suau indignado le dice: "Esta reunión no tiene más sentido entonces". Se levantó y se fue. Esta circunstancia estuvo relatada en un programa especial emitido por canal infinito hace más de un década y media; y fue relatada por el juez Rolando Baños a Jorge Lanata.

Un 22 de noviembre de 1988, hace 31 años, Far Sau volvía de Bariloche tras visitar a su hijo y sufrió un extraño accidente muy mal investigado. Su auto se incendió. Pero el tanque de Nafta estaba intacto y arrojado a metros del vehículo. Los primeros peritos hablaron de un explosivo. Pero nunca se investigó ni se mandó a investigar.

Al día siguiente, encuentran violada la caja fuerte de Far Suau, que contenían los expedientes sobre las manos. Obviamente ya no estaban. Un mes más tarde, el comisario Zunino recibió un balazo en la cabeza.

El comisario Pirker, moría en su despacho extrañamente. Su caja fuerte también fue abierta y robaron su contenido. Un sepulturero de la Chacarita, y una señora que le llevaba flores al General a su tumba diariamente, y que vieron y denunciaron "movimientos" en el panteón, fueron vilmente asesinados.

Toda la ola de crímenes relacionados con la investigación de la profanación de la tumba de Perón aún permanecen impunes.

La cronología del aberrante hecho

El 10 de junio de 1987, cerca de cumplirse trece años del fallecimiento del Teniente General Juan Domingo Perón, se comprobó la violación del panteón familiar “Tomás Perón” en el Cementerio de Chacarita durante el alfonsinismo. El juez que intervino,doctor Jaime Far Suau, comprobó que se habían cercenado las dos manos de su cadáver.

La mano izquierda fue seccionada en el límite inferior de la muñeca, primera línea del hueso carpo, mientras que la otra fue cercenada entre el cúbito y el radio. El féretro estaba protegido por una tapa de acero de 170 kilogramos que enmarcaba un vidrio blindado de casi una tonelada de 12 centímetros de espesor, con varias cerraduras de triple combinación cuyas llaves estaban en Casa de Gobierno.

Los profanadores dejaron una carta signada con las palabras “Hermes, IAI y los 13”, lo que clarifica el origen esotérico de los perpetradores de tamaña felonía.

La nota indicaba que los necrófilos tenían en su poder ambas manos, un anillo que estaba integrado a una falange y el sable que estaba sobre el féretro, al tiempo que reclamaban 8 millones de dólares, misma suma de la indemnización años antes otorgada a Perón.

Tiempo después, los profanadores enviaron en prueba de su autenticidad un trozo de papel con pasajes de un poema que escribió la viuda del general Perón el 8 de octubre de 1977, en el natalicio de su marido.

Dicho poema se titulaba “Pensamientos del Alma” y había sido escrito desde el presidio en Azul y entregado en mano a Dorita Perón de Rodríguez, sobrina del General, para que ella lo ubique sobre el féretro que contenía sus restos, trasladado después del golpe de Estado desde la Capilla Nuestra Señora de Luján ubicada en la Quinta de Olivos hacia el panteón familiar de Chacarita.

El cuarteto final del poema decía: “Contemplando desde el cielo/mi figura en tu figura / tomados de nuestras manos/con dulzura no olvidada”. Una parte del poema fue entregado a Vicente Saadi y la otra parte a Carlos Grosso.

El 7 de julio de 1987, el presidente Raúl Alfonsín se comunicó por teléfono con la ex jefa de Estado y le expresó su pesar y le dio garantías de colaboración de la justicia y de la Policía Federal para esclarecer la profanación de la tumba de su marido.

Alfonsín, deslealmente en rigor de verdad, hizo poco por cumplir su promesa: bajo su Gobierno no intervino ni investigó a los servicios de informaciones y miembros de su Gabinete ejercieron presiones contra el propio magistrado que intervenía en la causa para obstaculizar el esclarecimiento del infame hecho.

Así tampoco se dispensó ninguna partida presupuestaria para lograr mayores investigaciones, debiendo el juez Jaime Far Suau, invertir dinero de su propio bolsillo para viajar a Madrid a entrevistarse con la viuda del General cuyo cuerpo fuera profanado. Durante la noche de ese mismo día, Vicente Leónidas Saadi, por entonces titular del Partido Justicialista, leyó un mensaje que según se dijo, fue redacción original de la viuda de Perón.

El mensaje, transmitido por Radio Nacional y por el canal del Estado, entonces ATC (Argentina Televisor a Color), exponía: “A los compatriotas y compañeros peronistas, a apretar los dientes y a contener nuestro dolor para elevar nuestros corazones a Dios y a no dejar desbordar nuestra repugnancia y nuestra justa indignación por este aberrante suceso. Ha sido profanado el cuerpo de un grande y se ha herido el alma de un pueblo. Se ha perturbado el descanso de unos restos venerados para encender la ira de los mansos. Se ha querido provocar y deshonrar para crear un clima de rencor y de infamia”.

El 11 de julio de 1987, El País titulaba la página principal de su sección internacional, informando que la profanación de la tumba de Perón agravó notoriamente el estado de salud de su viuda.

Un parte médico emitido por el doctor José García Peñuela, informaba que la Señora debía guardar absoluto y total reposo, sin perturbaciones psíquicas y que tuvo un agravamiento de la enfermedad de “Graves-Basedow” (hipertiroidismo), no pudiéndose suministrar antitiroideos porque además padecía leucopenia (merma de glóbulos blancos en sangre).

La señora debió suspender un mensaje grabado que quería sea transmitido por las radios argentinas, que expresaba en una parte decía: “No dejan descansar en paz, aún después de la muerte, al hombre que amé y al que le dediqué mi vida entera”.

Su estado de salud tras la profanación del cuerpo de su marido derivó en su traslado de Moreto 3 a la residencia de los Flórez Tascón, quienes la asistieron en todo momento y ayudaron a su recuperación.

El 29 de julio de 1987, brindó los nombres de quienes odiaban y eran enemigos aviesos de Perón, según informó la agencia EFE. Hacia el 20 de agosto de 1989, denunció ante la policía española un extraño suceso acaecido en la Quinta “17 de octubre”: el domicilio había sido violado con el ingreso de desconocidos que robaron un sinnúmero de pertenencias y dejaron un mensaje mafioso, esotérico y propio de servicios de tareas.

Además de desordenar caóticamente la residencia, cercenaron ambas manos de todas las imágenes de Jesucristo halladas en la vivienda. Lo mismo hicieron en muchas fotografías, donde se recortaron pedazos de papel fotográfico donde se representaban las manos de Perón en las imágenes.

A las imágenes de la Virgen María le cercenaron los pechos como hicieran con el cadáver de la señora Eva Perón. Y respecto de María Estela, se cercenaron las imágenes de su rostro y cabeza de todas las fotografías.

La señora declaró oportunamente que había una relación entre estos hechos y la profanación acaecida tiempo antes en el Cementerio de la Chacarita con los restos de su marido.

El 22 de noviembre de 1988, fallecía en un muy extraño episodio automovilístico acontecido en la Ruta 3, el juez que investigaba la causa y que tiempo atrás había puesto dinero de su propio bolsillo para viajar a España a entrevistarse con la viuda de Perón, puesto que el gobierno nacional no le adjudicaba dinero ni presupuesto para el viaje.

El supuesto accidente fue cerca de Coronel Dorrego, al regreso de un viaje familiar a San Carlos de Bariloche, donde el magistrado fue a visitar a su hijo Santiago. Far Suau estaba muy comprometido en investigar y resolver la causa judicial. Tiempo antes de su muerte, atacaron su domicilio ubicado en Martín Fierro al 400 con balaceras. La protección policial del juez había dejado la residencia liberada para el hecho.

Si bien la justicia cerró la causa caratulando al “episodio” automovilístico como un accidente, lo cierto es que ese 22 de noviembre el cuerpo despedazado del juez apareció a veinte metros del auto totalmente incendiado, con la característica de que el tanque de combustible estaba intacto. Las pericias en el lugar de los hechos fueron escasas y poco efectivas para dilucidar la verdad.

La hipótesis del accidente no tenía respaldo fáctico ni evidencia científica determinante. El automóvil Ford Sierra Ghia Blanco, patente 2679 estaba totalmente calcinado y con marcas de soplete. Un amigo del juez de aquellos años, actual magistrado, relató a este autor en el año 2016 que en esa época se había susurrado en los pasillos de Tribunales la existencia de un explosivo plástico en el rodado.

En el hecho automovilístico, falleció inmediatamente el juez y a las pocas horas su pareja, Susana Guaita.

El hijo de Susana, Maximiliano, quien viajaba junto a ellos, testimonió que recuerda que momentos antes del episodio que terminará con la vida del juez un automóvil los pasó sospechosamente y a gran velocidad y que tiempo después escuchó una explosión muy fuerte mientras su mamá le estaba cantando para que se durmiera, momento desde el cual no recuerda más nada.

Maximiliano Guaita salvó su vida de milagro después de una larga recuperación en un nosocomio de Bahía Blanca y está plenamente seguro que Far Suau y su madre fueron víctimas de un homicidio y por eso descarta la versión judicial del accidente.

Por otra parte, el domicilio de su madre fue violentado antes y después de su muerte, donde robaron fotografías y documentación. Lo extraño del caso, es que en circunstancias similares uno de los médicos de mayor confianza de la señora de Perón, fallecía también en un extraño accidente durante la dictadura militar. La causa judicial por la profanación del cadáver de Perón fue cerrada inexplicablemente durante el menemato.

Años después, fue reabierta por el juez Alberto Baños, quien en 1987 era secretario del juzgado de Far Suau. En 1995, María Estela de Perón cuestionó duramente al presidente Carlos Saúl Menem, puesto que él nada había hecho para que se esclarezca el caso.

En 2009, un grupo de tareas ingresó al domicilio del doctor Baños en Adrogué y robaron tres de los expedientes que integraban la causa judicial de la profanación. La causa judicial se vio obstada por varios asesinatos anónimos: al asesinato del doctor Far Suau se sumó la extraña muerte del Comisario Juan Pirker, quien tenía más información sobre los hechos.

Inmediatamente, tras la muerte del comisario, manos anónimas robaron documentación relativa a la causa judicial a manos de la caja fuerte de la comisaría. En abril de 1988, Luis Paulino Lavagno, uno de los tres serenos de la Chacarita, murió asesinado a martillazos por politraumatismos.

El certificado de defunción, decía sin embargo que había muerto naturalmente de un paro cardíaco. Tiempo después asesinaban cruelmente a María del Carmen Melo, una mujer que visitaba diariamente la tumba de Perón y que había visto más de la cuenta respecto de los movimientos del cementerio.

Así también, intentaron asesinar al comisario Edie Zunino, a quien le dispararon en la cabeza pero logró sobrevivir. A pesar de toda la labor realizada por la viuda del General en su carácter de querellante para que se esclarezca la causa, la Cámara del Crimen de la Capital Federal, interrumpió las investigaciones el 15 de febrero de 1991.

Pasó el tiempo, se alternaron gobiernos que se dijeron y se autoproclaman aún hoy peronistas, pero ninguno colaboró con la investigación ni desclasificó los archivos de inteligencia de la época, agregando una cuota más de impunidad a toda esta cómplice desidia.

La pronación del cuerpo de Perón no se detuvo en el cercenamiento de sus manos: en el año 2006, la jueza Marta Ilundain dictaminó que se realizara la prueba de ADN porque una mitómana de nombre Marta Holgado, tuvo la osadía de inventar (sin prueba seria alguna) que era hija de Perón.

La mitomanía patológica de las personas (si es que no existían intereses creados y malas intenciones) pueden ser inimputables. Lo grave es que una jueza haya autorizado semejante aberración que costó el cercenamiento y corte en cuatro pedazos de huesos del fémur del cuerpo del General Perón para la obtención de tres pruebas: la ordenada por la Justicia, en el Primer Centro Argentino de Inmunogenética (Pricai) - Fundación Favaloro; la pericia de parte exigida por la querella entablada por María Estela de Perón en el Laboratorio de Biología Molecular del Centro de Procesos de Córdoba (CEPROCOR); y la encargada por los abogados de Holgado, a cargo del perito Gustavo Penacino, realizada en Inglaterra, Madrid y Argentina.

Lógicamente el resultado de los análisis dio incompatibilidad entre los ADN de la Holgado y del General Perón. Volviendo al tema original de la nota, a 35 años de la muerte de Far Suau, la memoria debe estar presente.

Se cumplió el mandato del premier inglés Winston Churchill: "La caída de Perón es el evento más importante después de la segunda guerra mundial y no se le dará tregua ni cuartel ni en vida, ni aún después de muerto". (Cámara de los Comunes - 1956)

Como cristianos y plagiando a Isabel Perón, podemos desear "que Dios los perdone".

Pero tanta impunidad respecto no solo del delito de profanación, sino también respecto de la gran cantidad de asesinatos correlativos, hacen que el clamor de justicia sea de imperiosa necesidad.

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