Gastronomía
¿Qué comemos hoy?

Un nuevo restó cambia el paradigma de la gastronomía y elige los platos a sus clientes

La cocina en forma de isla es la marca registrada de este lugar.

Casa Isla, en el barrio de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, recrea la sensación de estar en el hogar. Ofrece platos seleccionados por sus dueños y cuenta con un espacio para chefs invitados y para hacer home office

Imaginemos llegar a un restaurante a preguntar libre y abiertamente qué vamos a comer. Como si fuese una situación casera y habitual en la que le consultamos a un amigo o a un conviviente qué habrá de cena tras un día cansador. Pues eso está sucediendo en Casa Isla, un restaurante que hace menos de un mes abrió sus puertas en el barrio porteño de Belgrano.

Este comercio se pensó durante la pandemia con la idea de recrear la comida casera y la particular idiosincrasia de las cocinas del día a día. María Bosch, Pablo Pérez Battaglia y los expertos de Fava Catering le dieron impulso al local, que cuenta con una cocina en forma de isla que se puede ver desde afuera y que es, sin dudas, la marca registrada.

“Veníamos de la pandemia. La gastronomía y los eventos fueron muy golpeados pero aún así empezamos a soñar con algo medio loco y diferente”, cuenta María Bosch, una de las líderes de esta particular iniciativa.

Elegir qué comen los clientes

Bosch recuerda que, tiempo atrás, iba a degustaciones y observaba que a la gente le gustaba probar “un poquito de todo”. De esta manera nació la inquietud por darles el gusto a estos comensales de preferencias variadas que circulaban por eventos y por polos gastronómicos.

Así las cosas, Casa Isla fue pensado bajo un concepto al que denominaron “el no menú”. ¿En qué consiste? “En que nosotros mismos elijamos lo que la gente tiene que comer”, detalla la fundadora. “Esto te ayuda a manejar la estacionalidad de la materia prima ya que no hay necesidad ni obligación de contar con un stock fijo”, añade.

En la planta baja del local está disponible el servicio diario y habitual de un restaurante. De todas formas, allí los clientes pueden acceder a algo más que un desayuno o un almuerzo. Pasada la hora de la merienda y antes de que llegue el momento de la cena, en Casa Isla ofrecen la gastronomía de una instancia del día a la que llaman “tarde-tarde”. “Sería como un after office”, explica Bosch.

“Cuando pensamos en Casa Isla quisimos hacer algo diferente. No quiero que la gente diga que es sólo un restaurante: es un espacio en donde las experiencias que tienen que ver con la gastronomía suceden”, afirma, e introduce otro rasgo identitario del lugar, que es la realización de eventos.

Una casa abierta

En el nivel superior de Casa Isla hay un espacio para 50 personas que está disponible para eventos privados o bien para propuestas exclusivas de los dueños. La cocina está a la vista acompañada de una extensa barra de tragos. En algunos casos las empresas pueden reservar el lugar para sus empleados que, además de trabajar en un contexto diferente, tienen la posibilidad de distenderse cocinando.

Según explican sus fundadores, el piso de arriba “es una casa abierta para que todos los gastronómicos vayan e intervengan”. Con esa libertad asistió recientemente Adrián Teruya, un reconocido chef de comida japonesa que hizo un maridaje con cerveza del país asiático. En 2018 este profesional fundó Teruya Sushi, en Villa Urquiza.

Las posibilidades gastronómicas disponibles son infinitas y varían semana a semana. Sin embargo, hay dos conceptos que rigen a esta particular elección de los dueños: el plato Casa y el plato Isla. Bosch lo explica: “Plato Casa es el plato que de repente podés hacer en tu hogar. Por ejemplo guiso de lentejas con huevo poché o sorrentinos de jamón y queso con manteca de salvia. Suele ser cambiante”. El plato Isla consiste en un tapeo de una o de tres opciones distintas que el chef propone a la vista de los comensales.

El balance

“El lugar está lleno todos los días. Nos sentimos muy contentos con lo que está sucediendo en el barrio porque la gente está feliz y dice que nos estaban esperando”, agradece Bosch a modo de resumen.

Las dos columnas imaginarias que sostienen a Casa Isla son el movimiento y la sensación de estar en casa. “Que las personas estén cómodas como en su hogar y que no se sepa qué va a pasar ni con qué se pueden encontrar”, exclama su dueña con la alegría del deseo cumplido, pero con la certeza de ir por más.

“Por más que coman algo que pueden hacer en su casa, los clientes ponderan mucho los sabores que logramos. Al principio no entendían nada, pero les resultó divertido el concepto. Ahora llegan y preguntan qué comemos hoy”, concluyó Bosch.

Casa Isla está ubicado en Migueletes 715.

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