Panorama Político Nacional
Alguien al final le puso los puntos

Le cantaron la justa a "La Jefa": "Señora, usted también integra este Gobierno"

Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández, Sergio Massa y Silvina Batakis de rodillas ante el altar del Fondo Monetario Internacional (FMI). (Dibujo: NOVA)

El “albertismo” es moderno y progresista. No le importa la realidad, sino su autopercepción de la misma. Por eso Alberto Fernández tiene como referente a Bob Dylan y no a Juan Domingo Perón. Aunque no se atreva a decirlo, aún el Presidente cree en su fuero íntimo que podrá aspirar a la reelección, aunque no podría dar una sola razón para justificarlo.

Nunca consiguió concretar nada, ni siquiera el “albertismo”. Su única “realización” será el hundimiento de la Argentina. Tal es su confusión entre fantasía y realidad, que ahora el entorno presidencial (cada vez más acotado) está convencido de que Alberto fue el gran vencedor de la salida traumática a la crisis interna que generó la renuncia de Martín Guzmán. O, al menos, es lo que le dicen cotidianamente al jefe de Estado, en su escritura diaria del nuevo “Diario de Yrigoyen”.

Cuando asumió Sivina Batakis, la duda que plantearon algunos analistas consistía en precisar si la nueva ministra se recostaría sobre Cristina Fernández de Kirchner o sobre Alberto. Grave error, ya que lo hizo sobre ambos a la vez y, los tres, se arrodillaron ante el FMI.

Las medidas de ajuste que anunció el último lunes significaron la definición de un “guzmanismo recargado”, ya que marcaron la continuidad de las políticas del ministro renunciado llevándolas a un extremo que será difícil de digerir por la base social (o lo que queda de ella) del Frente de Todos.

No resulta casual, entonces, que Jerry Rice, vocero del FMI, felicitara este jueves a la ministra. “Saludamos los esfuerzos para controlar el gasto”, enfatizó. Tras lo cual confirmó que se mantienen sin cambio las metas. La experiencia de nuestra sociedad sabe muy bien adónde nos lleva este tipo de confirmaciones.

“Nuestro staff, incluyendo el representante en Buenos Aires, está en contacto con la ministra y su equipo técnico. Ella reiteró su compromiso para implementar el programa del FMI y los objetivos acordados, y las medidas anunciadas son consistentes con los objetivos del programa para fortalecer la economía y empezar a atacar los grandes desafíos que enfrenta la Argentina”, informó Rice.

Y, por si fuera poco, reiteró: “Específicamente sobre lo que dijo la ministra, saludamos los esfuerzos para controlar el gasto, mejorar la recaudación y la coordinación sobre la deuda pública, así que continuamos comprometidos con la ministra y su equipo para implementar el programa económico de apoyo”.

Días atrás Kristalina Georgieva, el titular para la región, Illan Golfajn, y la ministra Batakis mantuvieron una reunión previa a los anuncios. Y allí la directora del FMI enfatizó: “Necesitamos tener claro que las acciones dolorosas a veces son necesarias para cosechar los beneficios de estas acciones”.

El Gobierno tomó rápida nota y, un par de días después, llegaron los anuncios de Batakis que significaron ponerse de rodillas ante el FMI y el poder financiero, e imponer una arrolladora ofensiva sobre los argentinos que promete instalar el hambre, la exclusión y la violencia de un modo desconocido en nuestro país.

De este modo, la decisión de Alberto y de Cristina de impedir que Sergio Massa tomara el control del gobierno con el desembarco de su “Gabinete económico” y, en cambio, recostarse en la “opción Daniel Scioli” para instrumentar la rendición definitiva del Gobierno argentino, sólo se limitó a beneficiar a algunos y pasar a segundo plano a otros, sin que el resultado del juego varíe. ¿O alguien, en su sano juicio, podría pensar que Martín Redrado en el Ministerio de Economía sería menos insensible que Batakis?

De este modo, el falso interrogante de quién había salido vencedor, si Alberto o Cristina, debe reformularse de otro modo. Los tres grandes jugadores del Frente de Todos están de acuerdo en someterse al FMI. El problema es quién se hará cargo de la violencia social que genera el hambre y la exclusión del pueblo argentino.

Este interrogante tiene su respuesta cantada. Aunque se reúnan y consensuen casi cotidianamente, ni Massa ni Cristina están dispuestos a pagar los costos políticos de esta política criminal que impulsa el Gobierno.

Y no sólo en lo social: Batakis anunció la expropiación de los fondos públicos y semipúblicos para trasladarlos a su control, por lo que en plena carrera electoral los gobernadores e intendentes se quedarán sin fondos, las universidades y organismos públicos y semipúblicos no podrán contratar ni administrar su presupuesto. ¿Y el federalismo? Algo exótico para el FMI y sus servidores locales.

Este jueves, en el marco de las movilizaciones y protestas de todos los componentes del movimiento piquetero (oficialistas y opositores), el dirigente del Polo Obrero le cantó la justa a la vicepresidenta: “Me indigna que hable desde afuera; señora, usted también integra este Gobierno”.

“Nadie puede negar esto, su designación fue por consenso de los tres sectores del oficialismo, que profundiza el camino del ajuste, del ataque a los trabajadores, y que claramente genera una crisis en las propias filas del Frente de Todos”, disparó Eduardo Belliboni.

Y finalmente llamó la atención de la vicepresidenta al resaltar que: “El Gobierno de Alberto es el gobierno de Cristina. Si horadan algo están horadando su propio Gobierno”.

Si bien es el Gobierno de los 3, tanto Cristina como Massa aspiran a continuar con su carrera política. En cambio, para Alberto no hay futuro. Sólo puede aspirar a tratar de llegar al fin de su mandato como “pato rengo”, una empresa cada vez más inasible a medida que su incompetencia y sometimiento se profundizan.

No por casualidad, Daniel Tognetti, un comunicador ultracristinista, reconoció este jueves que: “Yo también estoy decepcionado como Juan Grabois. La militancia mira el piso”. Cualquier votante del Frente de Todos en 2019 podría suscribir esa sentencia.

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