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El Virreinato del Río de la Plata y sus compatriotas africanos

El 1 de agosto de 1776 el rey Carlos III de España firmó la Real Cédula que dio origen al Virreinato del Río de la Plata.

Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA

El 1 de agosto de 1776 el rey Carlos III de España firmó la Real Cédula que dio origen al Virreinato del Río de la Plata.

Con Buenos Aires como capital, era una estructura de 7.000.000 de kilómetros cuadrados, salida a dos océanos y su economía basada en la minería del Alto Perú, la ganadería de la llanura pampeana y la yerba mate de las Misiones Orientales. De su disgregación surgieron las actuales repúblicas sudamericanas de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y la africana Guinea Ecuatorial.

¿Cuáles fueron los motivos de su creación?

La aparición del Virreinato del Río de la Plata dió impulso cultural, económico y social a la zona más postergada del continente americano, al tiempo que relevó a las autoridades del Virreinato del Perú del manejo de los asuntos de su más lejano confín.

Su creación no fue casual: fue pensado como contrapeso del recién independizado Estados Unidos, en la búsqueda de un equilibrio geopolítico y como demostración de fuerza frente a las ambiciones portuguesas de dominar la Banda Oriental del río de la Plata.

No era una colonia al estilo de las británicas, francesas u holandesas. De hecho, la monarquía española puso mucho énfasis en sancionar un paquete de leyes que garantizaban condiciones de respeto a la vida e integridad física de los americanos. Esa legislación además permitió el matrimonio entre españoles y americanos, el acceso a la educación superior en pie de igualdad y el derecho de los criollos a ocupar empleos públicos de relevancia.

La independencia fue una involución

Con su libro “La involución hispanoamericana” el abogado y profesor universitario Julio Carlos González aporta una interesante interpretación histórica desde una perspectiva hispanista. Uno de los pilares en los que sostiene su tesis es en la unidad del otrora imperio español: la península ibérica, las Filipinas, Guinea Ecuatorial y toda casi América, desde Carmen de Patagones hasta California, eran parte de un todo. Había una moneda, una religión y una ley común que hermanaba a todos los españoles, europeos o no.

Según Julio González el 25 de mayo de 1810 fue el primer acto de descomposición de la epopeya española. El imperio balcanizado se convirtió en una veintena de países con una política exterior voluble y una economía primaria, propensa a caer en crisis recurrentes.

Los políticos fueron delineando los países y los poetas escribieron los himnos nacionales. Por último, los historiadores crearon los mitos necesarios para justificar ambos.

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