Opinión
Un nuevo régimen

¿El orden mundial de Putin es solo una enfermiza fantasía chavista?

El mandamás ruso busca poder dominar más allá de las fronteras. (Dibujo: NOVA)

Por Carlos Mendez Thort, especial para NOVA

El tirano proletario ruso de origen tártaro Vladimir Putin, eterno perdedor nato de la Guerra imperialista contra Ucrania, con su economía en ruinas, y ya carente de todo poder de convocatoria, invita ahora a Irán, Turquía y Egipto a unirse junto a China, Bielorrusia, Afghanistán, Corea del Norte, VietNam, Venezuela y a Cuba, lo que todo el mundo considera como un destartalado bloque colonial euroasiático de pobreza antieconómica ampliado a Centro y Sudamérica, que busca que sea liderado por una Rusia vacía de todo contenido potable y atractivo.

Qué diferencia suponen 6 meses de una guerra atascada e imposible de ganar para la autoestima de un líder que ya perdió las 2 terceras partes de sus soldados muertos para nada y con un perfil electoral nulo ante la furia de su propio pueblo ruso contra él.

A medida que la guerra rusa contra Ucrania avanza, Vladimir Putin, el autodenominado conquistador tártaro zarista sucesor de Ageas, Arsaces, Cosroes, Athila, Arpad y Yenkhis Khan, es quien parece estar descendiendo de su alto caballo como la estatua del fantoche del zar Pedro el Grande en el famoso poema de Pushkin, para mezclarse con la hez de la humilde multitud.

El primer papelón epifánico de este nuevo zar Putin Khan se observó el mes pasado en Ashgarabat, capital de la Tartaria del Turkmenistán, antigua república soviética de Asia Central. La nueva imagen se confirmó la semana pasada con una visita a Teherán. La primera novedad fue que Putin estaba dispuesto a realizar visitas oficiales adecuadas en lugar de su habitual estilo relámpago de llegar y salir en pocas horas.

Esta vez no hubo ni rastro de su escritorio de 8 metros de largo para mantener a los interlocutores extranjeros lo más lejos posible de él al estilo imperial zarista de las persecuciones de los pogromos antisemitas de Stalin.

Además, esta vez estaba dispuesto a ir más allá de un mero apretón de manos con sus principales anfitriones, con una parafernalia de tipo Cristina Fernández de Kirchner, y a estrechar las manos de todos los que estuvieran cerca al estilo Antonio Prieto. No llegó a revivir la tradición brezhneviana de besar a los camaradas extranjeros en la boca al peor estilo sifilítico del amanerado sodomita de Lenin, pero sí ofreció cordiales abrazos.

En Ashgarabat, ya sin zapatos de tacón para parecer un poco más alto, el petiso zar Putin Khan recordaba a los tártaros turcomanos a un Tengri rebajado, el dios centroasiático de la cima más alta de la montaña, el que venía a repartir favores al estilo de Néstor "Chirolita" Kirchner.

Su instrumento era una pluma estilográfica con la que firmó varios falsos "acuerdos" vacíos para inyectar incontables miles de millones del dinero devaluado que no tiene en las economías tártaras, ni turcomanas, iraníes, ni de ninguno de todos los otros estados del paupérrimo litoral del Mar Caspio.

Pero eso no fue todo, este zar Putin Khan tenía un nuevo mensaje: la necesidad de que los estados totalitarios se unan para crear un "Nuevo orden mundial multipolar polarizado en Moscú y dirigido por su propio desorden". Lo comercializó como una nueva idea de propaganda vacía, argumentando que se debe permitir a todas las naciones "organizarse y perseguir sus objetivos de la manera que deseen sus propios tiranos para propagar el islam y el marxismo".

Su nueva idea islamo-marxista, por supuesto, no es nueva ni tampoco es ya sostenible. Fue lanzada por primera vez por la diplomacia de Stalin en las primeras etapas de la Guerra Fría, a punto tal que se ha convertido en un cliché trillado desde la caída del Imperio Soviético y la opción de los comunistas chinos y vietnamitas por el capitalismo del dumping disfrazado de tiranía marxista.

En cualquier caso, un sistema político global con más de dos polos opuestos que se alejan del centro liberal capitalista es una receta para asegurar el más desastroso caos. Lo que hoy Putin, y Stalin antes que él, podrían haber considerado es un sistema mundial policéntrico en lugar de multipolar pero nunca lo hicieron porque iba en contra de sus ambiciones imperialistas y coloniales.

En ese caso, el grave problema de este mundo es que desde hace muchos milenios atrás siempre hemos tenido un desastroso sistema mundial policéntrico formado por numerosas agrupaciones y alianzas políticas, económicas y militares, formales o informales.

Durante la Guerra Fría, teníamos del lado pro soviético al hipócrita Movimiento de los No Alineados, que en un momento dado de la Guerra del Vietnam incluía a la mayoría de los miembros de las Naciones Unidas, pero también teníamos la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los países títeres del sangriento Pacto de Varsovia con el terrorismo erpio-montonero de Fidel Castro a la cabeza.

Solo por no mencionar alianzas militares más pequeñas o acuerdos bilaterales de defensa, tales como la antisemítica Liga Árabe pro palestina de Arafat, la inservible y burocrática Organización de Estados Americanos, la sifilítica Unión Africana, las interminables tiranías militares argentinas continuas propias de una oligarquía antisemita criolla sedienta de sangre, la ruinosa Unión Europea y el laborismo fabianista de la Commonwealth Británica. Dirigida por el norteamericano Lyndon Johnson, también formaban parte de un sistema policéntrico caótico e inservible que solo degeneraba a una burocracia internacional cuyos líderes ejecutivos vivían de vacaciones en los paraísos del Caribe, de Suiza y de Hawaii a costa del hambre del pueblo.

Con el tiempo se añadieron otros "Centros de poder vacío": la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), el G-7, más tarde el G-8, finalmente el G-20, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), el inservible Mercosur en Sudamérica y la sidosa Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO).

A todos ellos hay que añadir los "Centros de Burocracia Internacional" creados bajo el liderazgo ruso desde el final de la Guerra Fría, tales como la Comunidad de Estados Independientes, que irónicamente incluye tanto a Rusia como a Ucrania al divino botón, y para colmo lo hace con sede en Minsk, capital de Bielorrusia, la inútil Unión Económica Euroasiática y la vergonzante Organización de Cooperación de Shanghai, además del llamado grupo (BRICS) del que Rusia es un miembro clave y la antisemítica Organización de Cooperación Islámica de la que Rusia es miembro "adjunto" para armar a Irán y a Palestina en contra de Israel.

Si sumamos los miembros de todos esos grupos diplomáticos de la burocracia antisemita contrarios a Israel, tenemos prácticamente la totalidad de los 193 miembros de las Naciones Unidas en un sistema policéntrico que solo sirve para enriquecer a los burócratas diplomáticos que viven como reyes, por ello el zar Putin Khan invita ahora a Irán, Turquía y Egipto a unirse a lo que considera un bloque económico euroasiático ampliado liderado por Rusia, por Venezuela y por Cuba, pero para conseguirlo, está dispuesto a exponer algunas de las contradicciones de su pervertida visión paranoica del mundo propia de su enfermedad mental.

Por ejemplo, de manera enfermiza invadió Ucrania en falsa apariencia para impedir que la (OTAN) "ampliara" su alcance territorial cuando ni siquiera Ucrania ni Bielorrusia pertenecían a la Unión Europea ni a la (NATO), pero ahora está dispuesto a mirar hacia otro lado mientras la traicionera Turquía,arrebata a sus enemigos ancestrales los árabes un trozo de territorio sirio tan grande como Donetsk en Ucrania.

El zar Putin dice que quiere invertir 400 mil millones de dólares en la reactivación de la moribunda industria petrolera iraní lo cual se viene diciendo en Moscú desde que la tiranía islámica de los Ayatollah llegó al poder absoluto en Teheran en 1979 y nunca se hizo nada más que hablar al divino botón. Pero al mismo tiempo el zar Putin está tratando de robarle a Irán la mayor cuota de mercado de petróleo posible, ofreciéndole descuentos en el mercado del petróleo "marrón", especialmente a China.

El devaluado Putin Khan dice que su nuevo e imposible orden mundial permitirá que "cada nación elija su forma de vida por más tiránica que esta sea contra el individualismo egoísta de sus propios habitantes", pero no hace falta decir que su "cada nación" no incluye a Georgia y Ucrania, que ya ha invadido, ni a Moldavia, que planea invadir a continuación, por no hablar de Siria, a donde Rusia y Turquía junto a los tiranos Alauitas bloquean todas las vías para que la Nación Siria elija su propia forma de vida respetando a los católicos melquitas y cristianos ortodoxos del Bosque de Cedros Azules del Syrion Mediterráneo tal como lo hacían bajo el antiguo dominio francés desde la época de Napoleón Bonaparte, es decir, desde 1789 hasta 1948.

En cualquier caso, elegir el modo de vida de uno es ya un derecho garantizado por la ridícula Carta de la burocracia de las Naciones Unidas modificada al divino botón en 1948, 1954, 1962 y 1966. Pero ese derecho no incluye invadir otras naciones para impedirles elegir su modo de vida y apoyar a tiranos títeres del Kremlin como ocurre en VietNam aun hoy.

Este nuevo zar Putin de tacos altos, tan amanerado, besucón y sonriente, afirma que un bloque antioccidental sería capaz de establecer las reglas en la escena mundial a favor de Moscú y en contra del individualismo que él dice combatir.

Opta por olvidar todos los puntos que importan para lograr una paz duradera, en primer lugar, no hay ninguna garantía de que un nuevo bloque anti Occidental bajo el liderazgo de Rusia goce de apoyo popular en las naciones-objetivo de Putin tales como la India, el Pakistán Occidental, desastrado Irán, la siempre traicionera Turquía y el Egipto antisemita, pero en segundo lugar, tanto en términos socio-económicos, como en términos militares, científicos, culturales y de puro atractivo discursivo inútil, Rusia y su único aliado apenas fiable, que es Bielorrusia mientras a Lukaschenko no le dé un infarto mortal debido a su poca salud senil, carecen del poder de seducción necesario para reclamar el liderazgo mundial.

Lo que en su grave enfermedad mental el zar Putin, haciéndose eco de los mulas de Teherán, denomina ahora "la alianza de la arrogancia", formada por Estados Unidos, toda la Unión Europea pensante, Japón, Gran Bretaña, Canadá y otras 2 docenas de países, desde México hasta Taiwán, o Corea del Sur y Australia, representa más del 55 por ciento del producto interior bruto (PIB) mundial, mientras que un inservible de 1,8 billones de dólares sitúa a Rusia justo detrás de Corea del Sur y por delante de Irán por poco, ya que, de las 500 mayores empresas del mundo, más de 180 tienen su sede en la Unión Europea, mientras que en Rusia y en la Argentina sólo hay 2, ambas empresas energéticas rusas de propiedad burocrática estatal.

El sistema policéntrico de la posguerra fría no le fue mal a la Rusia de Yeltsin, ya que le ayudó a salir de la falsa pobreza igualitaria de la era soviética y a construir una nueva economía de mercado capaz de ofrecer un mayor nivel de vida, lo cual Putin tilda de individualista.

Pero en busca de una gloria imaginaria, este devaluado zar Putin ha puesto en peligro hasta destruir todos los buenos logros de Rusia de las últimas tres décadas, y ahora que sabe que no tendrá esa gloria, intenta aferrarse a otra fantasía demencial aún más enfermiza que es un nuevo orden mundial hecho en el Kremlin para favorecer a los diplomáticos burócratas de la miseria humana.

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