Política
Perdido como turco en la neblina

Urgente un GPS para Máximo, quien sigue recalculando...

El líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, cada vez con menos aliados. (Dibujo: NOVA)

Últimamente no parecen salirle bien las cosas a Máximo Kirchner. Si bien sus méritos nunca fueron muchos, ya que sus logros dependieron siempre de la lapicera de su madre, ahora su organización, La Cámpora, no sólo sigue siendo la más desacreditada y odiada entre propios y extraños, sino que también debe resistir los ataques y respuestas de quienes en el pasado se disciplinaban y callaban.

Después de la derrota electoral del año pasado, con un escenario trágico para el 2023, Máximo debió archivar el plan de expansión territorial de La Cámpora por la Provincia de Buenos Aires. Y, muy a su pesar, debió volver a convocar a los barones bonaerenses -esos mismos que pretendía destruir- para no perder todo.

En lugar de potenciarlo, su pelea absurda con Alberto Fernández y su paso por la Presidencia del Bloque de Diputados del Frente de Todos lo debilitaron. “Ningún peronista deja su cargo si no es saliendo con los dos pies para adelante”, le recordaron. Y el salió caminando…

En su entorno aseguran que los tiempos de los caprichos y rebeldías contra su madre concluyeron. Ahora ambos han tenido que terminar cerrando acuerdos con los mismos intendentes que planeaban destruir y con la Liga de Gobernadores a la que siempre detestaron pero que nunca pudieron desplazar. Al fin y al cabo, los gobernadores y los intendentes son los “dueños de los votos”. A punto tal que Cristina salió a confrontar con el Movimiento Evita por el manejo de los planes sociales, para tratar de adjudicárselo a los jefes municipales. Un gesto que no servirá de nada, seguramente, pero gesto al fin.

Librado a los votos de La Cámpora, Máximo a lo sumo podría aspirar a unas cuantas concejalías municipales. El recambio generacional que se propuso para posicionarse él mismo y sus acólitos de La Cámpora con horizonte en las presidenciales de 2027 quedó destruido. Sobre todo porque no se entiende qué tipo de “recambio generacional” podría intentarse instalando a los “chicos para la liberación”, que ya promedian el medio siglo de vida. Violín en bolsa, Máximo debió retornar a los asados reiterados con los otrora despreciados barones del conurbano, más ricos en calorías que el sushi.

En el único lugar en que consiguió comer un municipio durante la gestión de Alberto Fernández fue en Hurlingham, donde el camporista Damián Scelsi quedó como intendente ante el pedido de licencia de “Juanchi” Zabaleta. Pero de cara a las PASO del año próximo, si el ministro de Desarrollo Social decidiera renunciar a su cartera y retornar a su distrito, se plantea la duda de lo que podría suceder. ¿Cómo se leería una eventual derrota de La Cámpora?

Para su pesar, Máximo solo podrá competir en una interna en los distritos donde no gobierna el PJ: José Debandi en Tres de Febrero, y Fernanda Raverta en Mar del Plata. En cambio, La Cámpora corre el riesgo de perder dos de los únicos tres municipios que controla: Mayra Mendoza está en serios problemas judiciales en Quilmes, Iván Villagran también parece estar de salida en Carmen de Areco y el único que parece en condiciones de salvar la ropa es Juan Ustarroz, primo y “hermano de crianza” de Eduardo “Wado” de Pedro, en Mercedes.

Se entiende, pues, que se lo vea de tan pésimo humor. A la lapicera de mamá empieza a acabársele la tinta.

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