Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga y el gobernador que se porrea a media tarde

Tito Rosca, el peor enemigo de Martín Vestiga, y a su vez, su mejor informante. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

“Está bravo el coronavirus, se viene la cuarta ola”, pensé mientras estaba en la puerta del toilette del bar de un hotel platense, mirando la punta de mis zapatos, mientras terminaba de masajearme las manos con alcohol en gel. Al levantar la vista, lo vi venir y ya no lo pude esquivar…

-¡Me encantó Tincho! Me encantó tu notita en NOVA con el chusmerio que te pasé del marido de la concheta.

- ¿Cómo andás che?-, le pregunté con desgano e indisimulable fastidio a Tito Rosca, el ser más nefasto, corrupto y repugnante que parió esta malherida patria, a lo que repliqué: ¿De qué hablás?

- Del Pepe Albistur, que le dijo a una trabajadora del Country Grand Bell que lo había encarado porque le quería recortar el sueldo en la pandemia, que si él era millonario y quería hacer salir champagne de la canilla de su casa era un problema suyo.

-Ahhh sí. Típico de soberbio y mala gente lo de Albistur. No me extrañó de un tipo como él.

En ese mismo momento, desde la imponente puerta de madera de ingreso al hall del céntrico hotel, veo entrar a la despampanante joven amante de un funcionario de la gobernación bonaerense, así que girándome un poco procuré que ella no me viera y yo poder seguirle los pasos.

-Martín, dame bola que estoy apurado y tengo para contarte una que te morís-, me dijo Rosca al notar mi breve distracción con la blonda colega que ya se había sentado en una mesa esperando a alguien.

- Te morís. Es cortita, pero contundente. De fuentes inobjetables, presenciales...

-…

- Axel Kicillof, nuestro gobernador. Joven de semblante chanchero, pilcha planchadita y al cuerpo, siempre mostrándose formal, adusto y serio para la gestión. ¡Todo un Golden Boy!

- ¿Y qué Rosca, una pavada?

- No bolú. Resulta que a puertas cerradas, le gusta más el porro que a Donald Trump la Coca-Cola. Con la excusa de relajar el trabajo, de un impasse, se fuma unos porros tan grandes que le daría asco al propio Manu Chao. Te cuento: cuando era ministro de Economía, en momentos que la Jefatura de Gabinete la comandaba Jorge Capitanich, este lo envió a hacer unos cursos de coaching en medios.

- Es normal capacitarse a ese nivel de responsabilidad como hombre de Estado. No es poco ser ministro de Economía.

- Sí, el tema es que los cursos se los daban en el ex edificio SOMISA, donde funcionan las oficinas de la Jefatura por fuera de la Casa Rosada. Ahí, en un loungue re privado, uno de sus instructores me reveló que varias veces Kicillof se fumaba unas pitadas de marihuana con la excusa de “relajar un poco”, de “bajar un cambio”, a lo que medio se recostaba en un sillón y se quedaba un muy buen rato hablando pavadas, medio lento, para luego seguir la rutina. Ojo, no es que fumaba porro como chancho, pero se daban sus buenas caladas a media tarde de jornada laboral.

- Sí, ahora que lo decís, tiene bastante pinta de fumón el petiso. Es verdad. Bueno, ¡te dejo Tito!-, y aproveché mis cortantes palabras para salir disparando de ahí, para escapar del repugnante sujeto.

Me gusta la lluvia, me gustas tú

Me gusta volver, me gustas tú

Me gusta marihuana, me gustas tú

Me gusta Colombiana, me gustas tú

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