Editorial
¡Nos estrellamos!

Alberto Fernández y la trampa de la burbuja

Mientras la vicemandataria Cristina Fernández de Kirchner le hace creer al Presidente que él es quien conduce las riendas del país, La Cámpora de a poco prepara el terreno del 2023. (Dibujo: NOVA)

El presidente Alberto Fernández se encuentra en el epílogo de su gestión, la cual estuvo repleta de polémicas, descuidos, corrupción y algunas perlas que quedarán para la eternidad. Lo más cómico de todo esto, es que no ha sido su gran culpa, más bien la responsabilidad se la podría destinar a su currículum en un 70 por ciento. Ya que, el restante le corresponde a la vicemandataria Cristina Fernández de Kirchner.

Sin ir más lejos, cada movimiento del “Capitán Beto” ha sido limitado y analizado por “La Jefa”, en virtud de luego “coachear” a su hijo, el legislador Máximo Kirchner, preparándole el terreno electoral del próximo 2023. Sucede que hasta se tomó el tiempo CFK de saber cuándo despegarse del Presidente para no quedar mal y así generarse expectativas dentro del Frente de Todos (FdT), aseverando que los sufragios le destinen su fuerte piso del 30 por ciento nacional.

La Casa Rosada aún habla de manera pausada y viva acerca de lo que acontece en la interna oficialista, como suele visualizarse a veces en el Congreso de la Nación o bien en la Legislatura porteña. En cuanto a la Casa de Gobierno, afirman fuentes oficiales en diálogo con NOVA que “Cristina sabe bien que la gestión del peronismo está terminada y considera que el próximo año será todo de Juntos por el Cambio. Porque los horrores han sido sumamente épicos. Es más, se trabaja solamente para que la imagen negativa no crezca”.

“El desembarco de Daniel Scioli en la gestión de AF es un significado de que quiso en serio tomar el mando, por eso CFK espera el momento exacto para hacerle sentir el rigor de esos actos”, sentenció la fuente anónima a este portal. Y finalizó: “Ella tiene preparados carpetazos contra el ahora ministro de Desarrollo Productivo, porque sabe que ahí hay un alfil para que el peronismo vuelva a sus raíces”.

Gabinete de Energía K

Cuando Alberto Fernández diagramó su gabinete, la asignación de las sillas del área energética fue una tarea de máxima sensibilidad. En el esquema original, el Presidente había nombrado al misionero Sergio Lanziani como secretario de Energía, un “neutral” sin demasiada experiencia que ubicó debajo de Matías Kulfas, por entonces de su riñón.

Con el paso de los meses, el kirchnerismo fue ganando posiciones, en confrontación permanente con Kulfas, primero, y con Martín Guzmán, después. En la administración central, en los entes reguladores y en las empresas estatales, los cargos siempre fueron motivo de disputas de poder.

La familia kirchnerista en Energía combina distintas pertenencias: los cuadros técnicos de La Cámpora se conjugan con economistas cercanos a Axel Kicillof y con funcionarios provenientes de Santa Cruz, los “Pingüinos”. Los viejos hombres de Julio De Vido (que el día uno parecían tener bolilla negra) finalmente obtuvieron algún protagonismo. Todos ellos confluyen en una sola terminal: Cristina Kirchner. Para ella, ese organigrama es sumamente estratégico. Quiere estar constantemente informada e incidir.

A pesar de sus diferentes orígenes, todos los funcionarios kirchneristas enarbolan las recetas aplicadas durante el cristinismo, cuando las tarifas estaban congeladas y el Estado condicionaba las reglas de juego del sector. Pero también tuvieron sus rencillas internas, que derivaron en desplazamientos y ascensos que se mantuvieron bajo perfil.

Cristina Kirchner, que atiende el teléfono a muy pocas personas, tiene diálogo directo con 3 “funcionarios energéticos”: el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo; el interventor del Enargas, Federico Bernal y el titular de YPF, Pablo González.

Sociólogo, investigador del Conicet y de Flacso, Basualdo es hoy el niño mimado de La Cámpora y un sinónimo de la resistencia a la política tarifaria de Fernández. Había sido interventor del ENRE con Cristina Kirchner y volvió a ocupar el cargo con esta gestión. Cuando en agosto de 2020, la secretaría de Energía migró al Ministerio de Economía, Basualdo ascendió a subsecretario de Energía Eléctrica y creció como la contrafigura de Guzmán, que intentó echarlo, sin éxito. Basualdo también habla sin intermediarios con Máximo Kirchner.

Si bien se integró a La Cámpora hace más de una década, a Basualdo no se lo verá con la remera militando en el territorio. Su rol en la “orga” es técnico. De su pelea con Guzmán salió fortalecido y creció en influencia, sin cruzar una palabra con el ministro de Economía. “Se quedó porque representa a un espacio político, pero no es un Devidito”, aclaran en el kirchnerismo.

En la práctica, hoy Basualdo sigue conduciendo el ENRE: dejó en su lugar a otra camporista, María Soledad Manín, y designó a varias personas de su confianza. También en Cammesa fue alineando a los ejecutivos. Fue así que designó a Sebastián Bonetto como gerente general de la compañía que opera el mercado eléctrico mayorista y desplazó a Ariel Kogan (mano derecha del secretario de Energía, Darío Martínez), y al economista Nicolás Kiper (otrora cercano a Kicillof).

La nueva área de influencia de Basualdo es el proyecto del Gasoducto Néstor Kirchner. La obra está bajo la órbita de Agustín Gerez, presidente de Integración Energética Argentina SA (IEASA), la ex Enarsa, ahora rebautizada como Energía Argentina SA. Si bien Gerez viene de Santa Cruz, conformó con La Cámpora una mesa de trabajo muy activa en las últimas semanas para defender la obra. De allí salieron las cartas contra Kulfas. En ese proyecto, las peleas palaciegas y las dilaciones provocaron la renuncia del titular de la Unidad Ejecutora del gasoducto, Antonio Pronsato, un viejo ladero de Julio De Vido que había sido convocado en el verano por su knowhow.

Bernal se referencia en el Instituto Patria. Hace una década, supo ganarse la especial valoración de Cristina Kirchner con la estatización de YPF. Cuando ella anunció la expropiación del 51 por ciento de las acciones a Repsol, exhibió una probeta con “el primer petróleo argentino”. Bernal se había desprendido de esa reliquia familiar para regalársela.

Desde entonces, Cristina Kirchner lo tiene como hombre de consulta en temas energéticos. Él la asesoró durante la gestión de Mauricio Macri y en 2018, él escribió el libro “La estafa del tarifazo”. Coautor junto con el ex ministro de Planificación del libro “Néstor y Cristina Kirchner: planificación y federalismo en acción”, en el primer reparto de cargos del 2019 algunos creían que por esa cercanía a De Vido no recalaría en el gobierno. Pero finalmente asumió como interventor del Enargas.

Bernal hoy no tiene una buena relación con Gerez. Y fue un abierto crítico del PlanGas que Fernández anunció en octubre de 2020 junto a YPF en Vaca Muerta. Su principal impulsor, el subsecretario de Hidrocarburos, Juan José Carbajales, fue desplazado el año pasado

Ante todo lo referido, es propicio dejar en claro que el conductor designado es Alberto Fernández, pero Cristina Kirchner es la oficial quien genera las demandas y todo, porque ante cualquier indicio de libertad por parte del Presidente, se le acorta la correa. Vale recalcar que todo pasa desde la Casa Rosada, como un barco a la deriva. Y el iceberg espera ansioso por destrozar lo que parecía un Gobierno encaminado a desaparecer a la oposición.

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