La columnista invitada
Miradas

Reflexionar más allá de lo obvio

María Eugenia Cossini, especialista en educación emocional, liderazgo, Inteligencias múltiples, pensamiento y comprensión.

Por María Eugenia Cossini, especialista en educación emocional, liderazgo, Inteligencias múltiples, pensamiento y comprensión

Muchas veces tendemos a invisibilizar a una gran parte de los estudiantes. Hay una gran tendencia a mirar de cerca a aquellos que se destacan, ya sea por sus habilidades académicas o deportivas o por ser “conflictivos”. Pero hay otra gran parte de chicos y chicas que simplemente no logran hacer escuchar su voz.

La adolescencia es un momento de falencias emocionales y muchas veces los chicos lo viven de manera trágica. En Estados Unidos, además, hay un nivel de estrés ligado a un sistema educativo totalmente ligado al exitismo que genera en los adolescentes ansiedad y angustia muchas veces desmedida. Un sentimiento de “nada de lo que hago parece alcanzar”.

Todo esto, sumado a potenciales situaciones de destrato o mal trato, es una combinación tremendamente difícil de lidiar para un adolescente.

Cuando hay situaciones como la que recientemente atravesaron en el colegio de Texas, solemos empatizar únicamente con las familias de aquellos que perdieron a un ser querido o que perdieron sus vidas (imposible no hacerlo).

Además, empezamos a hablar de temas políticos como la tenencia libre de armas y nos quedamos es una conversación superficial casi facilista que nos queda cómoda en vez de entender que esto nos invita, nos convoca, nos demanda re-pensar lo que pasa con nuestros adolescentes y con las posibilidades que les damos para visibilizar quiénes son, qué les pasa.

¿Por qué un adolescente de tan solo 18 años necesita agarrar un arma y matar a pequeños para lograr ser visibilizado? ¿Qué pasa que no encuentra otra manera de hacer escuchar su voz? ¿Hasta cuándo vamos a seguir mirando a un costado?

Estados Unidos tiene las mejores investigaciones sobre educación, pero siguen presos de un sistema exitista que no les permite re-pensar qué pasa en verdad con sus jóvenes. Hoy todos hablan de la portación libre de armas y siguen abordando las consecuencias e ignorando las causas profundas.

Hoy es un arma, mañana podría ser un palo, o un incendio. La pregunta entonces no es solo por qué un adolescente consiguió un arma sino también y quizás más importante ¿por qué no encontró otro modo y eligió la violencia para que alguien escuche su voz?.

Triste. Muy triste. Solo hay víctimas en esta historia. Víctimas de un sistema que elige “mirar al costado”.

De ninguna manera esta mirada quiere justificar tan tremendas acciones, sino invitarnos a reflexionar más allá de lo obvio

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