La columnista invitada
Vínculos y parejas

El amor cuesta caro

En la pandemia crecieron un 40 por ciento los usuarios de app de citas como Tinder y elevaron sus ganancias con las funciones Tinder Gold y Tinder plus.

Por Analía Gómez Malacalza, psicóloga clínica egresada de la UBA y periodista con perspectiva de género

Con pautas claras y de acceso gratuito Tinder sigue liderando como la más elegida entre las apps de citas online, según un estudio llevado a cabo en España, liderado por la politóloga Estela Ortiz, autora del libro “Love me, Tinder”.

Como vemos este incipiente paradigma del amor, generó revuelo en el modo de vinculación y rápidamente captó la atención de filósofos, sociólogos, escritores y quien les habla.

La aventura comienza cuando abrimos la app, y leemos: “Desliza. Coincide. Chatea. Usar Tinder es fácil: simplemente desliza a la derecha si te gusta alguien, o a la izquierda si pasas. Cuando alguien te corresponde, ¡es un match! Sin estrés, sin rechazo. ¡Guau! ¿Quién no quisiera poder conocer a otra persona de una forma divertida, sin estrés y sin rechazo? Y así desaparece la gama de grises que puede existir en un bar un viernes por la noche, porque Tinder polariza, desgrana: Es el sí o el no, te gusta o no te gusta, se binariza la lógica y la respuesta”.

No hay marcha atrás, a no ser que se haya contratado la versión paga, Tinder Gold. Función que apunta a los indecisos que dudaron en un perfil, lo rechazan, pero luego quieren dar like y no pueden hacerlo.

Otra función paga es poder ver si a uno le han dado like sin ser visto. Por el estudio que llevan a cabo, en la misma empresa Tinder, han corroborado que estas, por ejemplo, son funciones que los usuarios eligen a menudo y por eso se han convertido en dinero.

Mucho para decir. Estaríamos en la dimensión de un deseo sin objeto, que va y viene, sobre imágenes de no sabemos qué personas, pero con la fantasía de ser sujetos del discurso, en breve en un match. Y sumemos a esto el deseo de ser reconocido.

Este es el ejemplo de muchos que sin poner cuerpo, voz y mirada coquetean con la idea de relacionarse, aunque no existe el encuentro con el otro y finalmente esta acumulación de likes resulta un montón de nada frustrante. Para otros será chatear, y para otros finalmente llegará el encuentro ¿real? Freud sabía bien que nada sencillo es poner en juego nuestro cuerpo, nuestra historia, hablar y escuchar, el mirar y no hacerse mirar, porque vía online se tolera y se fantasea.

Así las cosas, las apps nos harán pagar para espiar, para anunciarnos que siempre a la derecha habrá alguien mejor para elegir, que la media naranja existe, completa y sin imperfecciones.

¿Quién no pagaría al menos por un rato para sentirse deseado y desear? ¿Que buscamos en esa navegación infinita? ¿Ser amados y reconocidos? Aunque todos sabemos que en el mar de likes como en la vida la ilusión del amor es encontrar una aguja en un pajar.

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