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"La Grieta" con los pibes de rehenes en Buenos Aires

El gobernador Axel Kicillof y el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Horacio Rodríguez Larreta. (Dibujo: NOVA)

El conflicto que se desató en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) por la protestas de los estudiantes que tomaron algunos colegios, cruzó la General Paz y se convirtió en el tema en el que, tanto de un lado como del otro de la grieta, intentaron sacar su propio rédito al manifestar su postura. Axel Kicillof no se perdió la oportunidad y hasta mantuvo un encuentro con jóvenes en la Casa de Gobierno.

Está claro que desde un largo tiempo hasta esta parte, las discusiones políticas pasaron a disputarse directamente en la arena de lo ideológico y lo simbólico. Obviamente este caso no fue la excepción y a través de una serie de discursos, cada uno de los protagonistas de la historia sentó sus bases para cautivar a un electorado que todavía está disperso.

Tanto desde el Frente de Todos como desde Juntos por el Cambio cometen exactamente el mismo error: profundizar su núcleo duro en lugar de ampliar el espectro de votantes. Y en cada discusión como la que se presentó en estos últimos días, la secuencia se repite una y otra vez, con mensajes y acciones que solo retroalimentan esa división.

Por el lado de Kicillof, recogió el guante y criticó al gobierno porteño, haciendo foco en Horacio Rodríguez Larreta y su ministra de Educación, Soledad Acuña: “Siempre se hacen los guapos, pero con pibes de 16 años y no con los poderosos”, lanzó el mandatario bonaerense, subiéndose al ring de una pelea a la cual no estaba invitado.

Lejos de mermar sus objeciones, el gobernador redobló la apuesta y afirmó en declaraciones radiales que “en la Ciudad está apareciendo la cuestión del desfinanciamiento y las dificultades en el sistema educativo, que se reflejan en la falta de prioridad que le dieron en la provincia cuando gobernó María Eugenia Vidal y en la Nación con Mauricio Macri”.

Pero, además de las palabras, desde el oficialismo bonaerense buscaron ejecutar un hecho político que se enfrente a la postura de Larreta y compañía. Para ello, acondicionaron el Salón Dorado de la Casa de Gobierno y Kicillof mantuvo un encuentro con decenas de jóvenes pertenecientes al Consejo Consultivo de Estudiantes Secundarios.

La batalla no pasa solamente por lo ideológico, sino también por lo electoral. Mientras Larreta apunta a seguir cautivando un público determinado, radicalizando más sus discursos y corriéndose cada vez más a la derecha apurado por la propia interna de JxC, el ex ministro de Economía apunta a seducir a los más jóvenes que están descontentos con la política.

Un rumor que comenzó a correr

Más allá de lo estrictamente ligado a la discusión por las escuelas, un rumor que incumbe al gobernador comenzó a tomar fuerza en los últimos días. Presuntamente, con el empuje de los intendentes peronistas de la provincia, existiría la posibilidad de que Kicillof trepara hacia Nación para poder competir por la presidencia en el 2023.

Ese sería uno de los motivos por los cuales el mandatario se subió a la pelea de los colegios en CABA, como una forma de emparejarse con Rodríguez Larreta, quien hoy por hoy asoma como el principal candidato a encabezar una posible fórmula de Juntos por el Cambio para las elecciones del próximo año. De todos modos, hay algunas cuestiones que no le terminan de cerrar al entorno del mandatario bonaerense.

Si bien el escenario virtual es una especulación y, obviamente no hay nada confirmado, las pocas expectativas que existen en el Frente de Todos de una eventual victoria a nivel nacional, le ponen un freno a este anhelo ideado por los alcaldes. Incluso, el tema de las PASO forma parte de toda esa misma rosca en la que se intenta vislumbrar la mejor atmósfera posible para el oficialismo.

Naturalmente todo está supeditado a lo que decida hacer Cristina Fernández de Kirchner. En el caso de que la vicepresidenta decida jugar nuevamente, las piezas se reordenarán según la conveniencia y en ese caso Kicillof apostaría por renovar su mandato.

Lo cierto es que, temiendo que puedan perder lo que ya tienen, no son pocos los jefes comunales que ya están acomodando a los suyos, porque los lugares son pocos y los aspirantes son muchos.

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