Gastronomía
Innovación

Surgió una nueva moda para comer al paso, las ventanitas gastronómicas

Entre tantas ventanitas, la que se abre al vino se llama Vina. Su historia empezó en pandemia, cuando Gustavo Sancricca y Luci Guerrero se encontraron con más tiempo libre y decidieron embarcarse en la venta de la bebida que les apasionaba.

La avenida Echeverria, en el tramo que se encuentra debajo de la estación Belgrano C, en pocos meses será conocida como “la calle de las ventanitas gastronómicas”. Es que en esos 100 metros conviven varios locales que hacen su despacho de la ventana a la calle: ni siquiera tienen mesas afuera y los clientes aprovechan los bancos que hay en la peatonal para disfrutar de su pedido.

Entre tantas ventanitas, la que se abre al vino se llama Vina. Su historia empezó en pandemia, cuando Gustavo Sancricca y Luci Guerrero –fotógrafo y diseñadora gráfica– se encontraron con más tiempo libre y decidieron embarcarse en la venta de la bebida que les apasionaba. Les fue muy bien porque se enfocaron en un segmento que despierta mucho interés y demanda, el de los vinos de baja intervención.

“Somos fanáticos del vino y nos basamos en nuestra propia experiencia y en lo que nos cuentan los productores”, cuenta Sancricca.

Con el negocio en crecimiento, se sumó su amigo Sebastián Lahera, quien ya tenía experiencia en gastronomía con Pizza Pony, y juntos empezaron a cranear comida para acompañar los vinos y local a la calle.

“Elegimos la empanada porque es lo que mejor acompaña un vino de acá, evoca nuestra tierra”, explica Lahera. Sin embargo, vale aclarar que en Vina el diálogo entre ambos productos trasciende lo cultural. Los vinos que venden son desnudos, jugo de uva fermentada y embotellada, no mucho más –o no más, según la etiqueta–, y las empanadas también, pocos ingredientes, que llegan de la mano de pequeños productores. La masa es vegana, la elaboran con aceite de oliva y harina de maíz orgánico. La de hongos es imperdible: lleva gírgolas orgánicas, queso sardo, perejil y limón. La de maíz orgánico también se destaca. Pero la reina del minimalismo es la de carne, una variedad a la que se suele agregar un sinfín de ingredientes. En Vina decidieron hacerla simple: lomo desgrasado, comino, cebolla, morrón y ciboulette. No hace falta más.

El vino se sirve en vaso de vidrio y cada día abren tres o cuatro etiquetas para disfrutar. Comprar para llevar también es una buena idea; detrás de esta “ventanita del amor al vino”, hay una afinadísima selección de 30 etiquetas a precio sugerido por los productores. Chinchín.

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