Editorial
Crisis del Frente de Todos

Cristina sacó la escoba y le barrió medio Gabinete a un sumiso y debilitado AF

Cristina Fernández mueve los hilos del poder que debería ejercer Alberto Fernández. (Dibujo: NOVA)

Finalmente, las elecciones primarias le salieron carísimas al presidente Alberto Fernández, que se vio obligado a ceder ante las presiones de Cristina Kirchner y todo el sector camporista que barrió a medio Gabinete de Gobierno el pasado fin de semana.

Recordemos que CFK mostró gestos entre la desazón y la ira en el propio búnker del Frente de Todos, el domingo 12 de septiembre a la noche, cuando por ejemplo saludó fríamente y masticando bronca a la candidata de AF, Victoria Tolosa Paz, lo que era un indicio de la furia desatada a posteriori.

Primero aguardó al día lunes, como ella misma contó, para ver si existía una comunicación de parte del Presidente y si el mandatario a primera hora golpeaba la mesa del Gabinete y limpiaba a sus ministros, algo que no ocurrió y que desde el propio martes se empezó a agitar desde el sector K.

Así fue que Axel Kicillof pidió la renuncia de todo su Gabinete bonaerense, por orden de CFK, luego se filtraron (¿adrede?) los audios de Fernanda Vallejos fulminando al Presidente y, por último, todo se concretó cuando Wado de Pedro y los ministros cristinistas pusieron a disposición su renuncia.

Esta crisis política y de gobernabilidad fue todo el show que montó Cristina Kirchner para marcarle la cancha a un sumiso Alberto Fernández, que aguantó hasta donde pudo y luego, debilitado, cedió para finalmente anunciar cambios en el Gabinete, el viernes a última hora.

Pero eso no fue todo, la carta pública de CFK fue la total muestra de que ella fue quien orquestó todo desde un principio, por si a alguien le quedaban dudas: propuso a Juan Manzur como jefe de Gabinete y así fue complacida, acusó de operador de prensa al vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, y lo sacó del Gobierno para ser reemplazado por Juan Ross.

Además, removieron a Sabina Frederic, de Seguridad, en plena disputa con el ultra K Sergio Berni, que tiene licencia para decir lo que se le antoje con el aval cristinista; también la ligaron de rebote los ministros albertistas Nicolás Trotta, Luis Basterra y el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que fue reubicado como canciller, desplazando al también muy cercano al Presidente, Felipe Solá.

Del ala kirchnerista, el “sacrificio” fue únicamente para Roberto Salvarezza, ex ministro de Ciencia y Tecnología, que fue reemplazado por Daniel Filmus, de quien podría decirse que viene a ser un conciliador entre las partes. También Aníbal Fernández, un hombre con vasta experiencia política, viene a intentar mediar entre Cristina y su amigo Alberto.

Pero lo que no deja de llamar muy fuertemente la atención es que todo este show montado tenía por objetivo, supuestamente, volver a contentar a la gente que está atravesando una pérdida adquisitiva paranormal con una inflación galopante que va lanzando a la pobreza a casi la mitad del país.

Esto significa que los grandes cambios tendrían que haber sido en otras áreas si la idea era buscar nuevas políticas que inyecten dinero en el bolsillo de la gente y pongan en funcionamiento la rueda del consumo, por lo menos hasta noviembre, ya que todo es parche sobre parche y no son soluciones de fondo, reales y concretas, sino en clave electoral.

El ministro de Trabajo sigue siendo el albertista Claudio Moroni; el ministro de Producción sigue siendo el albertista Matías Kulfas; el ministro de Economía sigue siendo el albertista Martín Guzmán, a quien Cristina apoya por su negociación con el Fondo Monetario Internacional. Tampoco hubo cambios en el Banco Central. ¿La secretaria de Comercio Interior sigue siendo Paula Español?

¿Entonces dónde quedó la preocupación de CFK por el retraso salarial, el hambre, la pobreza y la inflación? Lo único cercano a los sectores económicos es la remoción del ministro de Agricultura, donde ahora asumirá un viejo conocido como Julián Domínguez: ¿se reeditan fuertes encontronazos con el campo?

La conclusión es que todo este show mediático fue una demostración de poder político y de quién manda en la Argentina y en la Casa Rosada, un disciplinamiento al propio Presidente de la Nación. Muy lejos quedó la idea de "tomar el toro por las astas" y cambiar el rumbo de la política económica.

¿Cómo se explica que el “mensaje de las urnas” y el descontento popular solo sentenciara cambios en Educación, Seguridad, Ciencia y Tecnología, la Comunicación presidencial o la propia Cancillería? Lo que no significa que no se precisen mejoras en dichas áreas, pero no son de una urgencia real.

La pregunta que surge es qué desató tanto enojo en Cristina si efectivamente los ministros claves en materia económica siguen siendo los mismos. Perder en noviembre significa más trabas para seguir adelante con proyectos legislativos que son fundamentales para el oficialismo, como es el caso de la reforma judicial, entre otros…

Por último, algunos sectores de La Cámpora comienzan a agitar la renuncia de Victoria Tolosa Paz como la primera candidata y que su lugar lo ocupe el “buen ministro”, Daniel Gollán, que tanto en el oficialismo como en la oposición no reniegan de su intachable labor ante la pandemia. Esto sería el puntapié final del derrotero de Alberto ante CFK.

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Polentero  - 
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José María Martoccia  - martocciajosemaria@yahoo.com.ar
Hasta ahora, La viuda negra y vívora ponzoñosa de Cristina Kirchner SEIS (6) la babosa rastrera de Alberto Fernández CERO (o) el pueblo argentino MENOS 10 (- 10). Si vuelven a perder escandalosamente las elecciones en noviembre, dicen le va a pedir que eche de una patada en el o.g.t. de Olivos a Fabiola Yañez y la reemplace por la diputada Fernanda Vellejos . . . Y el pobre Alberto llora porque parece que el pene de madera que comprara la Ministra Vizzoti, se lo puso sin envaselinar
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