Editorial
La otra grieta

Chispazos con la industria y el campo encienden la bronca contra el Gobierno

El presidente Alberto Fernández y una imagen carbonizada por su pésima gestión. (Dibujo: NOVA)

En el inicio del mes, el pasado jueves de 2 septiembre fue una fecha icónica por el Día de la Industria, que volvió a abrir una grieta entre el Gobierno y un importante sector económico como es, justamente, el industrial.

Es que dicha fecha conmemorativa desnudó las diferencias entre la Casa Rosada y la Unión Industrial Argentina (UIA) que, recordemos, realizó un importante acto en una planta de José C. Paz a donde fueron invitadas las autoridades del Gobierno nacional, pero obtuvieron como respuesta un fuerte desplante.

El presidente Alberto Fernández, en plena campaña política y en clave electoral, eligió otro destino: la provincia de Chaco, donde con el gobernador Jorge Capitanich recorrió la planta Palacios Hermanos.

Esto trajo aparejado nuevamente diferencias públicas entre el Gobierno y el sector empresarial, más aún tras el ascenso de Daniel Funes de Rioja a la presidencia de la UIA, luego de ser el vice de la institución.

"La expectativa de la UIA era tener funcionarios como el Presidente en el acto”, se lamentó Funes de Rioja, “pero cuidado con decir que vinieron personas de segunda línea porque para nosotros son nuestros interlocutores directos", agregó en referencia a la presencia del ministro Matías Kulfas.

"Nosotros no queremos grieta en el desarrollo industrial", afirmó el presidente de la UIA y, para bajar los ánimos, reconoció diferencias menores: “En este Gobierno hay una clara vocación industrialista. Los matices son naturales, pero no podemos decir que no hay diálogo”, dijo.

En tono enojadizo, también la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, retó a quienes acusan al Gobierno de ir contra los industriales: “¿Cómo pueden decir una cosa así? ¿Qué significa que estamos en contra del trabajo y de la industria? Ningún Gobierno puede estar en contra de los empresarios", sostuvo.

Pero esto se suma también al enfrentamiento con otro sector económico como es el campo, con el que históricamente han tenido diferencias. Es que el último día de agosto, mediante Boletín Oficial, se prorrogaron hasta fines de octubre las restricciones a la exportación de carne vacuna a un 50 por ciento, lo que volvió a generar otro encontronazo.

A raíz de esto, desde las federaciones rurales ya anticipan diversas medidas de fuerza con un importante paro, tras las elecciones primarias del próximo 12 de septiembre, es decir, en tan solo una semana.

Nuevamente, el Gobierno nacional de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner queda enfrentado a los importantes sectores económicos, como ya es habitual y pareciera ser un “deporte” en la Casa Rosada.

Mientras tanto, desde el Ejecutivo se jactan de una reactivación económica tras la pandemia, pero que está lejos de ser la deseada, en contrapartida con una inflación galopante en ascenso que preocupa notoriamente al sector trabajador.

La última semana también se dio un encuentro entre Alberto Fernández y la cúpula de la CGT donde las relaciones –a priori- parecieran ser más amistosas y donde los líderes sindicales se muestran más complacientes con el Gobierno.

A su llegada a la Casa Rosada, Héctor Daer afirmó –para ser políticamente correcto- que pedirán que las paritarias superen a la inflación, algo que suena bonito y utópico porque nunca es heterogéneo ya que habitualmente son escasos los sectores que logran este cometido: la inmensa mayoría ve cómo su salario pierde capacidad adquisitiva, año tras año, y el 2021 no parece ser la excepción.

Por último, vale reparar en la pésima proyección que llevó a cabo Martín Guzmán: al mes de julio, la suba de precios al consumidor lleva acumulado un 29,1 por ciento y ya es superior a la estimada por el ministro de Economía para todo el 2021, a falta aún de cinco meses. Un panorama desolador.

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