Opinión
Puntos de vista

Debilidad y grandeza del "esprit gaulois"

Eduardo Sanguinetti, filósofo y poeta.

Por Eduardo Sanguinetti, (*) especial para NOVA

El más inextirpable acto de un ser humano, es rechazar el humor de un observador, como lo soy, que trata la burla del comportamiento de una humanidad servil a todo lo que les venden en tienda de accesorios, tan lejana al ascetismo y estoicismo precisos para experimentar una vida en síntesis de pleamar minimalista y alegría vocacional, ineludible para poder opinar de lo que sea como sea.

¿Es buena esta mañana entre todas las mañanas? Estoy perdiendo el poder de distinguir una mañana de otra. En los archivos está instalado el mundo de los animales que se extinguieron con rapidez. Temibles hombres orientales con zapatos de plomo y cráneos de vidrio traman el mundo viral del mañana, un mundo totalmente hecho de deshechos.

Hoy todavía queda tiempo para asistir al entierro de los muertos recientes, mañana no habrá tiempo, puesto que los muertos serán dejados allí mismo donde caen, pero para aquel que derrame una lágrima.

El pasado se alejó a galope tendido... Mañana está todavía más lejos que lo estaba ayer, porque el caballo de ayer se desbocó y los hombres con zapatos de plomo no pueden alcanzarlo. Esta es una mañana tan confusa, que si fuera... no sería.

Toda nuestra vida se extiende en una ininterrumpida mañana, que arranca de la nada cada día. Los seres que en un tiempo he amado, eran blandos y adorables. Todos y cada uno de ellos se desvanecieron, se apagaron tranquila y catastróficamente. No quedó de ellos ni un pedazo, excepto el recuerdo de su resplandor y de su gloria.

Ahora están dentro de mí y mantienen el eje de mi mundo en una constante oscuridad. De esta infinita oscuridad surge una continua mañana que se malgasta en su propia creación... y será historia.

Como un hijo pródigo camino con dorado ocio por la calle de mi juventud ausente. No estoy desilusionado. Todo como imaginé es cambio y transformación. Me veo siendo un cordero, un dócil y suave cordero.

Pero, ¿cuándo ocurrió todo esto, que yo nunca he podido olvidar, a pesar de que ya no existe? Yo era el cordero y me echaron. Yo era el cordero y me convirtieron en un tigre. Nací con un manto de suave lana, me dejaron en paz poco tiempo y enseguida me echaron la garra encima.

Ahora hay un rugido dentro de mí, como un carnaval a toda marcha. Camino por la calle de los primeros dolores con el carnaval a toda marcha. Voy trotando por el camino, derramando las melodías que he aprendido. Soy viajero y aventurero, en mi búsqueda de una salida me pasan cosas.

Y se preguntarán: ¿Dónde está la seguridad?, ¿qué protección pueden inventar que no se haya imaginado ya? Es inútil pensar en la seguridad: no existe ni la más mínima.

El último acto del drama de la humanidad, se cristaliza en una confrontación sin precedentes, con los disidentes, los libres, los verdaderos que abogan por una tierra para todos, los que no adhieren a la estafa y la mentira, nada se hizo a destiempo.

Las autopistas de la web anuncian el porvenir, a pesar de los esfuerzos que se hagan para impedirlo, las redes deciden sobre nuestras vidas, en juego especular: una humarada.

No ignoremos, que desarrollar una simpatía a priori por toda la especie, a pesar de la estupidez humana, incluso por la aparente malicia de los idiotas, tontos, mentirosos, torpes y delincuentes, deviene en una mirada de feroz benevolencia acompañada de un juicio perpetuo en nombre del criterio de la sinceridad y la amplitud de espíritu hacia el ridículo ser humano que, anticipándose a su caída, no le decepciona no ser redimido, a su medida y a su dios que, sin él, no es nada....

Debilidad y grandeza del “esprit gaulois”, sin llegar al extremo de la grosería y la torpeza... Un buen ejemplo nos lo ha entregado Rabelais, Asterix y Obelix.

(*) Filósofo y poeta

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