Editorial
Gobierno incapaz

La inflación, el otro flagelo que les roba la vida a los argentinos

El peso argentino, un bien necesario para la supervivencia que hoy no vale nada. (Dibujo: NOVA)

El 2021 comenzó movido en Argentina, con una característica particular: comenzaron a transparentarse a la perfección todas las mentiras de campaña y pandemia por parte de la gestión de Alberto Fernández.

Mientras el oficialismo intenta destacar el endeble “Plan estratégico de vacunación nacional” -caballito de batalla que se está quedando sin aliento a medida que pierde credibilidad frente a los números reales-, y comienza a enfocarse en las elecciones legislativas, otro flagelo argentino se sigue agravando: la inflación.

Por más distracciones que el Gobierno pretenda dibujar, esta realidad se hace cada vez más palpable al bolsillo de los argentinos. La mentira de los Precios Cuidados, Precios Máximos, IFE, y demás parches destinados a contrarrestar los aumentos exacerbados no hacen más que reafirmar la ineficiencia de la clase dirigente. En las góndolas, está la verdadera posta. Las empresas siguen manejando los hilos del mercado, protegidas por una administración que hace la vista gorda. Y la guita nunca alcanza.

Los pronósticos de los especialistas señalan que este año la inflación oscilará entre el 45 y el 47 por ciento, apenas por debajo de la cifra con la que Mauricio Macri culminó su gobierno, que superó el 50 por ciento. De modo que la frase del ex presidente, tan criticado por su decadente paso por el poder, se cristaliza ahora con otro color, pero similar escenario: “La inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar”, decía el ingeniero devenido mandatario.

Este 2021, los salarios registrarían un nuevo retraso por detrás de la inflación, perdiendo entre cinco y seis puntos: los trabajadores más afortunados alcanzarían incrementos que rondan el 40 por ciento, mientras que otros no llegan a acercarse a ese aumento. Algunos ejemplos: construcción, 35,8 por ciento; estatales (UPCN y ATE), 35; gremios universitarios docentes y no docentes, 35; petroleros: 35; docentes nacionales, 34,6; médicos bonaerenses, 34,4; empleados de comercio, 32; encargados de edificio, 32; informáticos, 30; trabajadores de la carne, 30; bancarios, 29; empleadas domésticas, 28.

Ante este panorama, otro condimento que sumó más angustia y amargura a quienes ven cómo día a día la torta se reparte de modo desigual, fue el aumento del 40 por ciento otorgado a los trabajadores del Congreso la semana pasada. Una medida inoportuna, arbitraria y que escapa a todo esbozo de argumentación.

Con estos datos, queda claro que la mayor parte de la población queda en alarmante desventaja en relación a los precios, que se seguirán ajustando progresivamente, llegando a valores muy lejanos al índice inflacionario proyectado por el Ministerio de Economía en el Presupuesto (29 por ciento).

Un estudio privado realizado en mayo pasado, indica que Argentina quedó en el puesto 175 de 181 en ranking de inflación anual mundial (46.3 por ciento), solo detrás de Irán (49,5), Suriname (50,4), Lebanon (158), Zimbabwe (194), Sudán (341) y Venezuela (3012), naciones sumergidas en profundas crisis políticas, económicas y civiles. Como contracara, hay nada menos que 158 países con inflación anual de un dígito. Seguimos siendo una de las naciones con políticas económicas más desastrosas la historia.

Sin embargo, el gobierno de Alberto Fernández sigue enroscándose en lo que dice la oposición, en su supuesta “obsesión” por el desperdicio de las vacunas de Pfizer, descuidando por completo el fomento al empleo, uno de los pilares que ayudaría a la reconstrucción de un país devastado y al levantamiento de la moral argentina, hoy aplastada por el mal manejo de la economía en plena pandemia. Sería bueno que comenzaran por ahí, en lugar de lanzar tanta medida atada con alambre, populista y capta-votos.

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