Opinión
Punto de vista

Nosotros y ellos

Osvaldo Dameno, dirigente justicialista. (Foto: NOVA)

Por Osvaldo Dameno (*), especial para NOVA

Nosotros somos los peronistas, ellos..

Desde aquel lejano 1ro. de mayo en el que, poco antes de morir, Perón marcó para siempre el rumbo del Movimiento, ha pasado mucha agua bajo el puente. Es necesario reflexionar seriamente sobre todo el proceso.

El ascenso K a la conducción del Gobierno, producto de una serie de circunstancias, como el distanciamiento entre Duhalde y Menem que no pudo superarse pese al buen Gobierno del primero de ellos, que no alcanzó para eclipsar la popularidad del segundo.

La ausencia de un proceso de autocrítica del peronismo desde el 76 al 83, que hubiera arrojado luz, tanto sobre los hechos, como acerca de la reafirmación de nuestros principios rectores, en lo que atañe a la masa de pensamientos doctrinarios archivados sin razón.

Tal carencia resultó decisiva sobre todo ante la no presentación de Duhalde para la presidencia -2003- y la búsqueda de un candidato distinto a Menem, con pocas opciones a mano y apremiado por los tiempos. El tertium genus -K-, cumplió su objetivo electoral pero paradójicamente hirió gravemente al movimiento Nacional y eclipsó a los dos ex presidentes.

Es muy interesante y algún día será estudiado sin la pasión de hoy, el desempeño del kirchnerismo en el poder. Néstor, un político gris, sin carisma ni luces fue ferozmente pragmático y construyó sobre dos pilares, el primero antipolítico: la acumulación de poder por el poder mismo y el segundo ilegal: la apropiación de dinero proveniente de las arcas del Estado.

Desde ese momento no han hecho otra cosa que sincerar su alejamiento del peronismo. Por ignorancia, ineptitud o directamente a sabiendas.

El peronismo se sustenta en los trabajadores, mientras los Gobiernos K alimentaron e hicieron crecer a los llamados movimientos sociales parasitarios y antitrabajo, para aprovechar su informalidad que facilita distintos manejos provechosos, como el clientelismo, ganar la calle y acuerdos crematísticos con dirigentes que no rinden cuentas y muchas veces están en los dos lados del mostrador.

Han tercerizado en estos movimientos la relación indelegable del Gobierno con el pueblo, facilitando desmanejos varios y eludiendo las normas que rigen la actividad estatal.

Por ejemplo replicando el funcionamiento institucional para ignorarlo y accionar en forma paralela (embajada en Venezuela, vacunación en distritos en manos de la oposición)

Asimismo han eliminado la verdad para instalar un relato y mentiras que nunca admiten ningún error, en pos de una seudoideología que fueron construyendo a remezones para cubrir el hecho evidente que utilizan el poder como un fin en sí mismo, todo ello en franca oposición al principio enunciado por Perón acerca de que la primera libertad es la de decir la verdad.

Fueron dejando de lado todos los principios rectores del peronismo, para construir un país de pobres, desempleados, sin educación, con alta concentración de las decisiones casi familiares, y una corrupción que pasó los límites históricos. Ideal para el autoritarismo.

En materia internacional es conocida la tercera posición justicialista, superadora de los imperialismos, imponiendo la visión humana de la política como un medio para un fin social. El bien común está por encima del criterio economicista liberal y la masificación de los sistemas totalitarios.

El sentido de comunidad por sobre el mercado como ideología. La revalorización del hombre en toda su dignidad y libertad por sobre los Gobiernos no democráticos.

Esta posición independiente colide con el tozudo alineamiento K junto a países totalitarios, que desconocen los elementales principios democráticos, en donde creen ver románticas posturas revolucionarias ignorando la falta de derechos y las privaciones de sus pueblos.

Ni hablar de la perpetuidad de los gobernantes generadora de oligarquías dirigenciales como la que tenemos en el país, con el agregado de la tendencia a una monarquía electiva que pulveriza todo lo construido en casi 170 años de vida constitucional en el país.

Al no entender la postura internacional superadora del peronismo, se quedaron con un razonamiento de primates, que nunca pasó de una simple postura antinorteamericana, actuada por Chávez, a quien pretendieron sin éxito suceder en la realización de la declamada patria grande, encorsetada en una ideología con anteojeras, el chavismo regional, con sede en La Habana.

De aquí a entregarse a la órbita de países con regímenes opresivos y antidemocráticos como China, Rusia o Irán, hay un solo paso, que por supuesto dieron con tonada épica.

Esto por el desconocimiento del hecho de que el peronismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana, humanista y de raíces hispánicas y greco latinas, que se funde con la cultura de los pueblos originarios. Entonces necesariamente los hombres no se realizan si la comunidad no lo hace.

En esta comunidad la familia constituye el núcleo primario que estructura la vida social y política, coincidiendo con los principios doctrinarios del cristianismo, con un mensaje proclive a la resolución armoniosa del conflicto social, frente al antagonismo total propuesto por el marxismo.

En lo interno, la falta de fundamento filosófico, los llevó a adoptar posturas opuestas a la grandes mayorías nacionales. Al igual que su modelo de culto, el marxismo -enemigo de la derecha conservadora, promotora de la censura y la represión-, defecciona ante la historia.

No tienen como eje a los trabajadores, su electorado no es el obrero sino las minorías. Étnicas, sexuales, de género, de ordenamiento social como el garantismo, el abolicionismo, el desdén por el esfuerzo y por la educación, los derechos humanos cuyas banderas expropiaron y politizaron, la fascinación que sienten por los presos. Son retrógrados de la peor calaña.

Ellos han tomado las agendas globales, minorías, aborto, género. Participan de un cosmopolitismo liberal, en franca oposición al concepto peronista de justicia social, abarcativo del bien común y de la comunidad organizada.

Han reducido al PJ a una cáscara vacía típica de democracias liberales que dicen combatir. Han separado la sociedad de la política. Han buscado algún sustento en el progresismo. En realidad el capitalismo financiero encontró un nuevo rostro para el progresismo (garantismo, género, DDHH).

El progresismo creó una cultura de la censura y el totalitarismo. No se pueden decir ciertas cosas en este nuevo estadio, construido desde EEUU con Carter e Hillary y la ONU, que considera los reclamos de los colectivos y no la vida o la libertad.

Los progres están alejados de la sociedad que dicen representar, se alimentan de su propio ecosistema ideológico. La izquierda se ha vuelto reaccionaria. Luchaba por la libertad, hoy justifica la censura. Aún manteniendo su antiimperialismo encuentra aliados impensados como las teocracias que voltearon las torres, o Putin que rechaza la homosexualidad. Tolera y hace silencio ante aberraciones de aliados ideológicos, en la relación opresora-oprimida donde la sociedad es la culpable de los ilícitos. Los amigos son impunes.

A veces mencionan la socialdemocracia, que en realidad es el ala izquierda de la burguesía, a la que también dicen combatir. Su viejo y desprestigiado marxismo, ante la imposibilidad de la lucha de clases, se ha reconvertido bajo la forma de un antagonismo social de dos polos: opresores y oprimidos, buscando una democracia "radicalizada" con la que violan la Constitución, las leyes y debilitan las instituciones.

Para ellos el pueblo no existe, se construye. Es una cáscara vacía como el peronismo. Ambos son susceptibles de ser resignificados, con la consiguiente apropiación cultural de sus símbolos. El pueblo son las minorías y el enemigo son los opresores, por lo tanto esta es una democracia de minorías, cuando la esencia de la democracia es el imperio moral de la mayorías como definió Tocqueville.

Caminan hacia un capitalismo de Estado cuyo modelo es China. Se abandonó la política. Esta democracia "radical" es conducida por la nueva oligarquía que son los integrantes del Gobierno, y para consolidarse promueve "un nuevo contrato social", "la renta básica universal", "los derechos civiles", la "diversidad cultural", "la igualdad", "la inclusión", todo convenientemente redefinido.

Sabemos por nuestra formación que no se iguala para abajo y que incluso es sumergir en una identidad abstracta previamente constituida -como la noche, en la que todos los gastos son pardos-. Integrar en cambio significa construir la unidad en la diferencia.

La unidad nacional, la comunidad organizada y la justicia social son los principios sociales, culturales y políticos del peronismo. Nuestra realidad contra la ideología de ellos. No está mal la defensa de las minorías, pero sí la hipocresía de la doble moral.

Desaparece la justicia social confundida con la asistencia, surgen aventureros, se propicia el enfrentamiento en reemplazo del "nosotros", necesario para cualquier proyecto colectivo.

Son la peor versión de la izquierda, porque en un cóctel amargo la combinan con prácticas que la desmerecen aún más, como el sesgo de la organizaciones de derechos humanos, la corrupción, el continuo esmerilamiento de las instituciones más importantes de la República y su probada torpeza, falta de idoneidad y ausencia de un modelo argentino para un proyecto nacional que el peronismo sostiene.

El peronismo afronta una encrucijada que es volver con sus verdades en las manos para ofrecerlas al pueblo argentino. "La mejor manera de defenderse de ellos es no convertirse en lo que ellos son" -Marco Aurelio-.

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