Opinión
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Cafiero, la oveja negra

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Carlo Cafiero (1846-1892) fue un anarquista italiano, amigo cercano de Mijaíl Bakunin y Errico Malatesta durante la segunda mitad del siglo XIX.

Nació en el seno de una familia rica, muy religiosa y aristócrata; muchos miembros de su familia tuvieron cargos públicos, sin embargo, él era considerado la “oveja negra”.

En 1864 se tituló en Derecho y luego emprendió una carrera diplomática. A principios de 1870 vivió en París como huésped del pintor Giuseppe De Nittis, quien lo describió como “un apuesto joven, fascinante para las mujeres”. Luego viajó a Londres, donde mantuvo contactos con la I Internacional y comenzó a militar en las filas revolucionarias.

En dicha ciudad estableció contacto con Marx y Engels, se unió a la Asociación Internacional de los Trabajadores y fue enviado a Italia para difundir el marxismo. Pero allí recibió una fuerte influencia del colectivismo bakunista y el republicanismo de Giuseppe Mazzini.

Restauró la sección antigua de 'L'Internazionale' en Nápoles, con la ayuda de Giuseppe Fanelli, Errico Malatesta, Carmelo Paladino y Emilio Covelli, una organización obrera que había sido prohibida en 1871.

Cafiero pone en marcha un ambicioso plan: intentar construir una casa en Suiza con el dinero recibido de la herencia de sus padres. En esta casa tenía pensado alojar a los revolucionarios pertenecientes a la Internacional que corriesen peligro en sus respectivos países.

El refugio es bautizado con el nombre de "La Baronata". Con esta idea compra una pequeña villa próxima a la frontera italiana, en la que aloja a Bakunin, y quien le había hecho renunciar al socialismo autoritario. Pero el proyecto fracasó rotundamente, y para mediados de 1874, Cafiero había dilapidado casi toda su fortuna. Con el resto del dinero, Cafiero financia algunos pequeños movimientos insurreccionales que no tuvieron demasiada trascendencia internacional.

Compañero inseparable de Malatesta, compartieron las tesis del anarquismo comunista frente al colectivismo. “Nosotros los anarquistas, amigos de la libertad, nos proponemos combatir a los socialistas de Estado con todas nuestras fuerzas. La anarquía, en la actualidad, es una fuerza de ataque; sí, es la guerra a la autoridad, al poder del Estado. En la sociedad futura, la anarquía será la garantía, el obstáculo a la vuelta de cualquier autoridad, y de cualquier orden, de cualquier Estado. Libre el individuo para satisfacer todas sus necesidades, en completa posesión de su personalidad, según sean sus gustos y simpatías, se reunirá con otros individuos para formar grupos y asociaciones; libres las asociaciones, se federarán en el municipio o en el barrio; libres los municipios, pactaran para formar la comarca y la región, y así sucesivamente, hasta unirse libremente toda la Humanidad”.

“No queremos intermediarios; no queremos representantes que acaban por representarse a sí mismos; no queremos moderadores de la igualdad que acaban por ser moderadores de la libertad; no más nuevos Gobiernos: no más Estados, llámense populares o democráticos, revolucionarios o provisionales. No queremos intermediarios y hombres servidores, que acaban siempre por convertirse en verdaderos amos”.

Carlo Cafiero, hombre de pensamiento y acción, pertenecía a la rama de la familia “que no tenía por costumbre quedarse con todos los vueltos”.

(*) Abogada y escritora

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