Opinión
Corrupción y poder

Golpe a la "amigocracia"

Por Javier Barragán, licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Todos nos sorprendimos con la renuncia del entonces Ministro de Salud, Ginés González García, el pasado 19 del corriente mes, a partir del escándalo desatado por las declaraciones radiales de Horacio Verbitsky, quien dijo haber recibido la vacuna por medio de un favor que le hizo el funcionario.

Su renuncia constituyó un golpe a nuestro actual sistema de gobierno, la “amigocracia”.

Es que aunque nuestro país adopte como forma de gobierno a la democracia representativa, eso es lo que dice nuestra Carta Magna, lo que figura en los papeles; usted sabe bien que la “amigocracia” es el concepto fundamental que se constituye en eje rector de nuestro sistema político.

Y sí, como argentinos sabemos que más allá de las instituciones formales existen prácticas arraigadas de clientelismo, nepotismo, corrupción política que encuentra en las ventajas del poder el principal objetivo.

Pero ese no es un problema exclusivamente nuestro. La corrupción es el más anciano de los males políticos: el propio estadista Pericles (495-429 a.C), considerado creador de la democracia, fue acusado de especular con los trabajos de construcción del Partenón, pese a su apodo "el Incorruptible" y de ser considerado "el primer ciudadano de Atenas".

Ya en el Renacimiento, el pensador humanista inglés y patrono de los políticos, Tomás Moro (1478-1535) sentenció que "si el honor fuese rentable, todos serían honorables".

Un caso más actual y diferente, por un asunto que ni siquiera estaba relacionado con un beneficio económico, fue el protagonizado por la ministra alemana para la Educación e Investigación, Annette Schavan. Dimitió en 2013, después de que la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf la despojara de su doctorado tras comprobar que había plagiado partes de su tesis doctoral.

En cualquier parte del mundo seguramente un padre enseñará a sus hijos a hacerse amigos de la maestra y de los directivos escolares, tratará de ser buen vecino en caso de que le convenga y de ser el mejor pariente de ese familiar adinerado.

Pero estamos hablando de lo que el politólogo estadounidense Heidenheimer (1923-2001) calificó como corrupción blanca: es la que considera tolerable la inmensa mayoría de la sociedad, como por ejemplo el beneficiarse de una recomendación de alguien, o permitir que el comerciante no nos otorgue la factura a cambio de una rebaja en el precio del producto.

La corrupción gris sería la que algunos solo rechazan y otros entienden que debe ser castigada. Por ejemplo, la utilización de un despacho público para uso privado, o la adjudicación directa de un contrato al amparo de la ley a una empresa o un amigo que reúne los mismos requisitos que el resto.

Finalmente, la corrupción negra es la que no genera discrepancias en la sociedad y la inmensa mayoría de los sectores sociales coincide en que debe ser castigada. En ella se encuentran prácticas como la que vivimos a partir de que salió a la luz el escándalo del “vacunatorio VIP” en Argentina.

Amigos con derechos

A dos días del escándalo la discusión paso a tratar sobre quiénes se vacunaron y en qué figura/s penal/es encuadrarían las conductas de los implicados.

Justamente, el acrónimo “VIP” nos dice mucho sobre el asunto: descompuesto en palabras quiere decir very important person, es decir, persona muy importante. O sea, nos remite a una clasificación de las personas de más a menos importantes, por fuera de cualquier ideal de igualdad.

Más allá de si esto constituye un incumplimiento de los deberes de funcionario público o una malversación de bienes públicos, la misma palabra nos lleva a pensar lo que recientemente afirmó Vivanco, Director para las Américas de la Organización Human Rights Watch: “en Argentina se violaron los derechos humanos”. Todos los seres humanos por nuestra condición de personas tenemos los mismos derechos, lo que implica la negativa a cualquier posibilidad de discriminación.

Si seguimos el artículo 16 de nuestra Constitución, vemos que reza: "La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas".

El establecimiento de un orden de prelación a la hora de vacunar basado en criterios de amiguismo político es un claro caso de corrupción negra, un extremo inadmisible, aún más cuando atenta contra la salud de las personas excluidas del beneficio, que según protocolos médicos debían vacunarse.

A los amigos no se los deja tirados

En la carta de renuncia, exigida por el Ejecutivo, Ginés González García aclara que las personas vacunadas “pertenecen a los grupos incluidos dentro de la población objetivo de la campaña vigente”.

Atribuye además el origen del escándalo en relación a la vacunación que tuvo lugar en su cartera a una “equivocación” y a una “confusión involuntaria de su secretaría privada” (cuestión contraria a lo que sostiene Verbitsky, quien expresó que su beneficio derivó de una llamada al teléfono personal del ministro, que no sólo estaba al tanto de la situación sino que según el periodista fue quien concedió personalmente el favor).

En la misma línea, el presidente Alberto Fernández expresó en su Twitter que "es público y notorio que he debido tomar una decisión ante un hecho reprochable. Ello es así aun cuando los vacunados estaban en condiciones objetivas de recibir las vacunas. Sin embargo, no puedo dejar de observar que sobre esas personas se ha montado un escenario mediático de escarnio público no quiero avalar con mi silencio semejante proceder. Guardo por Ginés mi sincera gratitud, ha sido una persona fundamental para poner de pie un sistema de salud quebrado".

En primer lugar no se entiende la revalorización de la gestión de González García: si la cuarentena había sido establecida en su momento para no tener que elegir a quién colocar un respirador y a quién no, ahora fue el mismo ministro el involucrado en elegir quién debía recibir o no la vacuna, que al fin y al cabo, es una decisión sobre quién se salva y quién no.

Pero además... en la facultad tenía un profesor que solía decir que los temas aprendidos debíamos ser capaces de explicárselos a un niño, y si el niño no nos entendía, es que algo no era claro en nuestro argumento.

Hágalo usted mismo: intente explicarle a un niño cómo es que el mismo Presidente que pidió la renuncia a su ministro (por montar un vacunatorio VIP), por Twitter revaloriza la figura del funcionario y acusa a los medios de montar un circo mediático contra los implicados.

¿Será que Fernández fue contra su voluntad política al pedir la renuncia al ministro? La amistad es más fuerte que la salud de los compatriotas, o eso parece, porque lo único que faltaría sería que le pida disculpas por Twitter.

¿Qué tan lejos queda Nigeria?

Unos 9.000 kilómetros separan a Argentina de Nigeria... pero esa es la distancia geográfica, ¿Qué hay de la distancia institucional?

La práctica corrupta que resulta más lacerante es la manipulación de productos destinados a salvar vidas humanas, afirma Dora Akunyili, jefa de la Autoridad de Medicamentos de Nigeria, quien descubrió a principios de la década de 2000 que "la adulteración de los medicamentos facilitada por la corrupción mata en masa y todos podemos ser víctimas". Así, relató que las inyecciones de adrenalina utilizadas en su país para revivir el corazón de una persona era solo agua en muchos casos, porque aquella sustancia había sido reemplaza, al igual que las utilizadas en los tratamientos para combatir la malaria, SIDA.

La principal consecuencia de todo este panorama de corruptelas es el sufrimiento humano, en especial el de los pobres del planeta, que ni siquiera pueden abonar para asegurarse servicios de medicina privada.

Conclusión

En el libro ¿Por qué fracasan los países?, de Acemoglu y Robinson (2012),afirma que los países que triunfan son los que tienen instituciones que crean incentivos y oportunidades, es decir, aquellos de instituciones inclusivas. Las prácticas arraigadas de clientelismo, amiguismo y corrupción son verdaderas causas de nuestro retroceso como Nación.

Pero antes de desarrollar instituciones inclusivas, debe cambiar nuestro juicio subjetivo sobre estas prácticas. En 1995, la sociedad sueca quedó conmocionada al conocer que su viceprimera ministra, Mona Sahlin, empleó la tarjeta de crédito aparejada a su cargo para realizar una compra privada, no amparada por la ley, que consistió en dos tabletas de chocolate. El importe total de lo gastado sumó 35 dólares con 12 centavos. Fue obligada a dimitir, expulsada de la actividad pública durante una década, y un año después del suceso escribió un libro solicitando el perdón de sus conciudadanos.

Algo tendrá que ver la ética luterana (que limita la absolución de los pecados a un acto íntimo entre el sujeto y Dios), pero en Suecia los ciudadanos se sienten iguales y el ventajismo ilegal provoca un rechazo generalizado.

Es solo un ejemplo que describe una respuesta de compromiso ético ante comportamientos irregulares, motivada por una exigencia de responsabilidades de los ciudadanos con respecto a sus cargos públicos que contrasta con la realidad de nuestro país. Argentina es justamente el ejemplo contrario, puesto que hoy día ministros pueden corromperse sin que eso le comporte ninguna consecuencia política o judicial.

Al respecto, el diputado nacional Jorge Enríquez presentó una denuncia penal que además de ir contra el ex ministro, avanza contra su reemplazante, Carla Vizzotti. La ministra dijo no estar al tanto de la situación (lo que podría conllevar una responsabilidad por omisión), siendo que en ese entonces ocupaba el cargo de viceministra de Salud.

Para quitarse de encima toda sospecha, su primera medida fue avanzar sobre un plan de transparencia en la vacunación... ¿Transparencia? ¿Luego de que Moyano, Zannini, entre otros tantos fueran vacunados mientras que personas mayores que necesitaban la vacuna no la tienen? ¿Y todo ello sin que ella se enterase?

¿Cómo manejará la cartera que tiene a cargo el cuidado de la salud de todos los argentinos? Lo mismo en cuanto al Presidente, que debe poner mayor atención en el ejercicio del gobierno por parte de sus ministros, sin importar qué relación lo una a ellos.

Al respecto, cabe recordar la frase de Sarmiento quien decía: "Fui designado presidente de la República, no de mis amigos"...

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