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Panorama Político

Clorinda queda en Formosa, aunque hace casi 200 días parece que no

Son casi 200 días que Clorinda lleva bloqueada. Casi 200 días en que son señalados como leprosos. Casi 200 días que pareciera que se han caído del mapa de Formosa. Clorinda dejó de ser Formosa, el clorindense no es formoseño. (Dibujo: NOVA)

Son casi 200 días que Clorinda lleva bloqueada. Casi 200 días en que son señalados como leprosos. Casi 200 días que pareciera que se han caído del mapa de Formosa. Clorinda dejó de ser Formosa, el clorindense no es formoseño. El clorindense es un peligro para sí mismo y, sobre todo, piensan en la Capital sana de Formosa, para el resto.

¿Qué hizo Clorinda para que dé un día para el otro se convirtiera en el cuco? ¿Qué hizo para dejar de ser un importante bastión electoral al que había que cuidar minuciosamente siempre, para pasar a ser una ciudad altamente peligrosa por su nivel de contagio? ¿No hay alternativa más que seguir encerrados? ¿No hay otra vía más que quedarse esperando a ver cómo el resto de la provincia hace vida normal mientras ahí todo es caótico, todo es negativo, todo está rigurosamente controlado?

Esta semana que pasó marcó algo histórico. Una vecina, Miriam Filipini, se disfrazó de preso; y cuando los ministros de Educación, Alberto Zorrilla y el de la Comunidad y Desarrollo Humano (Salud), Aníbal Gómez, fueron a visitar Clorinda con el fin de ordenar todo para el regreso a las aulas y hacer efectiva la entrega de equipamiento para el área de salud; los increpó –o intentó hacerlo- pero fue impedida porque policías, vestidos de civil algunos y sin identificarse la detuvieron. Sí, la detuvieron por intentar querer decirle unas palabras al ministro. Porque se disfrazó de preso (porque es como se sienten los clorindenses desde hace casi 200 días) para preguntarle ¿hasta cuándo?

Sin embargo, la policía de Insfrán actuó con ella como si se tratara del peor criminal. La subieron a la caja de la camioneta –prohibida por Ley Nacional de Tránsito-, y la trasladaron esposada a una comisaría donde permaneció hasta altas horas de la noche. Y donde se hubiese quedado más días si es que la presión social no hacía su papel. Un papel cada vez más preponderante teniendo en cuenta las innumerables violaciones a las libertades que se vinieron cometiendo en esta parte del país desde el comienzo de la pandemia.

¿Y qué dijo el superministro que gusta de dar charlas de tono moralistas desde el poder que le da un micrófono y las cámaras de la red de medios? “Una cosa es expresarse libremente, y otra muy distinta no dejar circular a un ministro”. Y nuevamente cargó contra “los que fogonean estas manifestaciones”. Porque ellos están convencidos que lo hecho hasta entonces con el manejo de la pandemia en Formosa es excelente. Y que las personas son manejables. No creen que un ciudadano común pueda tener opinión formada ante las aberraciones que se cometen en nombre del “cuidado de la salud de los 640 mil formoseños y formoseñas”. Entonces todo es orquestado, todo es armado. Nada es genuino. Cuando no es de la bandera partidaria de ellos, todo es armado.

González: ministro rockstar

Meses atrás, cuando todavía los periodistas de los diferentes medios podían tener voz y presencia en las conferencias de prensa de la Mesa del Covid-19; en una ocasión el ministro de Gobierno, Justicia, Seguridad y Trabajo, Jorge Abel González, en uno de sus tantas alocuciones grandilocuentes dijo “a mí me gusta la poesía, la uso para relajarme del trabajo y también el rock, el buen rock con buena letra; es la combinación perfecta”; y usando la letra de una canción de Los Tipitos, le respondió a un colega al que tildó de mentiroso.

El jueves, 18 de febrero, el rockstar de la Mesa del Covid-19 viajó a Clorinda para escuchar de primera fuente a quienes dice cuidar y lo que quizás pensó serviría para calmar las aguas; o en su divague, incluso habrá sentido que iba a ser recibido cual figura pública respetable; fue todo lo contrario.

Los vecinos lo rodearon y comenzaron a decirle que no tenía corazón, que lo que estaban haciendo con Clorinda era nefasto. Una mujer lo acusó de dejar morir a su esposo y ella no poder viajar para despedirlo. La gente pasaba por el lugar en moto, auto o bicicleta y le profería insultos.

Inmutable el rockstar siguió con su libreto y no dio el brazo a torcer. Dijo que la solución por el momento para Clorinda es seguir esperando. Habrá que ver si la gente cuando tenga que emitir el voto se acordarán de los “años de bonanza” que les brindó Celauro con la anuencia siempre del barbado lagunense; o si pesarán esos casi 200 días de destrato y encierro.

Todos hablan el mismo idioma

Y para cerrar esta semanita convulsionada en el costado norte de la patria. Un nuevo femicidio, el primero del año, se dio en el interior; en Estanislao del Campo. Una docente, Mirna Palma fue asesinada por su ex pareja, un ex policía, Carlos Medina. La mujer había hecho exposiciones en dos oportunidades, pero no fue escuchada por la policía.

La primera palabra que se escuchó en un medio local fue la de la titular de la Secretaría de la Mujer, que, en vez de llevar tranquilidad, generó indignación. Los colectivos feministas salieron disparados a contestarle a la licenciada Angélica García que había dicho con total soltura y como si eso fuera lo más importante, que la víctima “nunca hizo una denuncia” y se centró en criticar solapadamente esa actitud tanto en la víctima como en su entorno; antes que analizar el accionar del femicida y de las instituciones del Estado que no funcionaron.

No se lo perdonaron. Y una de las que habló, en su ámbito privado. Al menos ella pensó que era privado, fue la periodista oficialista, Gabriela Danieri. Quien puso en su cuenta personal de Twitter: “Mi sueño es que la Secretaría de la Mujer tenga perspectiva de género”. Al otro día del polémico tuit, la joven participó de la marcha del #NiUnaMenos en Formosa y que se replicó en todo el país por el femicidio de Úrsula Bahillo.

Ese mismo día, la citaron en el Canal 3 donde estaba desempeñándose; y le comunicaron que por haber criticado a una institución gubernamental no podían seguir sosteniéndose ahí. Además, le “aconsejaron” no hablar, no chistar, no ventilar nada porque “serán muchas las puertas que se te cierren”. Todo esto contado por la misma protagonista, que afortunadamente no se calló.

Las muestras de solidaridad llegaron e inundaron las redes sociales. Llegó el pedido de explicaciones hasta la misma Mesa del Covid-19; y si bien el ministro no dijo nada al respecto. Esa misma tarde, el jueves 18 de febrero; ya Danieri había regresado a su puesto de trabajo “porque todo fue un malentendido”. Un malentendido que, si la joven seguía el consejo de quedarse callada, quizás hoy seguía cesante.

El mensaje quedó claro para todos y todas. En la red de medios de Formosa, los canales que se pagan con los impuestos de todos los ciudadanos; todo el mundo habla el mismo idioma… o no habla. De libertad se trata, de libertad en modo República de Formosa.

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