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Ivan Camaño, ¿candidato popular de la "Tercera Vía"?

Ivan Camaño a los 7 años cuando cantaba en su pueblo.

Cuando la grieta se profundizó en la Argentina, allá por el año 2013, las miradas de la sociedad intentaron identificar a algún candidato que garantizara una tercera opción y que, superando las polarizaciones extremas, fuera capaz de suturar la herida y garantizar condiciones de convivencia razonables entre todos los argentinos.

Si bien hubo varios actores dispuestos a calzarse la toga de la conciliación, como Martín Insaurralde, Margarita Stolbizer o Juan Manuel Urtubey, quien sin dudas consiguió expresar las expectativas del electorado y del empresariado argentino por entonces fue Sergio Massa.

A partir de entonces, el Frente Renovador tuvo un crecimiento constante, pero si bien constituyó un sólido armado compuesto por cuadros políticos y sindicales, no consiguió potenciarse lo suficiente como para convertirse en una opción ganadora en 2015 ni en 2019.

A pesar de las expectativas y de la demanda social de “normalización” de la convivencia política, dos de los actores apuntados –Massa e Insaurralde- terminaron como aliados del kirchnerismo, y los otros dos –Stolbizer y Urtubey-, prácticamente quedaron exiliados de las grandes ligas.

Cuando en 2019 Cristina Fernández anunció su decisión de ungir como candidato presidencial a Alberto Fernández tuvo muy en claro que resultaba indispensable convocar a aquellos sectores de la sociedad que miraban con cierta expectativa a la denominada “mesa de los 4”, compuesta por Miguel Pichetto, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa, a la que posteriormente se acercó fugazmente Roberto Lavagna. Alberto tenía un nombre propio, una bien ganada fama como negociador, había sido el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner y luego uno de los principales críticos de Cristina, y mantenía fluidas relaciones con Héctor Magnetto y el Poder Judicial.

En algún momento se pensó que efectivamente Alberto Fernández podría ser, finalmente, el artífice de la “Tercera Vía”. Durante los meses iniciales de la Cuarentena, en sus célebres apariciones públicas con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, esas expectativas parecieron concretarse, y el presidente llegó a medir cerca del 80 por ciento en las encuestas. Después “pasaron cosas” y su imagen cayó junto con la de toda la dirigencia política, con un panorama electoral cercano que plantea dudas e interrogantes para todos. Del lado de Juntos por el Cambio, la confrontación entre el macrismo y el larretismo, con el ambiguo posicionamiento de la UCR y la ofensiva letal de Lilita Carrió sobre Mauricio Macri, auspician grandes pérdidas en el caudal de votantes de la coalición, sobre todo al no tener una figura convocante para encabezar la lista de la Provincia de Buenos Aires, habida cuenta de la negativa de María Eugenia Vidal a asumir ese rol.

En el Frente de Todas las cosas no son más sencillas. La decisión de Cristina de imponer a Máximo Kirchner como presidente del PJ provincial ha generado muchas reacciones internas –la mayoría solapadas- pero difíciles de evaluar con proyección electoral. Sobre todo, porque la llegada de Máximo Kirchner al PJ anticipa –para la mayoría de los analistas- su candidatura presidencial por el Frente de Todos en 2023. La jugada es arriesgada, ya que puede ser interpretada como una apuesta por la profundización de la grieta, más allá de los méritos como negociador que todos le reconocen al presidente de la bancada de Diputados del Frente de Todos, y lo mismo sucede del otro lado, donde Mauricio Macri y Patricia Bullrich le imponen un endurecimiento en el discurso a Rodríguez Larreta para mantener la unidad, aunque esto signifique una devaluación de su figura como candidato de consenso.

Los encuestadores coinciden en que habrá cierta dispersión de votos hacia terceras opciones –Guillermo Moreno, José Luis Espert, Javier Milei-, pero que ninguna de ellas alcanza –ni por asomo- el potencial del Frente Renovador en 2013. Una de las razones es, justamente, el hecho de que todos están asociados con dos ámbitos de acción bastante desacreditados en la sociedad: la política y el sistema de medios.

Por esta razón, algunas encuestadoras comenzaron a medir otras figuras procedentes de la acción social, que alcanzaron una gran visualización en el marco de la pandemia, cuando multiplicaron sus ya tradicionales acciones de alimentación y de prestación de servicios de asistencia sanitaria y hasta de alojamiento de los más necesitados, en muchos casos sin recibir aportes de los Estados.

Quien más llamó la atención dentro de estos referentes sociales surgidos desde fuera de la política fue Iván Camaño, quien aparece peleando el primer lugar en las preferencias a nivel nacional con Horacio Rodríguez Larreta en las encuestas que lo incluyen como opción. Iván Camaño es músico y referente social. Nacido en Quimilí (Santiago del Estero) en medio de la pobreza más externa, Camaño debió vivir en situación de calle durante bastante tiempo, hasta que consiguió superar ese duro trance gracias a la música, su pasión desde pequeño, tal como lo muestra la foto que encabeza este artículo, tomada a sus 7 años de vida.

A partir de entonces asumió el compromiso de llevar adelante una acción solidaria transformadora, que hoy se ve corporizada en la Asociación Civil Misión-Ar, de la que participan, en funciones clave, reconocidos referentes de la salud, la ciencia, la cultura y el mundo empresarial.

Al preguntarse sobre las razones de esta inesperada aparición dentro de las preferencias de la opinión pública, una de las encuestadoras consigna, a partir de las respuestas recibidas: “Con Iván Camaño la gente trabajadora claramente se siente identificada y su gran apoyo popular viene a decirle basta a las dirigencias políticas partidarias. Camaño no necesita que le cuenten de las necesidades de los pueblos y de la gente postergada y sometida en ellos. Tiene claridad en la historia y el miedo que los lleva a la autodestrucción y a la autopostergacion sistemáticamente cada dos años. Quienes manifiestan su preferencia por el músico santiagueño afirman que no corre detrás de una agenda electoral sino de un plan de construcción y desarrollo social a mediano y largo plazo. También es la comprobación de que el ascenso social es posible sin caer en la dádiva o el asistencialismo, sino a través del esfuerzo y el afán de superación personal”.

Durante la pandemia, Misión-Ar ha desarrollado sueros para el tratamiento del Covid-19, barbijos antivirales en conjunto con el Conicet, el INTI, el INTA y la UNSAM, multiplicó sus comedores y asistencia a centros de salud y rescató a miles de argentinos de las calles.

¿Será el momento en que una nueva alternativa política surja del seno de la sociedad, por mérito propio, y no –como es tradicional- de las alturas exclusivas de la política?

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