Panorama Político Nacional
Se fueron 15 funcionarios

Al papelón de los bancos, se le sumaron las compras con sobreprecios y Alberto Fernández estalló de bronca

Daniel Arroyo se llevó el reto de Alberto Fernández, aunque sigue en su cargo y los platos rotos lo pagaron funcionarios de menor rango. (Dibujo: NOVA)

El primer gran escándalo en el gobierno de Alberto Fernández fue justo en el sector que mejor supo administrar la gestión de Mauricio Macri. Más allá de la crisis galopante en la que dejó al país, el ex presidente supo salvar de críticas impiadosas a una de las funcionarias que más fortalecidas y airosas salió de su penosa administración: Carolina Stanley.

La ministra de Desarrollo Social había logrado un buen entendimiento con algunas organizaciones y hasta incluso ligó elogios de Juan Grabois, el dirigente kirchnerista de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) que hoy defenestra a su reemplazante la misma área, aunque no lo haya mencionado directamente.

El blanco de todas las críticas en los últimos días fue Daniel Arroyo, el ex diputado massista que está cargo de esa misma cartera y que quedó en el ojo de la tormenta por posibles sobreprecios. Lo cierto es que la compra de alimentos realizada fue, por lo menos, polémica y no se condecía con los números que figuraron en el Boletín Oficial.

Algún fusible tenía saltar, y como en este contexto de pandemia y ante la imperiosa necesidad de abroquelarse que tiene el gobierno, Arroyo no terminó siendo el gran responsable de la desprolijidad, sino que por el contrario fueron cerca 15 los funcionarios que dejaron su cargo en el ministerio, los cuales dependían del secretario de Articulación de la Política Social, Gonzalo Calvo, y que habían participado del proceso de compra.

Una situación similar se había vivido la semana pasada donde la organización gubernamental había cometido otro error no forzado a la hora de implementar un operativo eficiente para que los jubilados percibieran sus haberes. Allí no hubo más que reprimenda y el titular de la Anses, Alejandro Vanoli, se salvó de tener que abandonar su cargo, misma suerte que corrió el titular del Banco Central, Miguel Ángel Pesce y demás funcionarios de segunda y tercera línea.

Lo cierto es que estos errores, de a poco van erosionando la imagen de Alberto Fernández, que había llegado a límites históricos superando el 90 por ciento y que de a poco comienza a caer. El estiramiento de la cuarentena hace que muchos hayan perdido la confianza el presidente, sobre todo de aquellos sectores que vieron paralizada sus actividades y por lo tanto la situación económica personal empieza a complicarse.

Si bien resta la confirmación oficial, la intención del gobierno es estirar el confinamiento masivo algunas semanas más. Al mismo tiempo, se descartó la posibilidad de flexibilizar el aislamiento y, por el contrario, fue el propio presidente quien se encargó de confirmar que serán todavía mucho más estrictos los controles en las zonas donde hay transmisión comunitaria.

Desde que apareció la pandemia en Argentina, Fernández tuvo que elegir entre dos opciones: salud o economía. Desde entonces, optó por la primera de ellas mientras intenta por todos los medios posibles hacer equilibrio para que las finanzas de nuestro país no se hundan todavía más, y ese será el gran desafío a partir de ahora.

Mucho se habló de la posibilidad de recaudar, y la idea del Ejecutivo es instaurar un impuesto extraordinario a las grandes riquezas. En algunas entrevistas ya dejó entrever que esa es su idea principal para poder mitigar las millonarias pérdidas que el coronavirus le está generando al Estado, por lo que, en los próximos días, en caso de confirmarse, seguramente se librará una dura batalla con los empresarios a los que alcance esa medida, que hasta ahora es la única que se baraja.

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