Editorial
Polémico proyecto

En crisis, el Gobierno pone su energía en destruir vidas

Ginés González García opina que "no hay dos vidas" para salvar, sino solo la de la madre. (Dibujo: NOVA).

En el contexto de un año nefasto para el Gobierno nacional, que derribó las caretas de un Frente de Todos que, lejos de plantarse con fuerza, terminó tambaleando frente a los obstáculos de la pandemia, resurgió la iniciativa de tratar el tema del aborto en el Congreso.

Una decisión para nada casual. Dada la creciente caída en la imagen de Alberto Fernández y su “equipo”, tras la mentira de la cuarentena sanadora, ¿a qué otra cuestión podía apelar el presidente para remontar su reputación de cara a 2021? Ciertamente, a retomar un tema clave en la agenda nacional -aunque no prioritario en esta crisis- cuyo tratamiento ya experimentó una derrota en 2018 mientras gobernaba el macrismo, y que ahora se convierte en el caballito de batalla del “frente unido” para captar nuevos adherentes al proyecto fracasado que prometió rescatar a la Argentina de la “pesada herencia”.

Concretamente, el debate por la despenalización del aborto comenzará el jueves 10 de diciembre, y se estima que finalizaría el viernes, con la tan ansiada aprobación de la ley por parte del oficialismo, que está desesperado por meterse en el bolsillo a algún sector de la población que le garantice favoritismo electoral en el futuro; en este caso, el que levanta las banderas avalando el asesinato de niños por nacer.

Sin duda, el aborto es una problemática que existe de manera clandestina, y que en caso de aprobarse la ley, pasaría a transparentarse. Pero lo que no están evaluando quienes apoyan este acto criminal, son algunas cuestiones básicas.

En primer lugar, APROBAR y AVALAR la acción de matar a un hijo solo por el hecho de no desearlo, y pasar por alto la falta de permeabilidad de un sistema de salud debilitado, sin recursos, con profesionales que no tienen preparación –ni voluntad ética, en muchos casos- para quitarle la vida a un ser humano. Los médicos fueron formados para salvar vidas, no para exterminarlas. ¿Quién los protege a ellos, frente a la presión de tener que arrancar a un bebé de un vientre?

Ah, cierto que para el “ejemplar” ministro de Salud, Ginés González García, no se trata de embriones, bebés, fetos o vida humana, sino simplemente de un “fenómeno”. ¿Alguien le habrá dicho a la autoridad máxima argentina en materia de salud, que el corazón del ser en gestación comienza a latir 16 días después de la concepción?

Por otro lado, tampoco se contempla el tema cultural. Mientras el Gobierno elige despenalizar en lugar de poner dinero en educación sexual para incrementar la prevención –medida por la cual se debería haber comenzado-, probablemente corramos el riesgo de que muchos “descuidos” sexuales sean “subsanados” concurriendo luego al hospital, apelando al aborto como un método similar a la pastilla del día después. Por supuesto que no es lo mismo aquellas mujeres en condiciones de vulnerabilidad, que no tienen acceso a la información, que aquellas que pertenecen a otros sectores y a pesar de sí ser plenamente conscientes –pero no responsables- de sus actos, tendrían el aval legal para optar por la salida que les solucione la vida a ellas a costa de otro ser humano.

No se trata de un debate de la religión o de la ciencia. Hablamos de un derecho humano, el más esencial: el derecho a la vida. El que está escrito en la Constitución, y que este gobierno insiste en repudiar mientras insta a la población a quedarse en sus casas para “salvar vidas”. Y mientras les otorga la Asignación por Embarazo a las mujeres gestantes. Qué ironía.

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