Editorial
Funeral en Casa Rosada

Necrofilia política: uso y abuso de la imagen de Maradona

El presidente Alberto Fernández quiso llevar agua para su molino durante el funeral de Diego Maradona en la Casa Rosada. Pero el tiro le salió por la culata. (Dibujo: NOVA)

La muerte de Diego Armando Maradona hizo que el gobierno de Alberto Fernández mostrara, una vez más, la hilacha. Pero esta vez, al mundo entero, apropiándose grotescamente del cuerpo del ídolo y de su funeral.

Apenas enterado de la partida del astro futbolístico, el Ejecutivo le ofreció a la familia velar los restos en la Casa Rosada. Desde la tarde del miércoles hasta el final del caótico funeral el jueves -donde no faltaron la represión policial y los cruces entre los funcionarios nacionales y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- miles y miles de personas se agolparon en Plaza de Mayo para despedir al “Diez”.

Pero, ¿cómo? ¿Desapareció el coronavirus? El mismo oficialismo que hasta hace poco se rasgaba las vestiduras cuestionando las manifestaciones opositoras, se encargó de organizar un velatorio multitudinario sin distanciamiento social, con personas amontonándose en los pasillos cerrados de Casa Rosada, y donde muchos no llevaban tapabocas.

En este contexto, el comité de infectólogos que asesora al Gobierno se mostró preocupado por un posible rebrote de Covid 19, en un país que implementó la cuarentena más larga del mundo y en donde desde marzo muchas familias se quedaron sin despedir a sus muertos.

El fallecimiento de Maradona, como la de toda celebridad, cayó en las garras de la política que hizo uso y abuso del sentimiento del pueblo. El gobierno de los Fernández quiso acaparar el momento y disponer del cuerpo en una liturgia partidaria que intentó rememorar el funeral del ex presidente Néstor Kirchner. Pero el tiro le salió por la culata.

Para colmo Rafael Di Zeo, uno de los líderes de la barrabrava de Boca Juniors, logró sortear el estricto control que hubo en la puerta de la Casa Rosada y entrar a despedir al “Diez” junto a sus muchachos. Los efectivos de seguridad le franquearon el paso como si se tratara de un allegado a la familia o de un funcionario de gobierno. Un verdadero papelón.

El velatorio de Maradona dejó dos claras conclusiones: por un lado, la hipocresía de un gobierno que durante ocho meses acusó de “asesino” a todo aquel que rompiera el aislamiento; y, por otro lado, el uso del fallecimiento del astro mundial que no escapó a las reglas de la política nacional. Otra muerte célebre que el peronismo utiliza políticamente.

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