Interior del país
Camino a las urnas

El PJ de Papel o la aventura adolescente del camporismo correntino

El PJ está siendo operado a control remoto, por alguien o algunos, que ni siquiera tienen tiempo y muy pocas ganas, para dedicarse al distrito Corrientes. (Dibujo: NOVA)

Tal como en la serie tan popular, de los ladrones enmascarados de Dalí, conducidos por alguien de afuera, por el “profesor”, el PJ de Papel, versión correntina, está siendo operado a control remoto, por alguien o algunos, que ni siquiera tienen tiempo y muy pocas ganas, para dedicarse al distrito Corrientes.

Antes de un nuevo y supuesto llamado a las internas del Partido Justicialista (sistema democrática del que parece abjurar el pejotismo), distrito Corrientes, tal como no sea hace desde 2009, se habló mucho desde diferentes sectores de generar “consenso”, en relación a la posibilidad de que lo que parecían líneas, agrupaciones o un rejunte de compañeros que poseían una visión diferente de cómo debía o como debe marchar el PJ, aparezcan con una anuencia mutua y por tanto, terminen juntos en un gran consenso peronista. Pero, ¿Qué es lo que consensuan?, ¿acaso estrategias político-tácticas? Lo que llaman consenso en realidad se transforma en contubernio, dado que lo que consensuan, no es ni más ni menos, que los cargos tanto partidarios como salibles, entre grupos facciosos que arrogándose la representatividad total del peronismo, se distribuyen las grillas y por sobre todo las que consideran expectables.

No fue más que una puesta en escena por el diputado nacional José Arnaldo "Pitín" Ruiz Aragón, digitada para consagrar al caballo de la comisaria, quien imita a la perfección el manual de operaciones políticas K. Enconchabó a su mujer y a su hermano, para la repartija de expectativas al puñado de intendentes que tiene bajo manga, en versión inclusiva.

Cada vez son más los que dan cuenta del negocio de ser oposición. De colar lugares salibles, en donde reinarán los familiares directos y amigos del caballo de, más los recursos ingentes que signifiquen campañas electorales onerosas que posibiliten el curso de bienes de dudosa procedencia.

Gracias al invaluable aporte del soldado del coronel formoseño en el poder, el candidato inclusive pretende lavar sus discrecionalidades políticas y pretende mostrarse cómo un democrático de avanzada. Sin embargo, cuando es consultado, sin tener el manual de declaraciones K, derrapa y fuerte. En una de sus expresiones, afirmó sin tapujos que Corrientes necesita una sola cámara legislativa, un subterfugio para reformar la constitución e implementar con ello, el modelo Formosa, el paraíso de los déspotas que tras una pátina democrática, esconde la funcionalidad de un régimen autoritario.

La orgía de prácticas nepotistas, seguramente estarán al orden del día, en un hipotético gobierno K en Corrientes, y nada hace observar que el resto de la correntinidad vea con buenos ojos que se aplique un sistema de tamaña obscenidad.

Por tanto, queda en claro, el negocio político y económico que esconde por detrás una candidatura débil para el afuera pero de puño cerrado para el adentro.

La Cámpora, avanza hacia la fase final del entrismo inaugurado en los ´70. Tal cómo Máximo Kirchner en la provincia de Buenos Aires, en Corrientes, una de las dos provincias que elegirá gobernador, a las atropelladas, pretende, quedarse, sin discusión con el espacio o significante más amplio del peronismo y del pejotismo y por ende de la oposición.

Siquiera el caballo de la comisaria, al mejor estilo “Incitatus” para Calígula, tendrá posibilidad de pensar o reflexionar ante el escenario político.

El precio pagado por ser el ungido, es precisamente el de simplemente obedecer, el de acatar ciegamente, los lineamientos que provienen del instituto patria.

El uso de la fuerza, a nivel metafórico, no es el de las armas, cómo en la serie, sino de la violencia política de imponer y de obligar a encuadres a base de engaños o de mentiras.

En ambos casos, se trata de un robo, en la ficción de dinero, en la realidad política correntina de una posibilidad que no es tal y que solo tiene como finalidad empoderar a un hombre que no piensa ni pregunta en el disparatado deseo de ser para cumplir lo que mandó el otro, o en este caso, la otra.

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