Literarias
Cuento breve

Sugar daddy

El magnífico y esperado encuentro, consistía en verse en un lugar público para tomar un café y tantear el terreno antes de comprometerse a tolerar más de una hora de compañía ingrata. (Dibujos: NOVA)

Por Mariela Battistessa, especial para NOVA

Miró su reloj. Sólo habían pasado veinte minutos.

Lucía había aceptado conocer al que sería “su gran amor”, sólo para complacer la insistencia de su mejor amiga. El supuesto candidato le llevaba unos veinte años, su amiga lo había caracterizado como serio, inteligente y amable.

Debió desconfiar de tantos halagos. Su instinto le advertía que parecía demasiado bonito para ser cierto.

El magnífico y esperado encuentro, consistía en verse en un lugar público para tomar un café y tantear el terreno antes de comprometerse a tolerar más de una hora de compañía ingrata.

Lucía, llegaría unos minutos tarde para detectar al sujeto a la distancia y de ese modo poder decidir si seguiría adelante o no.

-Si tiene aspecto de lunático, paso de largo, le explicaba a su amiga.

Si le parecía fiable, tomaría contacto. Como mínimo tendría que oír la historia de su vida, y siempre podría reírse un rato.

Lucía ya había aprendido a leer “los anuncios”, algunos estaban redactados en clave. Por ejemplo, si dicen cuarenta se debe leer cincuentón, pero si se describe a sí mismo como maduro y centrado, ya llevaría años muerto. Prácticamente ella ya tenía una listita: Inteligente: engreído, Equilibrado: dentista, empleado bancario, Sensible: ha estado casado y aún se resiente o se vuelve maníaco del orden, etc.

Y bien ahí estaba dialogando con el tal “Daniel”, cincuentón y algo creído. Vestía ropa de adolescente exagerando rebeldía, pero a Lucía le llamó la atención su color de pelo, en realidad los pocos que aún conservaba, (parecía que el mismo había oficiado de colorista y había mezclado los restos de tinte de diferentes pomos, para economizar. (El resultado: un rojizo verdoso).

Pero aún más se sorprendió al escuchar las palabras “del Dani”:

-Yo me intereso por mujeres más jóvenes, en general que no lleguen a los treinta años. Me gusta hablar de cosas intrascendentes, me atrae mucho esa vitalidad desmedida y así siento que me obligan estar a ese nivel, ser más vital. Por ejemplo, siempre me anoto en maratones y así soy más divertido. Otra cosa que es súper importante es el hecho de que las jovencitas tienen mejor cuerpo que las veteranas. Mirá, a pesar de que andás por los treinta te ofrezco todo lo que tengo. Moviendo las cejas -provocativa y lascivamente-, le preguntó: -¿Vos ya te anotaste en la próxima carrera de maratón no? ¿Cuántos años tenés? ¿Mmm... o podríamos?

Ella no sabía si reír o llorar. Francamente, lo que más deseaba era arrojarle el vasito descartable de agua helada sobre el regazo. Lástima, no quería desperdiciar el agua.

-Que te mejores, le respondió ella con firmeza, mientras se colgaba el bolso sobre su hombro.

Dio media vuelta y se dirigió a paso decidido hacia la salida.

Lucía creía que a pesar de la existencia natural de la evolución del ser humano, ésta, no lo era para esos especímenes. Estos cincuentones creídos mantienen su interés por mujeres que rondan los veinte años durante toda su vida, mientras que ellas van evolucionando y se sienten atraídas por hombres de su edad.

Al caminar observaba la puesta del sol y pensaba tristemente que como especie humana a veces parecíamos caer hondo. Sintió lástima por Francisco, realmente a lo que pueden aspirar al rodearse de jóvenes de veinte años es a vaciar sus billeteras y contemplar con añoranza sus juventudes de antaño.

Continuará…

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