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Salta: Sáenz se acordó de los pobres y visitó una casa incendiada

“Es la obligación de quienes gobernarnos tratar de resolver los problemas de la gente; la gente necesita que estemos a su lado dándole fuerzas”, dijo Gustavo Sáenz.
Sáenz aseguró “que los vamos a acompañar y ayudar porque perder todo lo que le costó tanto sacrificio es doloroso”.
Sáenz aseguró “que los vamos a acompañar y ayudar porque perder todo lo que le costó tanto sacrificio es doloroso”.

Con vistas a las elecciones, y apuntando al juego que más le gusta, el gobernador salteño realizó una visita a una familia de la zona sudeste de la ciudad que perdieron innumerables bienes tras el incendio que se desató en su vivienda ubicada en el barrio Boulogne Sur Mer de la Capital.

El accidente ocurrió durante la madrugada del viernes último a raíz de un cortocircuito en el cableado eléctrico. Desafortunadamente, la familia que allí habita perdió prácticamente todo. Unos vecinos tomaron la decisión de acoger a los damnificados en su hogar mientras realizan la limpieza y refacciones correspondientes para volver a vivir.

Llamativamente, horas después del trágico momento, quien apareció en la vivienda de calle Nicolás Avellaneda al 300 fue el mismísimo gobernador Gustavo Sáenz. Conmovido, dicen, por la situación decidió llevar soluciones a esta familia. Acompañado por funcionarios de asistencia crítica, y por supuesto el equipo de prensa con cámaras por doquier, Sáenz anunció que realizarían los arreglos en la casa a través del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV).

En el parte oficial del Gobierno difundieron el siguiente mensaje del mandatario: “Es la obligación de quienes gobernarnos tratar de resolver los problemas de la gente; la gente necesita que estemos a su lado dándole fuerzas”, expresó el Gobernador y aseguró “que los vamos a acompañar y ayudar porque perder todo lo que le costó tanto sacrificio es doloroso”.

Sáenz volvió a apelar a aquello que tanto le funcionó durante toda su carrera política, y que mantuvo frizado durante su primer año de gestión. Gustavo Ruberto volvió a palpitar la calle, el barrio, a ensuciarse las botas junto a los vecinos; pero claro, a meses de unas elecciones que podrían cambiar el panorama cómodo que viene manteniendo en el ámbito legislativo en donde, en ambas cámaras provinciales, cuenta con mayoría parlamentaria para sus leyes y proyectos que desee tratar.

Desde su regreso de las playas de la costa atlántica Sáenz buscó las ocasiones para “figurar” nuevamente en la retina de los salteños. Esas retinas que hasta fines del 2020 lo ubicaban con una imagen positiva muy pobre a comparación de las expectativas que se tenía al momento de su asunción. La primera de ellas fue el recibimiento a Kevin Benavides, el salteño campeón en el Rally Dakar que fue llevado en autobomba desde el aeropuerto hasta un Monumento a Güemes repleto de gente. Allí Sáenz se subió, se sacó fotos, y se volvió a bajar.

Muchos defensores del oficialismo aseguran que “si no lo hubiese saludado, lo estarían matando”. Pero lo que olvidan esas personas, obsecuentes del poder de turno, es que Gustavo Sáenz ya había saludado a Benavides. Incluso fue de los primeros en recibirlo en el Aeropuerto Martín Miguel de Güemes. Es decir que, palabras más palabras menos, la presencia del gobernador en el monumento al general fue pura y exclusivamente para figuretear.

Lo mismo ocurrió el viernes en el incendio. Podría haber mandado a sus funcionarios que son quienes, en definitiva, brindarán las respuestas correspondientes. Pero no, decidió ir él también a figurar para las fotos. Ahora, ¿por qué no hizo lo mismo con la familia de calle Zuviría al 1500 cuya vivienda se incendió en la madrugada de año nuevo? ¿Será porque no estaba? ¿Se confirma que estaba fuera de Salta? ¿O simplemente cambió la estrategia?

A Sáenz ya lo conocemos, apela al sentimentalismo y la lástima. Así consiguió votos en 2015 para ser intendente, tras victimizarse con que el romerismo lo quería afuera para que el jefe comunal sea Guillermo Durand Cornejo. Repitió la fórmula en 2017 cuando se peleó con Juan Manuel Urtubey que lo trató de “mendigo” por pedir tantos favores a la gestión de Macri. Gustavo, casi hasta las lágrimas, tomó ese golpe y lo transformó, lástima de por medio, en un arma. Al 2019 llegaba cómodo, sin oponente. Los incidentes y la soberbia lo alejaron de la gente y ahora, urgido de apoyo, busca apelar a los sentimientos de la gente para ayudar a algún candidato en julio o para las nacionales. Memoria salteños, memoria.

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