Interior del país
Capitalizando los logros ajenos

Malas costumbres en Salta: hacer campaña mediante los héroes deportivos

Gustavo Sáenz recibió a Kevin Benavides tras su triunfo en el Dakar.

No se sabe quién lo inició, pero en definitiva es un mecanismo eficiente. El posicionamiento de los políticos y funcionarios a costa del éxito de los ídolos populares es un clásico, y Gustavo Sáenz no pudo evitar la tentación.

El domingo llegó a Salta el nuevo titán provincial, Kevin Benavides, y como no podía ser de otra forma, el recibimiento popular fue enorme. El problema es que estamos en situación de pandemia.

Aún está, tristemente, fresca en la memoria la muerte del ídolo máximo argentino, Diego Armando Maradona. Lamentablemente su muerte se vio teñida de cierto manoseo político y mediático en un momento errado a la hora equivocada. Millones de argentinos se agolparon a las puertas de la Casa Rosada para llorarlo. En un país carente de estrategia de cara a la pandemia, esto fue una locura.

La provincia de Salta no está exenta de la problemática, y aunque a veces necesitamos festejar y aplaudir a aquellos que además de lograr algo por si mismos lo hacen por su pueblo y su gente, el regreso triunfal de Kevin Benavides se dio en un momento de extrema tensión entre la sociedad y el gobierno provincial.

Y es que hace menos de una semana, el COE local anunció multas y sanciones de hasta 150 mil pesos a fiestas privadas y violaciones al protocolo de distanciamiento social. Se retrotrajo el permiso de circulación, y se prohibió la misma de 2 a 6. la Policía de la Provincia trabaja a destajo infraccionando a aquellos que no respeten el distanciamiento social o no usen tapabocas.

Así, lo sucedido el domingo por la noche suena carente de lógica y empatía, y lo peor es que fue organizado por el mismo gobierno provincial. Según un banner publicado en sus propias redes, los organizadores son el Ministerio de Turismo en conjunto con el Ministerio de Seguridad. Esto confirma que desde el gobierno sabían que no estaba correcto lo que se estaba organizando, el logotipo del Gobierno de la Provincia de Salta brilla por su ausencia.

No es la idea criticar a Benavides, él está en otra, acaba de ganar un Dakar y eso no es poca cosa. Su triunfo es quizás hasta titánico, lo logra una sola persona en el mundo, una vez al año. Pura gloria.

Sin embargo, una caravana desde el aeropuerto hasta el monumento a Güemes, una reunión multitudinaria in situ, el gobernador Gustavo Saénz subiéndose a la autobomba para la foto ¿Es acaso ese el mensaje que necesita la sociedad salteña hoy en día? Los salteños tienen una relación de amor y odio con la cuarentena y lo del domingo incrementa la grieta.

Ausencia de protocolo y tomados de las manos, Sáenz le ofreció al pueblo salteño a su campeón, capitalizándolo. Gustavo Sáenz, el mismo que acostumbra a increpar vía satélite a “aquellos irresponsables que no piensan en los viejitos”, hizo uso político de la victoria de Benavides y lo hizo de la peor manera: probando una vez más que su estatus de pertenencia a la clase política, en el vértice superior de la pirámide provincial, le permite hacer lo que los demás no pueden. Es más importante la foto, la campaña y el populismo de jardín de infantes.

Este domingo por la noche, la clase política gobernante demostró una vez más que todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros.

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