Editorial
Cepo al turismo

La venganza será terrible

No poder pagar en cuotas para los argentinos implica no poder viajar. (Dibujo: NOVA)

En una medida poselectoral absolutamente calculada, este jueves por la noche una vez más el Gobierno nacional descargó su furia contra la clase media que no lo apoya al lanzar una bomba que sigue generando resonancia de alto impacto.

El comunicado del Banco Central que informaba la prohibición de las compras en cuotas con tarjetas de crédito de pasajes y servicios de turismo al exterior, como alojamientos, excursiones y alquiler de transporte, entre otras -tanto en forma directa o abonadas a través de agencias de viajes, plataformas web u otros intermediarios- generó indignación generalizada, excepto por supuesto en ese sector de la clase política que intentó justificar la ineficiencia del Ejecutivo con argumentos banales.

La industria turística, la más golpeada -junto a la gastronómica- durante el confinamiento eterno que dispuso Alberto Fernández a causa de la pandemia, que derivó en la quiebra de miles de pymes y negocios, aún no logra asimilar una disposición de este calibre, que lejos de ayudar a la reactivación del sector, lo hunde cada vez más.

La feroz escalada del dólar, que superó los 200 pesos, sumada a la limitación de comprar viajes en cuotas, dejó a la población argentina completamente aislada ya no en sus casas, sino del mundo. Un castigo más a quienes se atreven a cruzar la frontera ya sea en búsqueda de placer o de oportunidades que este país derruido por la mala praxis de una clase dirigente tóxica y enferma ya no otorga. Además de significar una coerción de la libertad personal, lo que no tienen en cuenta -porque no les interesa- es la cantidad de personas que se ven obligadas a viajar por cuestiones de salud o asuntos familiares: niños enfermos que requieren tratamientos para salvar sus vidas, asistencia a familiares que están en el exterior, e incluso compromisos laborales ineludibles.

Sin embargo, el cinismo del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas -cuyo desempeño hasta el momento deja mucho que desear-, le impide ver más allá de su propio y enriquecido ombligo cuando dice: "El que viaja al exterior no es pobre, el que quiere ir que se lo pague". Parece que el señor designado a cargo de una cartera clave que aún no rindió frutos tiene efectivo de sobra para tomarse vuelos pagándolos en modalidad "cash".

Por su parte, a Alberto Fernández no le mueve ni un milímetro la aguja el hecho de que alguien sufra como consecuencia de sus decisiones autoritarias disfrazadas de protección al pueblo y a la economía. De hecho, en 2020 la economía le resbaló completamente cuando decidió “priorizar la salud” de los argentinos obligándolos a un encierro enloquecedor, al punto tal que no hizo nada por impedir que miles de trabajadores cayeran en la ruina tras perder sus empleos por el cierre de empresas en efecto dominó. Pero resulta que ahora la fuga de dólares que no es capaz de dominar, le quita el sueño. Y no encontró mejor manera de frenarla que metiéndose en el bolsillo de cada argentino.

Como no le da la cara para justificar esta medida digna de cualquier país antidemocrático, mandó a hablar a su nueva vocera estrella, la ultrakirchnerista Gabriela Cerruti, capaz de inmolarse por la causa a la cual fue convocada: defender lo indefendible en el marco de este “modelo” nefasto que lleva adelante el Gobierno.

“Todo el mundo viaja y va a poder viajar por placer, por ocio, por cuestiones médicas o por lo que fuera. Obviamente, cuando no puedan pagar ese pasaje en una cuota, lo podrán pagar financiándolo con los diferentes planes que tienen las tarjetas de crédito, que tienen una tasa bastante baja, o con créditos personales”, señaló la figurita de turno. Claro, lo dijo muy suelta de cuerpo luego de haberse pegado un viajecito a Glasgow con plata del Estado, junto a una comitiva cercana a las cien personas, en ocasión de la celebración de la gran cumbre climática. Millones de dólares que el Presidente tiró por la ventana a costa del sudor de todos los argentinos, y que a la vocera no le molestó en lo más mínimo.

Lo que está tratando de explicar Cerruti, mientras disfruta de las mieles del poder, es que una familia de cuatro personas que se esforzó ahorrando los últimos dos años para poder irse unas merecidas vacaciones, las cuales pensaba pagar en cuotas, ahora deberá desembolsar el dinero equivalente a cada uno de ellos en efectivo, y como no lo tiene, está obligada a recurrir a un préstamo con intereses que prácticamente le destruirán su poder adquisitivo.

La funcionaria dijo que la medida que se adoptó es “puntual, momentánea” y que es algo “que tiene que ver con este proceso de crecimiento, de reactivación económica en el que estamos muy fuerte, con reactivación del consumo, del turismo interno, de las pymes, de la actividad económica”.

Es decir, la pésima administración de Alberto Fernández sigue dando muestras de su ineficiencia y poco ingenio a la hora de retener dólares en el país. Por ese motivo, castiga al sector del pueblo que ellos llaman “oligarcas” simplemente por anhelar un viaje después de romperse el lomo laburando, pretender cumplirle un sueño a su hija quinceañera, o aspirar a ir a visitar a un hijo que vive afuera y hace años no puede ver porque en el “reino del cepo”, ya casi nada está permitido.

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