La columnista invitada
Miradas

Estado de ebullición

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía, especial para NOVA

Masivas protestas se están viendo alrededor del mundo. A pesar de las medidas restrictivas implementadas por los gobiernos, explosiones de furia popular se produjeron en este último año y medio.

Las órdenes para coartar la libertad de los individuos terminaron de exacerbar en muchos países los malestares que se venían acumulando desde hacía tiempo.

Si bien las protestas tienen raíces distintas, existen puntos de contacto también. En todas estas naciones existió una mayoría que salió a expresar su rechazo hacia las autoridades de forma pacífica, aunque hubo episodios de violencia, de distinto grado y alcance.

Combinación de factores políticos y económicos en el marco de la “pandemia del Covid-19”.

Muchos países estaban en condiciones de soportar el estrés socio-económico, otros no; y por ello, la población enojada encontró el detonante para la bomba que estaba en construcción.

Al comienzo hubo un alto acatamiento a las “reglas de prevención”, luego un conjunto de emociones como la frustración, la irritación, y la desesperación formaron un cóctel ígneo.

La primera señal fue la reacción al homicidio de George Floyd en Estados Unidos en mayo de 2020.

En Colombia las protestas fueron a raíz de una reforma tributaria que aumentaba algunos impuestos, lo que provocó mayor recesión y pobreza, y la mayoría de los colombianos lo consideró un insulto por parte de la clase política.

La pobreza y la desigualdad estructurales agravadas por la situación sanitaria, y la ira contenida durante décadas contra los dueños de la política estuvo presente en Cuba.

Era impensable que esto sucediera en la Isla, pero la brecha entre el nivel de miseria existente y los privilegios de los cuadros del Partido Comunista, de los militares y de la burocracia, era tan grande, que adquirió el grado de intolerable.

En Francia volvieron las protestas en las calles en varias ciudades, denunciando la existencia de una “dictadura sanitaria”.

Las prerrogativas de la clase política pueden producir que un gesto de una sola persona, una decisión torpe o una declaración infortunada de los gobernantes logre aglutinar la irritación de la población y encienda la acción.

El archiconocido virus expuso la desigualdad en la aplicación de las normas, ya que en demasiados países se ha visto que los políticos, familiares, amigos y allegados, pueden saltarse las reglas que imponen, mientras que el resto de los ciudadanos están compelidos a cumplirlas.

Como dijo el psicólogo estadounidense Wayne Dyer: “La libertad significa que no tienes obstruido vivir tu vida como tú eliges. Algo menor es una forma de esclavitud”.

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