El columnista invitado
17 de noviembre de 1972

El Regreso del General Perón a la Argentina

Alberto Aispuru.

Por Alberto Aispuru, ex concejal de La Plata, dirigente del peronismo histórico, especial para NOVA

En medio de una llovizna pertinaz, a las 11,08 del 17 de noviembre 1972, el DC 8 de Alitalia "Giuseppe Verdi", después de un vuelo Roma-Dakar-Buenos Aires aterrizaba en la pista de Ezeiza. La claridad del fuselaje, contrastaba con el mito del " avión negro ", que había imaginado la fantasía popular.

El gobierno militar del General Lanusse determinó feriado aquel viernes. Una multitud difícil de calcular por la dispersión de las columnas pugnaba por acercarse al Aeropuerto, sólo una que cruzó el río Matanza alcanzó a llegar al perímetro de la pista, pero muy lejos del objetivo.

El Ejército había preparado un cerco de hierro, utilizando unos 30.000 efectivos al mando del General Haroldo Pomar para impedir tal propósito.

Un sueño imaginado por millones de argentinos se estaba concretando. Después de casi 18 años el Comando Estratégico (como él mismo se definía) del Movimiento Peronista volvía a la Patria, cambiando el destino inexorable que lo condenaba como a San Martín y Rosas, entre otros, a morir en el exilio.

Perón, el Líder de los trabajadores, volvía a su tierra para encabezar un proyecto de Reconstrucción Nacional.

Antes de partir de Roma había expresado "que sepan interpretar mi viaje como una empresa de paz y pacificación, que haga posible en el más breve plazo la institucionalización que el país ha perdido desde hace 18 años".

Los peronistas que trataban en un esfuerzo titánico para llegar a la pista no iban solos, los acompañaban los ausentes, los que habían caído en la Resistencia, los fusilados el 9 de junio de 1956, en las huelgas y tomas de fábricas, en las manifestaciones, iban tomados de la mano Darwin Passaponti, Juan José Valle, Cogorno, Vallese, Bevilaqua y tantos otros, con ellos marchaban los que se habían las "patas en la fuente", después de kilometros de marcha el 17 de octubre de 1945, los que pintaban en las paredes la P con la V del "Peron Vuelve".

Los que no olvidaban que el hombre que estaba por descender del avión era el que los había valorado como trabajadores y los hizo acreedores por primera vez en Argentina la Justicia Social.

Una lealtad inexpugnable a prueba de diatribas, calumnias y que mantenía pese al paso del tiempo y los miles de kilómetros de distancia.

Integré una columna que desde las primeras horas del día, intentábamos acercarnos al Aeropuerto. Fue imposible, todos los caminos estaban taponados por el Ejército, en ese sector el responsable era el Coronel Corbetta con él cual mantuvimos diálogo para intentar pasar, pero fue inútil.

Estábamos detenidos junto a centenares de compañeros cuando la radio anunció el aterrizaje...y comenzó la euforia, los saltos, los abrazos y los cánticos.

Nunca canté la marcha con tanta fuerza como ese día, se nos cayeron algunas lágrimas y se mezclaron con la lluvia en nuestros rostros.

La memorable foto de Rucci, el Secretario General de la CGT, exultante con el paraguas protegiendo de la lluvia al General, contrasta con la seriedad de Abal Medina. En el mismo momento, el sindicalista expresaba el sentimiento colectivo de alborozo y la lealtad del Pueblo después de tantos años.

Millones seguían los hechos por radio o TV, dueños de una gama de sentimientos que iban desde el llanto, la emoción o la indiferencia de los no peronistas.

El exilio de 6.268 días terminó y ahora se ponía en vigencia el concepto de "Para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino".

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