Editorial
Oscuro escenario

A rezarle al FMI, al Papa y a María Santísima

Alberto Fernández en duras negociaciones con Kristalina Georgieva, y rechazado por el Papa Francisco. (Dibujo: NOVA)

En el marco de una situación económica más que complicada, con una inflación galopante, un salto cambiario que marca récords día a día, una actualidad apremiante y una pelea con el sector empresarial en materia de precios, el presidente Alberto Fernández partió hacia Europa por otro problema de índole económico: la deuda. Y también con fallidas intenciones de reunirse con el Papa Francisco.

En este marco, el primer mandatario llegó a Roma en virtud de asistir al G-20 y a la Conferencia por el Cambio Climático de la ONU en Glasgow, como parte de una agenda oficial, pero con vistas de un nuevo encuentro y negociación con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, buscando apoyo para avanzar con la deuda.

Y la situación no es fácil porque Argentina irá a intentar destrabar -por directiva de Cristina Kirchner- los altísimos intereses que pesan sobre los deudores que se atrasan en sus vencimientos, con una sobretasa del 4,05 por ciento anual, cuando su promedio es del 1,05 por ciento, generando así un perjuicio para el país de 1.000 millones de dólares por año.

Pero también la cancelación de futuros compromisos estará sobre el tapete, porque en marzo de 2022 deberán abonarse vencimientos por 18 millones de dólares, al igual que en 2023, por lo que buscarán un nuevo estiramiento de los plazos.

Pero la titular del Fondo tampoco está suelta de cintura en el organismo de préstamo multilateral, porque su trabajo está siendo analizado bajo la lupa con posibilidad de ser eyectado, lo que no la dejará ser demasiado contemplativa con las expectativas e intereses argentinos.

Mientras tanto, por este lado del charco, en tierras nacionales, el dólar paralelo que se vende en el mercado negro roza los 200 pesos por unidad y la brecha cambiaria con el oficial es casi del 100 por ciento, mientras que el Riesgo País, el índice que mide el JP Morgan, tocó su nivel más alto del año con 1.706 puntos básicos, tras subir 2,5 por ciento.

Por otra parte, en cuanto a la inflación, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estimó que sería del 29 por ciento anual y cierre de fin de año con un dólar a 102,4 pesos, que tan solo a fines de octubre ya cotiza a 105 pesos.

No solo le erró por bastante, sino que Guzmán debió modificar su estimación para ahora predecir un IPC anual del 45,1 por ciento, según lo hizo a mitad de septiembre, y rozaría el 50 por ciento a fin de año. Es decir, niveles similares al 2018 y 2019 con Mauricio Macri.

Y todo este sombrío panorama económico está atravesado por una elección legislativa donde el pueblo le dio la espalda al oficialismo y encendió la bronca de Cristina hacia dentro, principalmente con el presidente Alberto Fernández y su Gabinete, al que tuvo echar en gran parte.

Por eso, desde el 14 de noviembre, la gestión acelerada ha sido una exigencia presidencial para con sus ministros, en cuanto a términos electorales, pero la Justicia le puso un freno a esta tendencia.

Es que la jueza María Servini de Cubría ya había suspendido el programa Más Cultura que otorgaba 5 mil pesos a jóvenes beneficiarios de planes sociales para el acceso a bienes culturales y artísticos y, ahora, también le bajó el pulgar a un subsidio de 15 mil pesos para artistas, suspendiéndolo temporalmente hasta después de los comicios, por una presentación hecha por el PRO.

En la misma sintonía, el Papa Francisco hizo lo propio y le negó una reunión y recepción en el Vaticano al mandatario argentino por la cercanía con las elecciones e intentando ser respetuoso de este proceso democrático, sin que una foto protocolar pueda interferir desproporcionadamente para un candidato u otro.

“No recibo a autoridades o candidatos de países que atraviesan un año electoral, que están cerca de elecciones”, confirmó el propio Papa.

Por último, mientras las expectativas electorales son preocupantes para el Gobierno, como medida lo único que se le ocurrió fue pelear a capa y espada el control de precios, una iniciativa para parchar a medias la realidad inflacionaria hasta enero, sin ningún tipo de solución real. Sin embargo, no se puede tapar el sol con las manos.

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