Estética y Belleza
Desarrollo personal

Emociones aflictivas ¿qué son?

La falta de aptitud para gestionar los pensamientos negativos y las emociones aflictivas, es como querer navegar con un barco sin timón que solo nos lleva a la deriva de una eterna cavilación en los estados mentales.

Por Cristian Arnedo, Coach Ontológico Profesional, especial para NOVA

Desde tu perspectiva, ¿qué son las emociones aflictivas? Desde la mirada del desarrollo personal, ante todo cabe destacar que toda emoción es una construcción de nuestra mente; “lo que piensas lo sientes y lo que sientes lo vives”.

Uno de los factores principales para la edificación de nuestras emociones, es el fluctuar de cavilación en cavilación a tal punto en que se transforman en una constante rumiación que culmina siendo mayormente en una impulsiva emoción. Ese patrón mental es un espiral del cual, al ser creado por nuestra mente, es una recurrente reacción que suele sernos un iterativo constructo que culmina definiéndonos no solo en lo que somos, sino que también determina en cómo actuaremos. Ya se sabe por los expertos tanto en psicología y neurociencias, que vivimos en estados de ánimos pero que solemos tener emociones. Pero es la mente tanto consciente como la mente subconsciente, las que nos impulsan a la superación o, a carecer de la capacidad de gestión, dado que lo que se piensa y se siente será el resultado de nuestro accionar regido por esa actitud.

La falta de aptitud para gestionar los pensamientos negativos y las emociones aflictivas, es como querer navegar con un barco sin timón que solo nos lleva a la deriva de una eterna cavilación en los estados mentales, que no solo fabrica emociones aflictivas, sino que también edifica circunstancias conflictivas. ¿Existe alguna manera de controlar de esas emociones o hay forma de romper ese patrón que nos somete a ese tipo de emociones aflictivas? Desde el desarrollo personal para dicha gestión, se requiere sostener la predisposición y apertura de reconocer, identificar y aceptar.

Reconocer que la rumiación de cada circunstancia alimenta a esas emociones aflictivas, y que solo nos llevan a convergir en estados de ansiedad, incertidumbre, angustia, frustración e incluso a la misma depresión. La mejor manera de gestionar no solo las emociones, sino que es aprender a gestionar desde el pensamiento, destilarlos para así comenzar a transitar y abrirnos al abanico de un sinfín de posibilidades disponibles, las cuales son posibilidades también de aprendizaje y crecimiento como los seres que somos. Para modificar todo estado de emoción aflictiva, su gestión germina desde un cambio de actitud, y el cambio de actitud multiplica la aptitud. Mutar la actitud modifica los pensamientos, cambiar los pensamientos modifica las emociones. Por eso es necesario identificar qué tipo de pensamiento, nos trasladan a anclar en esos estados de emociones que nos envenenan, nos lastiman, como también en otras ocasiones aquellas impulsivas reacciones nos llevan a herir a otros seres humanos. En sí, la aceptación es la que engendra la transformación; aceptar que no nos benefician ni nos ayudan para la vida, el incurrir siempre en una eterna rumiación por cada situación que se nos aparezca. El resistirse a la repentina aparición de cuales fueran las circunstancias, persistirá en conclusiones dañinas para nuestro ser.

En cambio toda aceptación no solo transforma las circunstancias, sino que nos transforma a nosotros mismos ante cada circunstancia. La gestión de los pensamientos nos lleva a la gestión de nuestras emociones aflictivas. Pensar en lo que debemos de pensar y también en aquello que nos hace bien en pensar, para así sentir lo que merecemos sentir. El cavilar es imprescindible para el ser humano, y es inevitable; lo que sí es necesario y útil identificar aquello en que nos multiplica como ser para así desapegarnos de lo que nos daña y nos resta para existir y vivir en este mundo y en nuestro propio mundo.

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