Editorial
Todas, todos y todes

El Presidente y sus secuaces siguen de joda con la guita de los argentinos

Alberto Fernández, un verdadero custodio del dinero del Estado. (Dibujo: NOVA)

Durante los últimos días, generó indignación la segunda foto donde el oficialismo demuestra cómo se sigue riendo de los argentinos mientras la mayoría de ellos sigue intentando asomar la cabeza para no ahogarse en el pantano de la miseria populista gestada por el kirchnerismo.

Tras filtrarse la imagen de la festichola en Olivos en pleno confinamiento, que derivó en la paliza electoral de septiembre -la cual dejó descolocados a Alberto Fernández y compañía-, el propio Gobierno publicó en su sitio oficial otra prueba de la decadente gestión que nos tiene anclados en el fondo del mar: la foto del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, recibiendo en soledad a la extensa comitiva argentina que lo visitó en el marco de la Cumbre de Líderes del G20.

Esa evidencia es solo la punta de un ovillo muy largo, que quedó a la vista en el viaje que emprendió el Frente de Todos a Glasgow en ocasión de la cumbre sobre el cambio climático, trasladando un equipo militante que, según trascendió, superó a las cien personas, en un paseíto que costó una millonada tan grande que les daría de comer a miles de argentinos.

Acompañaron al mandatario nacional funcionarios de los ámbitos de la Presidencia y los ministerios de Relaciones Exteriores, Economía, Medio Ambiente, Desarrollo Productivo, Agricultura, Ganadería y Pesca. Tampoco se quisieron perder la vuelta en avión el jefe de Gabinete de Asesores de la Secretaría General de la Presidencia, Juan Manuel Olmos; el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; al de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz; la asesora María Cecilia Nicolini, la portavoz Gabriela Cerruti; y decenas de integrantes del Gobierno que forman parte del staff en calidad de custodios, médicos, asesores, comunicadores de prensa y expertos.

Para traducirlo: el Presidente y sus secuaces la pasan “bomba” despilfarrando dinero frente a los ojos de quienes sufren y siguen esperando medidas de fondo que logren sanar la profunda herida que tiene sumido al país en la pobreza.

Días después de codearse con los representantes del imperialismo europeo, fingiendo dirigir un país en crecimiento, el presidente organizó una juntada con Evo Morales por un hecho tan intrascendente como fue la presentación de su libro. Un relato personalizado que a nadie le interesa, en un contexto de constante retracción económica y alarmante crisis sociopolítica. Lo que no queda claro, dados estos disímiles encuentros, es cuál es la ideología del mandatario nacional.

En declaraciones recientes, Alberto Fernández dijo: “Me costó mucho entender el resultado electoral”. Repasando algunas cuestiones, tal vez logremos refrescarle la memoria y el sentido de la realidad, del cual está muy alejado, evidentemente: pobreza del 50 por ciento, inflación anual del 50 por ciento, dólar a 200 pesos, falta de empleo, miles de pymes quebradas y sin asistencia, escuelas destruidas y pérdida de aprendizaje, bajos salarios que jamás alcanzan a equiparar el índice de precios, déficit de vivienda, vacunatorio VIP y 116 mil muertos por Covid. Además de la acefalía que existe en materia económica.

A todo esto, hay que sumarle la escalada de inseguridad que deja nuevas víctimas fatales todos los días en distintos puntos del país, una problemática que nadie atiende porque están muy ocupados en estudiar cuántos votos podrán obtener el domingo 14 de noviembre. Una jornada que también le preocupa demasiado a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien fue intervenida recientemente en el Sanatorio Otamendi, el más “cheto” de la Ciudad de Buenos Aires, a pesar de que años atrás hacía hincapié en que “hay un sistema de salud púbica cuando los presidentes se atienden en la salud pública. Lo demás, es puro verso”. Como dice Charly García, "Say no more".

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