Política
Gobierno terminado

La decadencia compartida entre Alberto Fernández y Axel Kicillof

El Presidente, junto al gobernador, son las cabecillas en la caída del oficialismo.

Si bien los recorridos políticos de Alberto Fernández y Axel Kicillof son muy diferentes, su actualidad y su destino los acerca. Los resultados de las PASO y las intervenciones de sus gobiernos demuestran la disolución de su autoridad y el convencimiento, dentro del Frente de Todos, de que sus gestiones dejaron mucho que desear.

Así como el Gobierno del máximo mandatario corre el riesgo de perder el control de la Cámara de Diputados de la Nación y la mayoría automática del Senado, la oposición está a punto de quedarse con el control de las 2 cámaras de la Legislatura bonaerense.

La pésima relación con los intendentes, el microclima en que se manejó, su tácita aceptación de la continuidad de la ley provincial que impide la reelección indefinida de los alcaldes, el manejo discrecional del presupuesto y el fracaso electoral obligaron a Cristina Fernández de Kirchner aceptar la intervención de su Gobierno por parte del sector de intendentes que mantiene buena relación con Máximo Kirchner.

Salvo que suceda un milagro en las elecciones del 14 de noviembre, ambos seguirán cargando con el mote de mariscales de la derrota, ampliamente justificado.

En caso de reiterarse la victoria de Juntos en las elecciones generales, la oposición pretende desplazar a Federico Otermin (quien cuenta con el respaldo de Martín Insaurralde y de Máximo Kirchner) de la Presidencia de la Cámara de Diputados provincial. Uno de los candidatos para sucederlo es Maximiliano Abad, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR) bonaerense, quien debería medir fuerzas con algún candidato de Propuesta Republicana (PRO).

En el Senado provincial, en tanto, Juntos pretende quedarse con la vicepresidencia que actualmente ocupa Alfredo Rubén Fisher, del Frente de Todos. Entre los candidatos a ocupar ese lugar se anotan Cristian Gribaudo, con el apoyo de Jorge Macri y Daniel Angelici, y el histórco barón del conurbano Joaquín De la Torre.

En caso de concretarse este nuevo escenario, Kicillof tendrá un enorme desafío, ya que se verá obligado a abandonar su estilo autor¡tario, que excluye el diálogo político, tanto al interior de su propio gabinete como en su trato con la oposición.

Mal no le vendría. Aunque, a esta altura, el proyecto de CFK de impulsarlo a la Presidencia de la Nación ya haya naufragado, y tampoco tenga posibilidad alguna de intentar con éxito su reelección en la provincia en 2023.

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