Cómics e Historietas
Referente ineludible

Federico Baert, el rey de la historieta independiente

El autor y su más reciente y polémica novela gráfica, El Rey de la Historieta.

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

Dice su DNI, y probablemente no mienta, que nació el 10 de marzo de 1969 en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. No dice, claro, que Federico Baert es profesor de Arte y menos que es historietista; mucho menos que es referente ineludible de la historieta independiente argentina desde que hace poco más de tres décadas comenzó a publicar sus cada vez más ingeniosas viñetas, primero como artista integral, luego sobresaliendo como guionista, rama en la que hoy, ya en su madurez artística, sencillamente descuella.

En un constante hacer por el placer de hacer, compartiendo lo suyo con la misma pasión y entrega tanto en fanzines, como en páginas web y en publicaciones profesionales -que ni queriendo pudo evitar-, toparse con su laburo resulta cada día más sencillo y gratificante.

Y la frescura y audacia de sus creaciones -las más de las veces tan hilarantes como chocantes y provocadoras-, son constantes refutaciones a aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol. Es así que, como quisimos conocer más acerca del célebre nicoleño, nos comunicamos con él y, gentil, dialogó con nosotros acerca de su particular vida y su particular obra, apasionantes ambas y, como verán, simbióticamente vinculadas.

En la historieta titulada La Danza de los Condenados, Baert -que allí oficia de guionista, dibujante y personaje- es entrevistado por el conductor de un programa radial; y así como en ocasiones el arte imita a la vida, me pareció adecuado iniciar la charla jugando a la inversa y robando la primera pregunta -impertinente tuteo incluido- que el entrevistador ficticio le arroja al historietista...

- ¿Cuándo comenzaste a transitar el camino de las viñetas?

- Toda mi vida. Porque de chico no leía las historietas, pero miraba los cuadritos y lo que hacía era recortar los personajes, guardarlos en una caja, y en una escalera que había en casa yo jugaba con los personajes y les inventaba diálogos y les hacía las voces: ahí ya estaba haciendo historieta, estaba creando el guión sin saber escribirlo. Y después, cuando aprendí a leer y escribir, a hacer mis historietas -la primera habrá sido a los ocho, nueve años-, en una primera instancia eran anécdotas de la familia, y más tarde empecé a inventar mis propios personajes y series; el primero fue un pibe detective, muy al estilo Hijitus. Yo era fanático de Hijitus, y después de Astérix, Spirou... Todo lo franco belga me fascinaba.

- Ya de más grande, cuando comenzó a identificar autores, maneras de escribir y dibujar, ¿cuáles fueron los que más lo ayudaron de algún modo a ir definiendo su propio estilo?

-Evidentemente, toda la etapa de Franquin haciendo Spirou me marcó; (Albert) Uderzo y (René) Goscinny con Astérix, me encantaban; y después ya de más grande, Frank Miller me voló la cabeza con su Batman cincuentón (The Dark Knight Returns) y luego de algún tiempo con Sin City. Y entre los autores argentinos, Carlos Trillo y Robin Wood fueron los que más fuerte me marcaron... Toda la vida leí mucho: tengo diez bibliotecas, imaginate; además de historietas, después empecé a leer también novelas, cuentos.

- ¿Siempre quiso ser autor integral, es decir, ser guionista y dibujante, o en algún momento comenzó a disfrutar hacer más una cosa que la otra?

- El guión. Es más: hace cinco años que no dibujo más. Lo último que dibujé fue una historieta para chicos que se publicó en el sitio de historietas online de Loco Rabia, que se tituló Garabato y Raf; y ya no me divertía dibujar. A mí lo que me gusta hacer es el estudio de personajes, y yo los guiones no los escribo del modo tradicional, sino que hago borradores, una especie de storyboard que le envío a los dibujantes.

- ¿Suele trabajar exclusivamente con dibujantes amigos?

- Con Marcos (Vergara) nos conocimos alrededor de 1989, cuando conocer a un historietista era como conocer a un extraterrestre. Yo laburaba en una mueblería, y cierta vez un vecino de Marcos que veía que yo dibujaba, me preguntó si yo hacía historietas; cuando le dije que sí, él me contó que tenía un vecino que dibujaba historietas: "Presentámelo", le dije. Y a partir de ahí con Marcos formamos un grupo que llamamos Humorieta, y empezamos a hacer historietas juntos.

Después conocimos a Javier Caio Di Lorenzo en la Escuela de Arte y ahí fundamos el grupo y la revista Aquelarre, en la que yo hacía historietas como autor integral y además le hacía guiones a Javier y a Marcos. Luego las cosas se fueron dando: con Marcos hicimos Los Mutantes Bukowski, y Jaime Pop para chicos. Y después con Carlos Aón hicimos Causas Perdidas. Todos dibujantes amigos con los que nos fuimos conociendo en festivales como Historieta Bajo Tierra, Leyendas -en Rosario-, Frontera -en Morón-, un evento en Tucumán.

Después nosotros hicimos durante diez años el Encuentro de Historietistas Aquelarre acá, en San Nicolás. La única vez en la que yo oficié como dibujante y no hice los guiones, tendría diecisiete o dieciocho años, e hice dos libros escritos por Pipo Pescador: eso me ayudó a definir que yo no quería vivir de la historieta, que tenía que seguir otra carrera, ganarme la plata de otra forma; ahí decidí hacerme docente de Arte y escribir y dibujar la historieta que a mí me gustaba y no la que se me imponía porque tenía que ganarme el mango; sufría horrores haciéndola de esa forma. Así que yo he hecho siempre la historieta que tuve ganas.

- Desconocía totalmente ese laburo suyo con Pipo Pescador ¿Nos cuenta un poquito más acerca del modo en que surgió la posibilidad de hacerlo, de qué se trataba y cuánto tiempo le consumió?

- En los tiempos en que trabajaba en la mueblería, yo había participado en una exposición que se había hecho en la Feria del Libro de una escuela. En ese evento, Pipo Pescador presentó un libro de su autoría, La Magia de Leer o algo así, no recuerdo. Y en determinado momento me llama la directora de la escuela -a la mañana trabajaba en la mueblería, a la tarde terminaba el secundario- y me dice: "Pipo Pescador vio tus dibujos expuestos y quiere hablar con vos". Entonces voy a la escuela y él me cuenta que, a fin de hacer unos suplementos infantiles, está buscando un dibujante, ya que él se encargaría de los guiones. Bueno, perfecto: lo hicimos. Y conseguimos contrato con Familia Cristiana -una revista que no sé si existe todavía-, y durante un año salió el suplemento este de cuatro páginas que incluía una historieta de dos páginas, un cuento, y en la parte de atrás, juegos; todo ilustrado: ese fue el primer trabajo.

El segundo fue un libro editado por Beas llamado Aventuras con el Nanosaurio, que tenía ciento veinte páginas de historietas y juegos... Y ahí sucedió lo que te conté antes: lo sufrí muchísimo aunque gané muy buena plata -la verdad es que Pipo Pescador me pagó muy, muy bien-; imaginate lo bien pago que fui, que mi viejo laburaba en una fábrica, y yo gané en un mes de laburo lo que mi viejo ganaba en un año. O sea que todo era muy tentador. Incluso Pipo Pescador, que vivía en una casa de tres pisos, me ofreció un piso que tenía destinado a huéspedes para que me quedara; me dijo que si quería hacerme una carrera como historietista, él me haría los contactos y podía vivir allí hasta que lograra reunir el dinero suficiente para independizarme. Y yo le agradecí y le dije que no; el tipo no lo podía creer.

Desde el vamos el hombre se portó muy bien conmigo: en la tapa del libro hasta incluyó en el vértice izquierdo mi nombre. Lo mío no fue un desprecio ni sucedió que su material me pareciera malo, de hecho me parecía muy bueno, pero era lo que hacía él, yo no me sentía identificado, yo quería hacer otro tipo de historieta. Lo que se me ofrecía no era el proyecto de historieta que yo quería para mi vida.

- Por lo general, cuando alguien intenta hacer un repaso acerca de la obra de un autor, trata de identificar constantes. Así que arranco con una que en principio podría considerarse más bien superficial: muchos de sus personajes tienden a parecerse a usted, al menos físicamente, como si fuese un actor que interpreta distintos papeles. Ya sabe: cabellos grises, nariz puntiaguda, a veces gafas oscuras ¿Eso está hecho para acentuar el tono autobiográfico en ciertos pasajes de sus historias, o la cosa va por otro lado?

- No. Es exactamente eso, porque digamos que mi vocación -no frustrada, ya te explicaré por qué- era la de ser actor; pero sucede que para ser actor hay que estar rodeado de mucha gente, y a mí no me gusta estar rodeado de mucha gente. Así que me dije "la historieta me va a permitir actuar". ¿Por qué te digo esto? Porque antes de escribir el guión, lo que hago es improvisar y actuar en mi estudio: o sea, hago una especie de actuación libre, y una vez que interpreto y encuentro el tono de voz de cada uno de los personajes, ensayo las escenas, y después escribo el guión.

Y sí, muchas cosas son autobiográficas, y muchas son autoficción; así que siempre algún personaje me gusta que se parezca a mí. En algunas historietas hasta hay varios personajes que se parecen a mí; por ejemplo, para Los Hermanos Dadá, Marcos me preguntó qué personaje quería ser, y yo le dije: "Todos" (risas). Y lo soné, porque tuvo que empezar a diagramar la cara de los hermanos Dadá siguiendo más o menos la figura de mi cara: las narices grandes, como bien decís vos; o el viejo Dadá, que también soy yo avejentado; o la tía Sopapa, que aparece después, y que soy yo hecho mujer... En todas mis historietas me gusta aparecer: cuestión de egos. Un amigo me dijo: "Entonces sí sos igual a un actor frustrado, porque no actuás frente al público"; y lo le respondí: "No. Frustrado el público que no me puede ver: yo actúo y la paso bárbaro" (risas).

- Es buenísimo eso. Llegué a pensar que usted tenía alguna vinculación con el teatro especialmente después de leer La Danza de los Condenados, donde de hecho el personaje principal se llama Federico Baert y hay un para nada velado homenaje al actor Alejandro Urdapilleta: en la historieta se llama Alejandro Underpilleta y es un personaje interesantísimo. ¿Usted llegó a conocerlo en persona y a relacionarse con él?

- Sí sí. A Alejandro Urdapilleta lo conocí y realmente fue así como lo cuento en la historieta, aunque después lo exageré: no se transforma en semejante personaje desquiciado, pero sí llegó a convertirse en el famoso que acosaba al fan... Hasta que terminamos peleados, lamentablemente. Y él falleció hace unos años. Pero fue un gran amigo y es una persona a la que extraño profundamente.

- Volviendo al asunto de las constantes, le saca mucho jugo a los personajes de características nihilistas, cínicos y políticamente incorrectos: racistas, violentos, misántropos, abusadores de mujeres y muy pero muy pasados de rosca a nivel vicios. ¿Se encuentracómodo jugando en esa área? ¿Qué es lo que lo lleva a, en vez de intentar generar una empatía del lector hacia el personaje, a lo contrario, a producir una sensación de rechazo hacia él?

- Un poco porque, si bien no a esos niveles, mi vida ha sido así: yo tuve una década en la que bebí y tomé drogas y estuve en la joda, demasiado; después, afortunadamente, zafé. Y aparte a mí me gusta ese arte, el arte que choca, que enfrenta al lector y que uno como espectador dice: "¿Estoy del lado de este tipo que es tan mala persona? ¿Por momentos siento empatía hacia un villano o hacia un sujeto que es golpeador, que es misántropo, que es racista?". Me gusta generar esos contrasentidos en quien lee, incomodarlo un poco. Porque además, ese el arte que me gusta consumir. Es más, un amigo que estaba leyendo El Rey de la Historieta, me dijo que no pudo continuar la lectura porque lo perturbaba demasiado... Y ese para mí fue el mejor halago.

- Ya que la menciona, El Rey de la Historieta es la última de sus obras publicada en libro, el año pasado, y en la que de algún modo habla bastante de lo que es el mundo de la historieta y se centra en un guionista que, justamente, tiene todas las características negativas que acabamos de mencionar pero multiplicadas por diez. Ya que usted pertenece al mundillo y además consumió tantos cómics, ¿se basó en alguien para crear al personaje protagónico?

- El Rey de la Historieta es mi último libro en papel. Aunque fue publicado originalmente en el blog de Historietas Reales en 2011, los chicos de Loco Rabia y Los Aspirantes Ediciones lo llevaron al libro el año pasado. Y aparte ese fue un regalo de la vida, porque Los Aspirantes es un sello editorial armado por dos ex alumnos míos de un taller que yo daba en un centro cultural de acá, en San Nicolás. Yendo a la historieta, el personaje se llama Fabricio Barraza, y al principio me iba a basar en uno o dos guionistas famosos, pero después me di cuenta de que eso me iba a limitar creativamente... o a lo mejor me iba a traer problemas judiciales o de otro tipo. Entonces decidí tomar de muchos algunas cositas, armar como un Frankenstein de muchos historietistas, y lograr un personaje nuevo con pequeños detalles de varios historietistas famosos y también con varias cosas de mis vivencias. Fabricio Barraza se llama así porque busqué un nombre que empiece con F y un apellido que empiece con B, para hacer un juego con mis propias iniciales.

- La religión es otra constante en sus historietas. Parece ser un tema o que le interesa o que le causa gracia o que únicamente considera un nervio interesante para tocar: tiene una momia cristiana en Desquiciados, un personaje que en La Danza de los Condenados se toca el testículo izquierdo cada vez que alguien menciona a Dios o a la Virgen (los considera yeta); y en Los Hijos de Jesús (¡Jesús!) tiene en esa familia disfuncional de ovejas negras, una inexplicable oveja blanca descarriada, un jovencito muy religioso, preocupado por el prójimo, generoso. ¿Cómo se lleva Baert con la religión?

- A los diecisiete años me fui de mi casa y viví en la calle, dormí en plazas y en autos en los que me permitían hacerlo, en casa de unos primos... En ese período, también, recorrimos con unos amigos varias religiones. Yo soy católico, pero después me bauticé evangelista, luego mormón... Pasé por todas, vi las miserias de las instituciones, y lo volqué después en mis historietas. Y lamentablemente no me fue otorgado el don de la fe, porque yo creo que la vida es mucho más llevadera si uno cree ese cuentito de que después de que nos morimos hay un paraíso lleno de nubes en el que los que se nos murieron están esperándonos; yo lamentablemente en todo eso no creo. Es un tema que me obsesiona, sí, y tengo libros, he leído, y ahora mismo estoy leyendo uno nuevo de (Juan José) Sebreli, Dios en el Laberinto. Y es un tema al que no he dado por cerrado porque no puedo decir que no creo en Dios: soy agnóstico. Espero alguna vez creer. Y llegado el momento le pediré perdón... o nos agarraremos a piñas, como corresponde, para pasarle factura por todo lo que ha hecho.

- Es usted una persona que tira muy buenas frases. De hecho, en Los Hermanos Dadá hay un diálogo en el que una versión masculina suya dialoga con una versión femenina suya: "¿Y ahora qué hacemos, Yapa?"; "Lo que hacen todos, Barrilete. Ocupar el tiempo con alguna boludez hasta que llegue la muerte".

- Sí, de hecho escribir y dibujar historietas es otra de las boludeces con las que nos ocupamos mientras esperamos el desenlace final. No hay que tomarse tan en serio tampoco esto de hacer historietas. Nada hay que tomárselo muy en serio. La vida está sobrevalorada, a pesar de que tiene cosas por las que vale la pena vivir. Acerca de eso hablo un poco en Hacia el Hondo Bajo Fondo.

- ¿Formar una familia es una de esas cosas por las cuales vale la pena vivir? Porque esa es otra de las constantes en sus historietas: las familias disfuncionales.

- ¡Ah! ¡Qué tema el de la familia! Yo vengo de cuatro convivencias fallidas, de las cuales en una tuve un hijo y en otra, una hija. Mirá, formar una familia no es una de las cosas por las cuales vale la pena vivir; ni siquiera te diría que tener un hijo, más allá de que yo amo a mis hijos. Formar una familia yo creo que viene de una carencia que tenemos los seres humanos, que nos sentimos solos y creemos, a veces, que rodeados estamos bien. Y no. Yo hace cinco años decidí no convivir más con nadie, y te digo que es el mejor estado en el que estuve en mi vida. Mis hijos me vienen a visitar, yo me veo con mis amigos, tengo mis parejas con cama afuera... Pero no. La familia no vale la pena.

- ¿Alguna vez algún lector se mostró ofendido por la manera en que toca ciertos temas, o incluso por los temas que toca? ¿O sencillamente usted cree que la gente que podría llegar a ofenderse malamente no lee historietas?

- Lector que se haya ofendido por leer algo mío nunca me crucé. Los que sí se han ofendido son amigos a los que he retratado y a los que no les ha gustado cómo los retraté. Entre ellos está Urdapilleta, que se ofendió. Y en Señales de Vida tengo dos amigos que se ofendieron: uno me dejó de hablar por un tiempo -ahora volvimos a reestablecer relación-, y otro me dijo directamente que, donde me vea, me pega un tiro (risas).

Yo no puedo hacer nada. Tengo también algunos personajes que incomodan, como por ejemplo en Desquiciados, en el que están la momia y el piquetero, que es un femicida y que dice unas barbaridades terribles; y en determinado momento, Caio me dice: "Che, se nos va a venir encima todo el mundo, sobre todo las mujeres, que ahora están tan efervescentes con el tema"; y yo le digo: "Bueno, Javier, que se vengan, ¿qué va a ser? Si en el único lugar que nos queda de libertad, que es el arte, nos vamos a autocensurar, todo está mal”. Yo no estoy diciendo: "¡Vivan los femicidas!"; tengo un personaje que es femicida y piensa como un femicida; no puedo hacer un femicida noble, no, porque no existe; es un femicida, es un hijo de puta, y bueno... El único sitio de plena y real libertad que nos queda es el arte. Si nos vamos a limitar por el miedo al qué dirán o a si nos van a escrachar, no vale, no importa: yo estoy dispuesto a correr ese riesgo en pos de la libertad.

Una de las mujeres de las que me separé, con el camión de mudanza cargado de libros ya en marcha, ella, que no me había dicho nada durante el tiempo en el que cargaba cajas con libros y ropa y las subía, cuando le voy a dar las llaves me dice: "Ojo con lo que escribís" (risas). Y escribí una historieta que saldrá dentro de unos años y que se llama Siete Años de Desgracia. Pero bueno, que se ofenda.

- Aquí es donde toca preguntarle, entonces, acerca de sus otros proyectos...

- Hacia el Hondo Bajo Fondo es una historieta que hice como autor integral en el año 2000, y que ahora está redibujando Carlos Aón; está haciendo una remake que iba a salir este año, pero se postergó por la pandemia o hasta fin de año o hasta principios de 2021 cuando, si todo sale bien, empecemos con los eventos. Es una historia muy linda, que quiero mucho, de la que estoy orgulloso y que originalmente fue mi primera novela gráfica publicada en libro; me encerré un año para hacerla, tuvo tres versiones hasta que finalmente quedó como me gustaba.

Y bueno, las editoriales Loco Rabia y Belerofonte (junto a otras dos editoriales) decidieron que tenía que reeditarse, me propusieron que se conservara el dibujo original, les respondí que en tal caso yo debería redibujarla, y como ganas de hacerlo no tenía -ya venía con ganas de dejar el dibujo-, se lo propuse a Carlitos Aón, y él me dijo que encantado, que le había gustado como lector, así que hacer su versión le iba a fascinar.

Y otra de las cosas que tiene de novedosa esta edición es que es a color, la está coloreando Lara Lee. Por eso es que se unieron cuatro editoriales, porque hacer hoy un libro de más de cien páginas a color es caro. Si todo sale bien, luego sacaremos Días Macabros, que también estoy escribiendo para Aón y para Lara. Además estoy por terminar una nueva novela gráfica que escribí y que se llama Ojo de Loca, que es una comedia dramática muy divertida que me salvó de volverme loco durante la cuarentena, y que creo que la va a dibujar Marcos (Vergara).

Ojo de Loca nació como una broma: nosotros tenemos una amigo -que no lo voy a nombrar- que es muy homofóbico y que, tras leer El Rey de la Historieta, me manda un WhatsApp que dice: "Quiero que hagamos una novela gráfica juntos". Entonces, yendo con otro amigo hacia la Crack Bang Boom de Rosario, le comento: "Le voy a decir que le voy a escribir una historia de amor entre un fotógrafo y un linyera, un tipo de la calle, y que se va a llamar Ojo de Loca, a ver cómo reacciona".

En primera instancia me dijo que sí, que le gustaba la idea, pero casi una semana después me llama y me dice que no quiere hacer una historieta con protagonistas homosexuales; o sea, le saltó el homofóbico. Pero yo quedé re enganchado con la historia: en la historieta independiente no hay muchas historietas de amor homosexual. Entonces Marcos me dice que la haga, que la escriba, que él la dibujaba. Y me he divertido mucho haciéndola, porque aparte de la dupla protagonista, hay un grupo de tres travestis viejos -o trans masculinos-, que son la versión travestida de Marcos Vergara, Javier Di Lorenzo y yo (risas), así que te imaginarás cómo me he muerto de la risa escribiendo esa historia. Es una comedia dramática con toques de humor negro, y eso aliviana un poco la lectura. Me falta sólo el último capítulo.

- ¿Cómo es el Baert docente que enseña Arte, y cómo es la relación que establece con sus alumnos cuando se enteran que es historietista y comienzan a verlo de un modo en que no suele verse a un profesor convencional?

- Yo soy profesor de Artística en Escuelas Secundarias y doy talleres de Historieta en dos centros culturales. Una de las escuelas donde trabajo queda en General Rojo, un pueblo a cincuenta minutos de San Nicolás; es una comunidad de gente adorable y es realmente un segundo hogar, es una familia. A quienes más extraño en esta cuarentena, además de a mis amigos y a mis hijos, es a mis compañeros de trabajo, porque hace más de veintipico de años que trabajo en esto, así que te podés imaginar. Hoy tuvimos una reunión por Zoom, y cuando terminamos seguimos enviándonos mensajes porque quedamos muy acongojados todos por no poder vernos personalmente, y aunque sea escucharnos nos hace muy felices; podés imaginarte también los lazos que hemos creado como compañeros de trabajo, algunos ya amigos, y como comunidad entera.

Realmente es un placer y un acierto en mi vida: no me equivoqué cuando decidí estudiar el Profesorado de Arte porque quería vivir de otra cosa, porque la docencia a mí me llena constantemente, me encanta dar clase en secundarias porque los adolescentes son lo mejor que hay, te mantienen activo porque no tenés que dormirte sino los pibes te pasan por encima... Una de las cosas importantes que me permitió la docencia es esta: yo trabajo de mañana, y aunque me cueste mucho dormir de noche y levantarme temprano, trabajo de siete y media a dos de la tarde, y tengo todo el día libre para mí, más fines de semana, feriados, vacaciones de invierno y de verano; tengo el tiempo que necesito para trabajar y para hacer historietas. Me organicé la vida de una manera perfecta.

Y cuando los chicos te googlean y ven que en la historieta estás vos, y aparte está el director, está la preceptora, por ahí te dicen: "¡Eh! ¡Medio zarpado!"; pero bueno, es la historieta, les aclaro: "Chicos, no es para gente de la edad de ustedes, esto". Pero ellos la leen igual y les encanta y les dibujo en vivo... Mi relación con los chicos es genial, de hecho, muchos ex alumnos hoy son profesores de la escuela, algunos son amigos particulares, algunos están en mis historietas y algunos estarán en las próximas.

Así que la docencia es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Suelo decirle a mis alumnos que mi premisa -más allá de que aprendan a dibujar bien, hacer una escultura, etcétera- es contagiarles la pasión por el arte, pero por el arte en general, porque el arte es un refugio en medio de todo desastre, y ahora lo estamos viendo con la pandemia: la gente lee más, mira series, películas. El arte es lo mejor que ha hecho el ser humano en esta Tierra.

(*) Redactor especializado en cómics.

Su libro con Pipo Pescador y La Danza de los Condenados, ya un clásico baertiano.
Dos obras como guionista: Causas Perdidas, con Aón, y Los Hermanos Dadá, con Vergara.
Baert contando las aventuras de una momia cristiana y un piquetero femicida (dibujos de Di Lorenzo), y exponiendo las miserias de una familia disfuncional (dibujos de Di Stéfano).
Viñetas de Los Hermanos Dadá. Guiones de Baert, dibujos de Vergara.
Baert por Baert en La Danza de los Condenados, en una entrevista ficticia que hoy hicimos realidad.
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