Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga y el ex funcionario platense dealer de sus propios ex empleados

Nadie escapa a la sagacidad de Martín Vestiga (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

En épocas de pandemias y cuarentenas es mejor recorrer a las fuentes de información confiable y por eso esta semana, con el barbijo N95 bien colocado, decidí recorrer las diagonales de la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, para ver si podía encontrar a mi viejo conocido Pedro Gadicto, que parece que por estos días está teniendo un éxito arrollador como informante de ciertos submundos de la rosca platense que están saliendo a la luz.

La encontré de madrugada y parecía volver de una fiesta o un boliche, algo imposible en medio del aislamiento social obligatorio. O Al menos así lo creí, hasta que él mismo se acercó para saludarme en evidente estado de ebriedad o bajo sustancias prohibidas, que suele ser una condición bastante común en él.

-Martincito querido, amigo... te quiero mucho hic.. hic..

-Pedro, no sé si es el mejor momento. ¿Necesitás que te lleve a tu casa o que llame a alguien? Si te encuentran en este estado vas a terminar con una denuncia.

-Amigazo, siempre tan ingenuo vos. ¿Acaso viste algún policía mientras venías para acá? Esto ya está resuelto, Martín, los que somos de la noche, pero de verdad de la noche, lo sabemos y no va a cambiar.

Pedro Gadicto se apoyó contra una columna de alumbrado para tomar aire y en apenas dos minutos se sacó de encima la borrachera, la resaca y al aliento a porro, casi como si pudiera elegir estar normal de un segundo a otro.

-¿Algún chisme de esos picantes que siempre tenes a mano, Pedrito?

-Claro, con los amigos la información se comparte, así que escucha bien. Esto no es nuevo, pero está generando un escandalete en la gestión local de La Plata, implica drogas, traiciones y un dealer que llegó a funcionario público.

-Pedro me estas matando, dame ya por favor los detalles.

-Mirá, Martín, el circuito aparentemente comenzó en la Secretaria de Espacios Públicos del municipio platense hace ya bastante tiempo, cuando el que estaba a cargo de esa dependencia era un tal Martínez no sé cuánto, que de todas maneras no tiene nada que ver con esta historia.

-¡Ahorrá los rodeos Pedro, por favor!.

-¡Siempre igual de ansioso vos!. Mirá, parece que uno de los directores de ese equipo, que no llego de la mano del ex funcionario Martínez Ayerra, sino que lo nombró directamente intendente Garro, andá a saber por qué acuerdo, rápidamente aprovechó ese lugar para tender puentes y armar una red que le permita hacer sus negocios.

-Bueno, nada que no hubiera hecho ya cualquier otro funcionario en algún momento de su carrera...

-Solo si por "negocio", entendemos la venta de drogas de forma directa a sus propios subordinados, que es en definitiva lo que hacía este muchacho, que salió eyectado de la gestión por las denuncias internas de sus propios empleados.

-Nombres, por favor.

-Mirá, si bien es un hecho del pasado, está molestando bastante porque algunos trabajadores aseguran que después de su salida de la gestión siguió siendo el principal proveedor de frula en ese circuito y es más, algunos aseguran que lo ven más seguido ahora que cuando era funcionario. El nombre no te lo puedo dar, viste como son a veces estas cosas, pero si buscas con las iniciales MD, y estas atento a los datos que ya te pasé, no deberías tardar demasiado en ubicarlo.

Mi amigo volvió a apoyarse contra la columna de alumbrado, pero esta vez no para tomar aire, sino para vomitar como si en ello se le fuera la vida y prender un faso.

Así es él y yo no voy a cambiarlo. Me alejé de Pedro Gadicto, creyendo como siempre que había mucho más información de la que me quiso contar. Mientras me alejaba no podía dejar de pensar en cómo algunos aprovechan para su provecho propio todo lo que tengan al alcance de la mano, incluso las vida de sus subordinados.

Juan Pedro Fasola, nuestro gran amigo, qué ganas de verte, tenemos todos acá…

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