El columnista invitado
Puntos de vista

La red del gobierno

Osvaldo Dameno, dirigente peronista. (Foto: NOVA)

Por Osvaldo Dameno (*) especial para NOVA

El gobierno se encuentra dentro de una gran red de la cual ninguno de sus integrantes puede escapar, es una creación un poco aluvional que se ha ido consolidando con el tiempo. Si comparamos la agenda del gobierno en los últimos tiempos de Cristina Kirchner previos al 2015, vemos que es la misma que se ha impuesto en estos primeros nueve meses de gestión.

La sociedad ha reconocido esta circunstancia, por lo tanto, la popularidad inicial del Presidente se ha ido desgastando en forma considerable. Fundamentalmente, los temas más importantes que le preocupan a Cristina son los medios y la justicia. El primero porque controlando los medios consolida su poder y el segundo porque necesita impunidad.

Hay dos concepciones que se han entrelazado para darle sustento y basamento a las acciones del gobierno. La primera la ha tomado prestada de sectores de izquierda, fundamentalmente abolicionistas en lo penal, que sostienen que la sociedad es culpable de los delitos que cometen las personas, en virtud de la injusticia natural en la que se mueve la sociedad.

Los sectores de izquierda progres tienen una gran fascinación por lo ilegal, una gran admiración romántica por las personas que transgreden el orden jurídico, a las cuales ven como personajes que luchan en solitario contra un régimen muy poderoso y muy injusto, como modernos Robin Hood. Es decir, el delincuente es víctima y la sociedad su victimario. Ergo, el Estado debe ser indulgente y trabajar para revertir tal circunstancia. Sin dudas el Estado tiene que trabajar para forjar una sociedad más justa, pero mientras tanto su obligación es cumplir y hacer cumplir las leyes.

El razonamiento expuesto cae como anillo al dedo para las aspiraciones de la jefa del Movimiento Político, que necesita una reivindicación judicial para ella y sus colaboradores más distinguidos, si bien el precio que debe pagar por cumplir esa aspiración es bastante serio, porque tiene que tolerar que las transgresiones y delitos comunes sean vistos con indulgencia por el gobierno que ella conduce.

Esto produce un natural desdén por la seguridad y en algunos casos afecta a la soberanía nacional. Hay un antecedente en 1973, cuando Cámpora gana la elección y asume el 25 de mayo, lo primero que se hace es liberar a los presos. Ahora, con la excusa de la pandemia nuevamente se repitió la receta. Esa medida ha degradado la Seguridad Ciudadana y casi toda la sociedad reclama. Algo similar está sucediendo en Mascardi y en Bariloche y asimismo en el gran Buenos Aires y la ciudad de La Plata, que son las tomas de tierras por grupos organizados, sospechadas en algunos casos de vinculaciones oficiales.

Hace muy pocos días en el Senado bonaerense el bloque del Frente de Todos intentó, con la excusa de adecuar el código de procedimiento a la ley de víctimas, introducir normas abolicionistas, facilitando excarcelaciones de los presos al fijar plazos menores, imponiendo dificultades al accionar de las víctimas, haciendo más amplias las detenciones domiciliarias, etc. no logró su cometido, pero ha quedado claro que ese es un tema que les preocupa y que quieren consolidar.

El segundo principio es totalmente de autoría de Cristina y dice que el que tiene los votos tiene la razón. Algunos históricamente han dicho que cuando todo el mundo se equivoca todo el mundo tiene razón. Aunque esa aseveración no encaja perfectamente con lo que Cristina sostiene, ella tiene como cierto que los votos han legitimado su accionar y han borrado las causas penales que la perseguían a ella y a su grupo por distintas formas de corrupción, demás está decir que el hecho de ganar una elección, no implica de ninguna manera un lazo directo con la razón o la legitimidad de actos contrarios a derecho, que nada tienen que ver con el pronunciamiento de la voluntad popular.

Cristina no piensa de esa manera y así se lo hizo saber al tribunal ante el que prestó declaración cuando al final les dijo que a ella la historia ya la había absuelto y que, de ahora en adelante, los que tenía que responder preguntas eran los jueces. Estas son las circunstancias en las cuales el gobierno se mueve. Ahora bien, todo este conjunto de cosas, hechos, circunstancias y pensamientos, suceden en virtud del liderazgo político que tiene Cristina.

Si analizamos este hecho podemos decir que la sumisión es voluntaria. Es decir que los que obedecen lo hacen voluntariamente. La democracia evidentemente no constituye un obstáculo serio para esto. Cristina tiene un activo electoral propio, si bien minoritario, relativamente importante. Cuenta también con el voto progre, es decir de sectores pequeños que tienen distintos intereses y reivindicaciones sectoriales. Hay que considerar como muy importante, que estas minorías son muy intensas en su actividad y consideran que se juegan el todo por el todo, por lo tanto actúan sin medir la prudencia y con altas dosis de temeridad.

Si a esto le sumamos que el kirchnerismo tiene control en este momento de las redes de gobernabilidad y administración de los pobres, con llegada directa en todo el territorio como Anses, y Pami, es evidente que tiene bajo su órbita el control del desorden y también la posibilidad de diseñar la agenda, que es lo que se consideró al principio. ¿Cuál es la razón final de que permanezca inalterada esa influencia? Es la capacidad de hacer daño. Más que a los extraños a los propios y también a los peronistas viscerales que han apoyado la gestión. Esa capacidad se completa con la amenaza más o menos seria de que si alguien se atreve a contradecir va a sufrir las consecuencias más graves. Va a chocar de frente con alguien que no tiene intención de frenar. Y los demás no lo ayudarán, estarán ocupados en pasar inadvertidos.

Así funciona el universo del gobierno. Es un todo orgánico consolidado del cual nadie puede salir sin recibir serias consecuencias. Así, no se puede disentir, no se pueden plantear alternativas distintas, no se pueden hacer críticas de ninguna naturaleza. Sólo cabe obedecer.

Afortunadamente el pueblo argentino ha comprendido esta situación y tiene en sus manos la herramienta decisiva para solucionarla, que es el voto. Ejerciendo el derecho al voto el pueblo podrá encauzar los destinos del país hacia un rumbo de defensa de la Constitución, de la Democracia, la República, y del federalismo.

Un camino que condene decididamente a la corrupción, respete la propiedad privada, la iniciativa y la inversión, que condene toda forma de autoritarismo, tenga el trabajo y la justicia social como banderas para salir de la pobreza y un Estado ágil e inteligente asumiendo sus funciones indelegables por las libertades públicas y las garantías individuales. Los peronistas, los partidos tradicionales del campo Nacional, los independientes, los demócratas, los republicanos y todos los ciudadanos de buena voluntad tienen la palabra. El tiempo corre.

(*) Dirigente peronista.

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