Opinión
Puntos de vista

Sé agua

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Bruce Lee (nombre real Lee Jun-Fan), nació en San Francisco, California, Estados Unidos, en 1940. Fue un destacadísimo artista marcial, maestro de estas artes, actor, filósofo y escritor.

Lee es ampliamente considerado por críticos, expertos y medios como el artista marcial más influyente de todos los tiempos y un ícono de la Cultura pop del Siglo XX, que llenó la brecha entre Oriente y Occidente.

Fue criado en Hong Kong, lugar en donde comenzó a practicar las artes chinas del Taichí y luego el estilo Wing Chun con el maestro Yip Man (Ip Man). A los 18 años regresó a Estados Unidos y empezó sus estudios de filosofía en la Universidad de Washington. Siendo un innovador y pensador, aplicó a su arte lo aprendido. Abrió su primera escuela de artes marciales en Seattle y luego se expandió a otras ciudades.

Su aprendizaje de diversas disciplinas como el boxeo, el judo, el muay thai y el tangsudo lo llevó a desarrollar nuevas ideas sobre el entrenamiento de las artes marciales, lo que condujo a la creación de su propio método de combate el Jun Fan Gung-Fu, que luego evolucionó en conceptos físicos y filosóficos, dando lugar al Jeet Kune Do o “el camino del puño interceptor”.

Lee se convirtió en una celebridad al participar de series televisivas como “El avispón verde” en su personaje de Kato y en más de 20 películas, exponiendo en todas ellas las artes marciales chinas al mundo occidental.

Sus películas, entrevistas y principalmente su carisma e influencia, contagiaron y extendieron el auge de la pasión por las artes marciales en todo occidente, generando una ola de seguidores a través del mundo.

La vida de Bruce Lee se vio truncada un 20 de julio de 1973, cuando murió como consecuencia de un edema cerebral de causa desconocida.

​Pensamiento de Lee: “Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella, si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Sé como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”.

Los argentinos sabemos adaptarnos, como el agua, a las circunstancias sociopolíticas adversas que siempre nos toca vivir. Hemos sobrevivido, y lo seguiremos haciendo, con paciencia, esfuerzo, creatividad y lucha, a las hostilidades que nuestros gobernantes nos entregan con siniestras intenciones.

Pero ser agua, no significa siempre amoldarse; a veces se transforma en un cuerpo de gran energía y tamaño que se desplaza y arrasa.

Un movimiento que desde lo profundo genera un efecto de “latigazo” hacia la superficie, capaz de lograr olas de magnitud impensable.

(*) Abogada y escritora

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