Editorial
Los lazos que elegimos

La amistad: el remedio infalible de los argentinos

A pesar de la pandemia, el Día del Amigo no se olvida. (Dibujo: NOVA).

“Un amigo es alguien con quien se puede pensar en voz alta”, dice una de las definiciones más exactas de este vínculo, frase célebre pronunciada por el escritor y filósofo estadounidense Ralph Emerson.

En un presente convulsionado por las consecuencias y preocupaciones generadas por la pandemia, esta semana se inaugura con una ocasión tan mágica como ineludible: el Día del Amigo. Una celebración de tanto peso en Argentina, que nadie osaría pasarla por alto; incluso desde el Gobierno abrieron el paraguas con un llamado a la concientización para evitar esos cálidos encuentros que tanto caracterizan el espíritu argento.

En esta oportunidad, los festejos del 20 de julio tomarán otra forma, meramente tecnológica, pero de ningún modo serán omitidos.

Porque se trata, nada más y nada menos, que de hacerle honor a esas personas que siempre están (de manera presente u omnipresente), que pintan nuestra vida de colores esplendorosos en un cuadro que va variando con el transcurso de los años, al que siempre van agregando pinceladas a través de un consejo, una palabra, una mirada, una sonrisa, una palmada, un abrazo, incluso una crítica… Es honrar a esas personas que viven en nuestros corazones porque en algún momento aparecieron en nuestro camino para quedarse, y que junto a nuestra familia de sangre, completan la obra única de nuestras vidas.

La palabra “amigo” en Argentina adquiere un significado de dimensiones inconmensurables. Es sinónimo de lealtad y compañía incondicional, traspasa las fronteras de la distancia y el tiempo. No admite excusas ni traiciones.

Hay amigos de la infancia, del club, de la escuela, del barrio. Amigos que conocimos en algún viaje inolvidable o en oficinas, entre llamado y llamado. Amigos “gastronómicos” y de asados, y otros de salidas nocturnas; amigos intelectuales que olvidan devolvernos algún libro y amigos de mates entre árboles. Amigos que hace mucho no vemos pero jamás dejamos de adorar, y amigos cotidianos que alegran nuestro despertar. También están aquellos amigos que el destino nos instaló en alguna casualidad, no tan casual, por cierto.

Están los amigos que nos ayudan a llorar cuando necesitamos desahogarnos y los que nos arrancan carcajadas cuando pintó el bajón. Y aquel al que le cuesta hablar, pero con un gesto lo dice todo…

Esta crisis tan particular que atraviesan el país y el mundo entero es un gran momento para darnos cuenta de qué cosas son importantes para salir adelante: seguir refugiándonos en los afectos que elegimos, además de fortalecer el amor con nuestras familias. Sin duda, este evento particular que abre la semana se constituye, más que nunca, en una luz que nos alumbra en medio de tanta oscuridad.

Lectores: 1309

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: