Opinión
Puntos de vista

Politicofobia

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Aversión o desprecio hacia los políticos o la política. Se puede definir como un persistente e injustificado miedo o rechazo hacia los políticos.

En realidad no necesariamente se trata de una fobia propiamente dicha, en el sentido de un pánico extremo e irracional, sino que el término se utiliza para indicar sentimientos negativos, de repudio y desconfianza hacia los mismos.

La política es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de una comunidad humana. Una sociedad libre, compuesta por seres humanos libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva, teniendo en la mira al “bien común”. Suena bien ¿no?

En la mayoría de los países el ordenamiento jurídico considera a los políticos elegidos o nombrados como representantes del pueblo en el mantenimiento, la gestión y la administración de los recursos públicos; que además deben velar por el interés general de los ciudadanos y mantenerse dentro de una ética profesional de servicio hacia la población. ¡Maravilloso!

Hay dos formas de hacer de la política una profesión: se vive de la política (la persona busca un fin o nivel económico); o se vive para la política, se hace de ella la vida en un sentido íntimo. Se goza simplemente con el ejercicio del poder que se posee y de los beneficios que trae aparejados; o alimenta el equilibrio y tranquilidad con la conciencia de haber dado sentido a la vida poniéndola al servicio de “algo”.

La primera parece ser la predominante -o acaso la única- manera de realizar la política en las últimas décadas de nuestra nación. Corrupción, demagogia, engaños, sectarismo, unidos a una ineptitud, incapacidad, torpeza, impericia e ignorancia supinas, son las huellas indelebles que han dejado los gobernantes. Me faltan algunas decenas de adjetivaciones pero para muestra vale echarle una mirada aunque sea superficial a la situación del país.

La toma de decisiones desde los poderes del Estado no trae bienestar a las comunidades, crecimiento ni progreso. Ni la proliferación de leyes a diestra y siniestra contribuye a un avance, al contrario, el caos legislativo es signo inequívoco de degradación de su calidad y de la corrupción imperante. Dicen algunos estudiosos: “Muchas leyes, poco derecho”.

La politicofobia se ha hecho carne en la ciudadanía de bien. Insatisfacción, descreimiento, repudio, desaprobación y repulsión, son emociones razonadas nacidas de los desbarajustes que provoca la llamada “clase política”.

(*) Abogada y escritora.

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