Cómics e Historietas
Historia viva de la historieta argentina

Pablo "Pol" Maiztegui, más allá de El Eternauta

Pol, que como historietista visitó dos mitos: Lennon y El Eternauta.

Por Ariel Avilez(*), especial para NOVA

Córdoba, además de aportar al mundo muy buenos contadores de chistes, el cuarteto e interesantes modos de preparar el fernet, ha sido desde siempre una importante proveedora de historietistas de esos que no pasan desapercibidos. Uno de ellos, aunque hoy algo alejado del medio como modo de vida, pisó fuerte y dejó huella en la historieta local muy especialmente durante la última década del siglo pasado y la primera del presente; el nombre de Pol, pseudónimo de Pablo Maiztegui, estuvo ligado a dos mitos: Francisco Solano López -el legendario dibujante que fue su mentor y de quien se convirtió en mano derecha en sus últimos años- y El Eternauta -personaje capital del Noveno Arte, a cuyas aventuras tuvo el honor de dar cierre con la saga de El Regreso-.

Y en plena pandemia, haciendo un huequito en su tiempo entre sus muchas ocupaciones laborales y paternas, el querido Pol se copó con la idea de contarnos algunos pasajes de su historia y de su presente artístico. Arrancó, por supuesto, por el comienzo...

- Nací en la ciudad de Córdoba el 26 de noviembre del 69, año del Cordobazo y el alunizaje. No me acuerdo ahora el hospital, pero sí que viví en la capital hasta los ocho años. Nos mudamos a Berrotarán, un pequeño pueblo al sur del Valle de Calamuchita. A la siesta, para no aburrirme, leía gratis por gentileza del kiosquero del pueblo las revistas de Columba y Record, además de las de Patoruzú, Capicúa y un largo etcétera. Pero las que me rompieron la cabeza fueron El Eternauta -que llegó en fascículos- y la Fierro.

- Usted es historietista (dibujante y guionista), pero también en su CV tienen su espacio la animación, el cine y la fotografía ¿Cómo llega alguien a abarcar tantas ramas artísticas y cuál es aquella en la que se siente más cómodo?

- Bueno, gracias por lo de historietista, pero no hice mucho en ese campo ya hace un buen rato. En animación colaboré en algunas series para Encuentro, tres o cuatro películas documentales que hicieron maravillas animando mis dibujos, y produje en sociedad páginas web de tarjetas animadas. Actualmente también estoy colaborando con algunos dibujos en un documental que aún está en realización. Fotografía, sólo lo que estudié en los primeros años de la facultad de cine en Córdoba; analógica y en blanco y negro. Mi dedicación actual, y de lo que vivo hace varios años, es del storyboard. A medida que me fui independizando de Solano, ya en sus últimos años de producción, le vendí mi alma al diablo para asegurarme una renta mensual mas estable. Bueno, no es sólo eso: la ventaja de tener un maestro como Solano también tuvo como consecuencia negativa, y es que no desarrollé un estilo propio fuerte y reconocible. Aún estoy en eso, y hacer storyboards ayuda a soltar la mano para ganar velocidad en el trazo. Después aparecen otros proyectos como la convivencia en pareja y, desde hace un par de años, criar un hijo. Y se redistribuyen las prioridades. La comodidad sobre todo se relaciona con la gente con la que laburo, y hasta ahora tuve mucha suerte.

- Centrándonos ya en la Historieta, ¿qué guionistas y qué dibujantes toma como referentes?

- Arranquemos con los obvios: (Héctor Germán) Oesterheld, Solano, (Hugo) Pratt y (Alberto) Breccia. Después envidio y admiro mucho las plumas y los pinceles de Oswald, (Jordi) Bernet y (José) Muñoz. El (David) Mazuchelli de Batman: Año uno, (Jack) Kirby, (Alex) Raymond y los maestros argentinos en general: (Ricardo) Barreiro, (Carlos) Trillo, (Enrique) Alcatena, (Domingo) Mandrafina, (Horacio) Altuna. Más cerca de mi generación me gustan Salva Sanz, Jok, (Carlos) Aón y Manuel Loza. Todos ellos, por su estilo, me refieren a la historieta que más me gusta leer. Hay un montón de otros dibujantes que me resultan extraordinarios, como Moebius, Juan Giménez, (Ariel) Olivetti, (Juanjo) Guarnido, entre otros, pero los relaciono más con la ilustración porque no puedo dejar de detenerme en cada viñeta.

- Su asociación con Solano López es la que lo llevó a convertirse en profesional de la Historieta ¿Cómo se produjo ese encuentro y de qué modo encaraban su laburo en equipo?

- A Solano lo conocí de casualidad en Madrid porque yo era amigo de su hija mayor que, junto a sus dos hermanos varones, se habían mudado a España durante la dictadura. Le mostré algunos garabatos que improvisaba en las servilletas del bar en donde laburaba de camarero y me ofreció irme con él a Brasil, como entintador. Cuando llegué, me armé un tablero junto a otros dos ayudantes en un departamento-taller en Río de Janeiro. Solano nos daba las páginas a lápiz con las cabezas de los personajes entintadas y nosotros completábamos el laburo bajo su mirada atenta y sus consejos. Con el tiempo me enseñó a usar el pincel y a colorear con acuarelas. Dibujábamos toda la semana con un solo día de descanso y mandábamos las páginas por correo internacional porque los tiempos de entrega apretaban.

- A mediados de los noventa se comenzaron a publicar en Columba algunas historietas unitarias hechas por ambos, historietas que en 2005 volvimos a ver pero en blanco y negro y sin censura en el número uno de la publicación “45 Toneladas” de Perfil ¿Cuál es el origen de ese material y para quién fue realizado originalmente?

- Al poco tiempo de mi llegada como ayudante, se terminó el contrato con la editorial inglesa Fleetway y Solano le pidió a Ricardo Barreiro que desde Buenos Aires le mandara material para publicar en Eura editoriale. Barreiro comenzó a tener problemas de salud y ahí yo le arrimé un par de ideas porque no me quería volver tan pronto a laburar de mozo (risas). Aprendí un montón con esas pequeñas historietas y me divertí mucho. Solano también. A veces el viejo llegaba con una noticia que destacaba en los periódicos brasileros y me decía que armara algo a partir de ahí. Pronto se volvió una metodología. A mí me interesaba sobre todo el tema de las comunidades originarias del Amazonas. Creo que, aún hoy, que son mis mejores laburos, probablemente porque no había ningún tipo de presión o yo no era aun consciente de ella.

- La obra por la cual es más reconocido por la mayoría de la gente es por haber realizado la segunda secuela oficial de “El Eternauta”, titulada “El Regreso” ¿Qué significó para usted la responsabilidad de hacerse cargo de los guiones de esta serie y darle un cierre definitivo? Hoy, pasado el tiempo, ¿qué tanto lo satisface el resultado final de esta extensa patriada?

- Y sí, fue algo así como una “patriada”. Yo recién arrimaba mis primeros guioncitos y Solano me comenta que Barreiro no andaba bien de salud y necesitaba mantener cierta regularidad dibujando al Eternauta, por consejo de su abogado de aquel entonces en el litigio por los derechos de la obra. Me ofrecí a armar algo a partir de un par de ideas que luego desarrollamos en El Regreso. Pero como también teníamos algunas restricciones legales, improvisamos El Eternauta: El Mundo Arrepentido para un suplemento de los diarios del Interior del país. Sobre todo sirvió para experimentar con el color digital que habíamos visto que se usaba mucho en la Comic-Con de San Diego. Nos divertimos bastante con esa. El Eternauta: El Regreso evocaba sobre todo nuestro propio regreso a Argentina; Solano, luego de un par de décadas en Brasil, y yo, de algunos añitos dando vueltas por ahí. Arrancó como un proyecto para publicar en el Diario Perfil, después pensé que lo publicaría La Nación, pero Solano no le perdonaba a los Mitre la masacre de la guerra del Paraguay (Nota: Francisco Solano López era descendiente de otro Francisco Solano López, el presidente de Paraguay muerto durante la infame Guerra de la Triple Alianza) y finalmente la transformamos en un serial para Eura Editorial de Italia. Como mientras tanto había que sobrevivir haciendo otros encargos para Kiss Comics de España, y algunas series para Dark Horse de Estados Unidos, se nos complicó bastante la continuidad de la trama. La mayor satisfacción me la dio el resultado del juicio que le permitió a Solano legitimar el cobro de regalías por la publicación de El Eternauta original. Hay varias ideas que rescato de El Regreso, pero no me atrevo a considerarla una continuación de las dos primeras, sino en todo caso un desvío, una posibilidad o una fuga. Recuerdo que en aquel momento, a medida que Solano se esperanzaba con un dictamen favorable, su idea era generar una franquicia con el personaje, como Batman o Superman. Y que cada autor le diera su “vuelta “.

- Dentro de la serie de libros que componen la colección Tragedias del Rock, usted en su condición de artista integral contó episodios de la vida de John Lennon ¿Nos cuenta cómo llegó a sus manos este otro mito y de qué modo encaró la realización de la obra?

- Ah, si. Nora Bonis y Oche Califa me ofrecieron ese laburo luego de algunas colaboraciones ilustrando novelas clásicas y un par de historietas históricas. Ahí recién estaba arrancando con el storyboard y tenía pocos clientes y tiempo libre. Intenté desarrollar un estilo similar al del dibujo publicitario, concentrándome sobre todo en el diseño de las páginas. Hizo un muy buen laburo el colorista.

- Hace unos años hubo un interesante revuelo ante la difusión de una ilustración suya titulada “El Veso” (así, con V corta) en la cual aparecían Eva Perón y Cristina Fernández de Kirchner chocando apasionadamente sus labios ¿Cuál fue el génesis de esto y de qué modo repercutió en usted el anacrónico escandalete?

- Todavía hoy me llega de vez en cuando alguna foto de una espalda tatuada, una remera o un banderín con esa ilustración. Se lo hice a una compañera torta y peronista para su Facebook y se viralizó. Y sí, a medida que circulaba imaginé que podía joderle incluso a algunos cumpas, así que lo recontrabanco a ese dibujo. Es bien peronista.

- ¿De qué historietas suyas nos hemos estado privando en el país los lectores argentinos en los últimos tiempos?

- (Risas) De ninguna. Pero hace poco reeditaron Mikilo y me acordé de cuánto me gustó colaborar ahí como historietista e ilustrador.

- ¿Nos comenta sus proyectos relacionados con el cómic?

- Lo bueno de la historieta es que permite laburar ya entrado en años, así que no pierdo la esperanza de completar un par de proyectos que por ahora tengo cajoneados: un thriller detectivesco sobre una mujer que debe resolver un misterio en el Palacio Barolo, y un southern del Gauchito Gil. Por otro lado, hace unos años recuperé las ganas de armar una biblioteca de historietas después de que un incendio hace quince años me las quitara. Y me encontré con la grata sorpresa de que hay muchas autoras muy buenas peleándola en el medio. Hay que apoyar a las colegas historietistas.

(*) Redactor especializado en cómic

’El Veso’, la polémica ilustración que unió a Evita y a Cristina en un beso peronista.
La antología que compila sus historietas amazónicas de corte ecologista, y la edición en portugués de su novela gráfica acerca de Lennon.
La ilustración de contratapa para el segundo libro de Mikilo, y una página de su versión del personaje de Rafael Curci.
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