El columnista invitado
Coronavirus y crisis

El día después de mañana

Osvaldo Dameno, dirigente peronista. (Foto: NOVA)

Por Osvaldo Dameno, (*) especial para NOVA

Es imprescindible pensar seriamente acerca del rumbo que será necesario tomar una vez pasado el tsunami de la pandemia. La cuestión de la deuda, el tema económico y el camino institucional son ejes insoslayables sobre los que hay que agudizar el ingenio y reforzar nuestra atención.

A esta altura es necesario dejar claro que no entrar en un nuevo default debe ser una premisa del gobierno. Así lo ve la inmensa mayoría de las fuerzas políticas y los sectores económicos del país. Conviene aclarar que un default no cambiaría en principio la situación del sector público, ya que no tiene crédito y financiamiento internacional, ni lo va a tener por un tiempo, debido a nuestros pésimos antecedentes.

Pero el sector privado, las Pymes y las empresas, que tal vez puedan arrancar por la disponibilidad de la capacidad instalada, en un segundo momento van a necesitar el financiamiento para reforzar y relanzar sus actividades. Y para ello necesitan que el país no esté en default, para acceder a créditos menos gravosos.

Hay que llamar la atención acerca del pensamiento de un sector que intenta influir en el gobierno, en el sentido de que una cesación de pagos en el sector externo nos dejaría una disponibilidad interna de recursos para atender las necesidades inmediatas. Tal situación sería pan para hoy y hambre para mañana y nos pondría en un lugar muy precario en el concierto internacional y en un camino peligroso para el futuro.

También hay que resaltar que este default implica aproximadamente un 20 por ciento del PBI, es decir, no tiene una gran envergadura, entonces parece bastante claro hoy que la propuesta argentina ha sido débil, pobre y con escaso trabajo previo entre los acreedores, pero aún puede mejorarse para llegar a un acuerdo sustentable para nosotros.

En lo que atañe a la cuestión económica hay que señalar que el país viene de diez años de estancamiento económico y hoy ocho de cada diez trabajadores tienen dificultades laborales o de percepción de sus haberes. Es decir, el parate provocado por el coronavirus ha profundizado fuertemente la crisis económica. Tiene lógica que el gobierno recurra a la emisión, aunque ello implica una fuerte devaluación. Además, un riesgo mediato de que se dispare la inflación. Prueba de ello es la elevada cotización del dólar blue.

Se ha reforzado mucho la ayuda a los sectores más necesitados, lo cual es inobjetable. Pero ha llegado el momento de apuntalar a las pequeñas y medianas empresas, que también son un motor de la economía que se encuentra amenazado por el fantasma del concurso o la quiebra.

Ese sector está muy complicado, lo mismo que la clase media que ahora tiene una reducción importante de ingresos y no ha recibido alivio en cuestiones claves, como los impuestos, los alquileres, las expensas, las cuotas de los colegios, los servicios, la patente automotor, las obras sociales, las deudas bancarias etc. Es decir, tienen menos ingresos, porque les han rebajado el sueldo, pero no tienen un respiro que los ayude a seguir con su vida. Existe un detalle importante, el sistema bancario debe lograr eficacia en su funcionamiento.

Las condiciones de los préstamos son muy exigentes y muy pocos pueden cumplirlas. Hay demoras excesivas que complican todo y desaniman al más pintado. La banca pública debe ponerse al frente con sus ofertas de créditos, garantías, subsidio de tasas etc. Su liderazgo sin duda servirá para que el resto del sistema bancario se ponga las pilas, por inducción, y todo pueda mejorar en conjunto.

El tercer tema de suma importancia es el institucional. Es imperioso el funcionamiento de los tres poderes para restaurar el sistema de pesos y contrapesos propio de nuestro sistema. Las instituciones y los controles tienen que volver a sus funciones normales. El respeto a la constitución y las leyes debe ser la plataforma para la justicia, la solidaridad y el trabajo de los argentinos.

En materia internacional es urgente normalizar nuestras relaciones regionales. No es posible mantener rispideces con todos nuestros vecinos, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia. Si hemos de enfrentar cambios grandes en las relaciones mundiales lo mejor es tener un frente local fuerte y consolidado. Un MERCOSUR entero y dinámico nos ayudará a todos a negociar mejor y obtener condiciones más favorables.

Nuestros intereses como nación deben prevalecer sobre deseos que animan a las distintas posiciones políticas internas. Por último, sería de gran ayuda una generosa convocatoria a todos los sectores para alumbrar un acuerdo lo más amplio posible, en un puñado de objetivos y políticas de Estado que le indiquen al mundo que los argentinos somos capaces de hacer un sacrificio en aras de la Unión Nacional, y del futuro social y económico de nuestro pueblo.

(*) Dirigente peronista

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