Editorial
Espionaje al servicio del poder

La persecuta a las voces disidentes: se destapó la olla y Macri se prende fuego con su propia leña

Gobiernos que utilizan tiempo y recursos del Estado para espiar a quienes les significan un estorbo. (Dibujo: NOVA).

La grieta ideológica argentina de los últimos años, que parecía cicatrizar de a poco a través de la integración de fuerzas que viene ensayando el nuevo Gobierno, volvió a tomar protagonismo con el descubrimiento de los escandalosos actos de espionaje contra periodistas, dirigentes y figuras clave de la escena política llevados a cabo por el macrismo.

Se trata, ni más ni menos, de una muestra más del uso ilegal de las herramientas del Estado -en este caso, el servicio de inteligencia- a los fines de identificar, marcar, estudiar y correr de la escena discursiva a aquellos que representan las opiniones disidentes de un Gobierno.

Este caso nos remite a un tema de vieja data: el peso del “cuarto poder” en las naciones que se autoproclaman democráticas, pero que en los hechos se ven afectadas por las maniobras ocultas y autoritarias de aquellos gobernantes que buscan perpetuarse en el poder anulando la pluralidad de voces, cercenando la palabra, censurando a la prensa. Una muestra más de subestimación hacia el pueblo, el mismo que los ubica en el sillón que ocupan y al que buscan dibujarle una realidad que se ajuste a sus propios intereses.

La gran sorpresa de la investigación sobre las alevosas maniobras ordenadas por Mauricio Macri -implementadas por Gustavo Arribas, quien hoy es la figura más expuesta de este accionar clandestino- fue el hallazgo de que no solo le preocupaba estar al tanto de las opiniones, vínculos y movimientos de sus opositores más significativos –entre ellos Cristina Fernández de Kirchner y Eduardo Duhalde -, sino también de los “aliados” de su propio espacio.

En efecto, el ex presidente también utilizó esta maquinaria para vigilar a figuras clave de su plataforma electoral, como la ex gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal; el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y el ex ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, entre otros, lo cual deja al descubierto la falsedad de las “sonrisas para la foto”, las traiciones dentro de la cúpula gubernamental y la coexistencia de dos grietas: una a nivel nacional y otra interna dentro del propio oficialismo.

Sin duda, el Gobierno actual se sentirá regocijado con esta grave denuncia radicada por la titular de la AFI, Cristina Caamaño. Hay dos poderosos motivos que inauguran y celebran esta “revolución de la alegría albertista”: el primero es que estos actos deleznables de violación de la vida privada y de la ley por parte de Macri empañan el recuerdo de los años de corrupción monstruosa en las arcas del Estado por parte de los funcionarios k; en segundo lugar, el Gobierno festeja que el foco de la agenda se encuentre puesto en otro lugar justo cuando comienza a verse debilitado por las consecuencias socioeconómicas de una pandemia que pone en tela de juicio muchas de las decisiones que viene tomando.

Agrandada por el contexto, este domingo CFK les dedicó un “sentido” mensaje a los trabajadores de los medios de comunicación en su día: "Mi saludo en el #DiaDelPeriodista para los y las que ejercen la profesión con compromiso con la verdad y con la Patria”.

Lo que pasó por alto en ese tweet, fue rememorar los maltratos a los que sometía a los periodistas que no eran de su agrado durante las conferencias de prensa que brindó en sus épocas de jefa de Estado. Tampoco recordó que jamás tuvo intenciones de demostrar rechazo hacia las agresiones que recibieron varios trabajadores de medios no alineados con su gobierno, por ejemplo, en la presentación de su libro “Sinceramente” y en la puerta de Comodoro Py, cuando éstos esperaban sus declaraciones en el marco las causas por las cuales estaba procesada.

Así las cosas, la historia se repite. Cuando la grieta vuelve a asomar, el muerto se entretiene riéndose del degollado, mientras la mayoría de los argentinos sigue intentando buscar una manera de sobrevivir a la debacle en la que está hundido el país.

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