Editorial
Escenario crítico

La cuarentena "eterna" y la desaparición de las pymes

La imagen del nuevo síntoma que afecta a los argentinos: la depresión. (Dibujo: NOVA).

La rápida decisión del Gobierno de ubicar al pueblo en cuarentena, que a mediados de marzo la mayor parte del país aplaudía y miraba con ojos benevolentes, a dos meses de su inicio adquiere otro significado. La opinión de los argentinos comienza a darse vuelta de manera proporcional a sus padecimientos.

El argumento de preservar la salud de población ante el avance del COVID-19 ya no conserva la fuerza que evidenció en un principio, debido a la debacle que está produciendo la parálisis de la actividad en los sectores económicos que no son considerados “esenciales”. A esta altura, para los dueños de comercios, pymes, locales gastronómicos y trabajadores del turismo, este último pasó a ser un término relativo, ya que ahora lo “esencial” es tener algún tipo de ingreso que les permita llevar comida a casa.

Los argentinos más afectados por el confinamiento comienzan a sentir el peso de una norma que los condena a estar asfixiados económica y psicológicamente.

Para muestra, basta un botón. Días atrás, un comerciante que durante 17 años les dio trabajo a varios empleados en su tienda de uniformes escolares se quebró durante una entrevista televisiva en la que contó que tuvo que cerrar el local, ya que lleva tres meses sin poder pagar el alquiler, los servicios y los impuestos. Sin chances de vender online ante la falta de clases, y con cero ingresos, se vio en la obligación de tomar esta drástica decisión que una edad madura, lo obliga a buscar una nueva manera de ganarse el pan.

Dada la nueva extensión de la cuarentena, el escenario que se viene es alarmante. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó caídas de hasta el 80 por ciento para aquellas pymes que no pudieron trabajar o producir normalmente en este período, a lo que se suma la preocupación por el pago del sueldo anual complementario que hay que abonar el mes que viene. Especialmente teniendo en cuenta que se han acumulado deudas con proveedores, la AFIP, alquileres, expensas y bancos tras el aislamiento preventivo y obligatorio.

La única manera de sortear esta crisis es asegurando la supervivencia de las empresas, afirmaron desde la entidad, y esto “solo se puede lograr con una política de sostenimiento financiero a tasa cero” para las pymes hasta tramo I. “El riesgo no son los despidos sino el cierre de empresas”, sostuvo el presidente de la CAME, Gerardo Díaz Beltrán.

“Necesitamos un rescate financiero que permita la supervivencia de las pymes, que movilizan el 70 por ciento del empleo privado, hasta que el mercado responda y podamos devolver los préstamos, sin pagar intereses que superen la rentabilidad de las empresas”, afirmó.

Al respecto, señalaron que “a pesar del esfuerzo del Gobierno por generar herramientas de sostenimiento de las pequeñas y medianas empresas, la mitad todavía no accedió a ninguno de los beneficios anunciados”.

Asimismo, un informe de la Fundación Observatorio Pyme reveló que 61.000 compañías del sector industrial están en riesgo de cierre, y aún están completamente inactivas el 40 por ciento de las empresas de la construcción y el 30 por ciento de las del sector industrial, concentradas especialmente en la región de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde permanecen inactivos 600 mil asalariados de la actividad Mipyme.

Sin embargo, durante la última conferencia de prensa brindada por el presidente Alberto Fernández, se mostró particularmente molesto ante la pregunta de una periodista, quien le consultó por la situación angustiante que están atravesando tantos argentinos que actualmente no tienen ingresos. “¿Es angustiante `salvarse´? Angustiante es que el Estado no te cuide. La cuarentena va a durar lo que tenga que durar para que los argentinos estemos sanos y no se mueran”, fue la tajante respuesta del jefe de Estado.

Hay una cuestión que, lamentablemente, el Gobierno está pasando por alto. La salud de la población no queda expuesta solamente ante una pandemia, sino también ante las consecuencias de las medidas que toma la dirigencia política. ¿Acaso se va a medir la cantidad de argentinos que comiencen a mostrar cuadros de depresión, infartos, ACV, y demás trastornos de ansiedad derivados de este presente crítico?

Ante un panorama de total incertidumbre, la disyuntiva para muchos ahora es reinventarse o estar “muertos en vida”. Lo cual también es responsabilidad de un Estado que debería actuar de manera más inteligente, buscando recursos que le quiten la soga del cuello a los argentinos que no gozan del beneficio de pertenecer a los “sectores esenciales”.

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