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El arte de trabajar con la muerte en pandemia

Daniel Dauria, dueño de una funeraria: "No estamos ante un apocalipsis, pero debimos extremar todos los recaudos"

Daniel Dauria, dueño de la funeraria "Casa Dauria".
Trabajadores de "Casa Dauria".

Es sabido que los profesionales que han dedicado toda su vida a brindar servicios fúnebres deben ser personas muy especiales, ya que no solo se encargan de dar la despedida física, velar, enterrar o cremar a nuestros seres queridos, sino que además les toca mediar con las angustias propias y de terceros.

En momentos en donde la pandemia de COVID 19 se presenta como un fenómeno arrollador y pone al inconsciente colectivo cara a cara con la muerte, los profesionales del área lejos de relajar y aislarse deben ponerse al frente de una de las trincheras más duras de toda esta guerra que nos enfrenta al temible coronavirus.

Para aprender sobre tan distintiva actividad, NOVA entrevistó al licenciado Daniel Dauria que, a decir verdad, por su caracterología se parece más a un actor de Hollywood que al dueño de una funeraria y, de hecho, sus empleados nos confesaron que lo llaman “Dr. House” como el protagonista de la mítica serie americana.

Daniel, quien junto a su padre don Pedro y su hermano Diego son los titulares de la prestigiosa Casa Dauria, la cochería más importante de La Matanza, brindó su visión sobre lo que inevitablemente se viene, es decir, la cercanía de tantas muertes como jamás se hubiera esperado.

- ¿Cómo viven el flagelo del coronavirus las funerarias?

- Vivimos la pandemia con preocupación y precaución. Cuando escuchamos que alguien contagiado rompe la cuarentena o de lo peligrosos que son los pacientes contagiados asintomáticos, se nos presenta automáticamente la idea de que nosotros atendemos a personas que han tenido contacto con la peste. Vamos a un sanatorio, a un domicilio o a una clínica y tomamos contacto con el personal sanitario y el cuerpo inerte de una persona que también está vinculado al COVID19.

Por supuesto que contamos con la última tecnología en bioseguridad y lo más reciente en información, pero también sabemos que los médicos se contagian y se mueren, así como los funerarios se contagian y se mueren. El COVID 19 parecería contar con una capacidad especial de infringir las normas de seguridad y eso aumenta nuestra vulnerabilidad. Pasamos de ser un plantel fijo de más de veinte personas activas, a ser solo cinco en la primera línea de trabajo. Todos tenemos familia en nuestros hogares esperándonos, y esta situación nos volvió más orgullosos de la actividad esencial que realizamos. Nadie nos ve como héroes en el frente de batalla y es comprensible, ya que en nuestra cultura se ve a la muerte como fracaso y no como parte natural de la vida.

No estamos ante un apocalipsis, estamos frente a un virus muy contagioso, al que tenemos que tomar con importantes recaudos y lo hacemos. El estrés, la ansiedad y la depresión provocados por la incertidumbre por el avance del coronavirus se intensifican ante el encierro impuesto por la cuarentena.

- ¿Cómo se preparan para afrontar un posible colapso del sistema funerario?

- Los profesionales funerarios estamos tomando todos los recaudos necesarios para evitar el colapso funerario que hemos visto, incluso en países del primer mundo. No queremos un escenario surreal como el de Estados Unidos. No hay un criterio uniforme respecto al manejo de cadáveres con diagnostico probable o confirmado de COVID 19, es por eso que nos manejamos con el Protocolo Oficial del Ministerio de Salud de la Nación que remite a lo contemplado por la OMS.

No hay una instrucción oficial de cremación, si bien se la recomienda, aunque no es mandataria. La familia elige entre las opciones disponibles en plaza adhiriendo a las limitaciones de no velar, no tomar contacto con el difunto y demás restricciones, de las cuales muchas pasan por cuidado personal. Trabajamos sobre protocolos de bioseguridad, pero también con herramientas de contención y acompañamiento para aquellas personas que no van a poder despedirse de sus seres queridos. Dentro de las medidas de seguridad solo dejamos que ingrese una persona a la vez a las oficinas y nosotros evitamos salir a la calle.

Disponemos de una línea específica para atención sobre COVID 19, para contención y asesoramiento. La misma está habilitada para ciudadanos de cualquier punto del país que quieran despejar dudas, y para colegas que no encuentren respuestas en las instituciones que los agrupan. Esta es una cruzada de todos: lo hago por mí y lo hago por los otros.

También activamos un protocolo de Contratación a Distancia (CaD) para evitar que la gente se acerque a nuestra empresa. Se digitaliza la documentación y los pagos se generan de manera electrónica. Evitamos así el desplazamiento innecesario y de este modo prevenir el contagio. Recibimos muchos mensajes y llamados de zonas muy alejadas de nuestra área de influencia. Fijamos los precios a diciembre de 2019, porque nos ponemos del lado del bolsillo de la gente y la mayoría se encuentra sin trabajo, ni percibe ingresos. Es más, nuestra empresa nació dando servicios en los barrios más carenciados de La Matanza, costumbre que se sostiene en la actualidad.

Para evitar los sobreprecios además contamos con un servicio en “Precios Cuidados” para casos de COVID 19 que contempla la modalidad cremación o tierra. Esperemos puedan sumarse más empresas del país. Trabajamos con la convicción plena de que nadie puede llegar a la meta si no llegamos todos. Y nuestra meta es evitar el colapso funerario en la región AMBA, donde se concentra el 70 por ciento de los infectados.

- Por último, ¿qué hacen para cumplir con los rituales y ceremonias religiosas?

- Por la falta de velatorios y contacto con el fallecido, es fundamental la confianza depositada en nosotros. Nos transformamos de repente, sin querer ni elegirlo, en familiares por ausencia. Contando con la experiencia funeraria de lo que está pasando en el mundo.

Descargamos nuestros celulares de fotos innecesarias y nos preparamos para enviarles a los seres queridos una foto del ataúd que vamos a utilizar. El potente estatuto de una imagen, tranquiliza. Ver, aunque sea a través de una foto, da testimonio de algo que el virus te niega, que veas. No los podemos vestir, no podemos peinarlos, no podemos maquillarlos. No los podemos arreglar para que se vean bien y en paz. Todos estos gestos que son muy importantes para los dolientes, están prohibidos. Tenemos que cambiar la forma de como veníamos haciendo las cosas.

Hemos reinventado la forma de celebrar los responsos. Utilizamos las herramientas digitales y redes sociales para acercar una palabra de consuelo a las familias. Trabajamos con cuerpos, nos cuidamos bajo protocolos de seguridad médicos, pero para quienes abrazamos esta actividad, sabemos que detrás de un cuerpo hay una historia, un padre, una madre, un hijo. Trabajamos con personas fallecidas.

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