Opinión
Puntos de vista

El susurro del éxtasis

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

Charles Stewart Rolls, empresario e importador de autos de lujo franceses, y Frederick Henry Royce, modesto fabricante de autos de lujo, crearon en 1904 la automotriz inglesa Rolls-Royce, “el lujo como estandarte”. Había nacido una marca distinguida, prestigiosa por fabricar los mejores autos del mundo que seducían a la aristocracia, síntoma de un sentido de exclusividad.

John Walter Edward Scott-Montagu, segundo Lord Montagu y editor de la revista “The Car Illustrated”, le pidió a su amigo Charles Sykes, joven escultor e ilustrador, que diseñara un adorno para montar en su Rolls-Royce Silver Ghost de 1909. Sykes rápidamente se inspiró en la modelo Eleanor Velasco Thornton, de madre española, que era secretaria de Walter en la revista y con quien mantenía una relación secreta, dado que este se encontraba casado.

Así nació una figura que Sykes denominó como “The Whisper” o “El Susurro”, que representaba a Eleanor con un camisón que revoloteaba por el viento y con un dedo contra sus labios, que simbolizaba el amor secreto entre los dos.

Cuenta la leyenda que Claude Johnson, el director de la flamante automotriz, fue quien acuñó la teoría de “los mejores autos del mundo” y se contactó con Charles Sykes, quien asumió el compromiso de realizar el digno emblema que reposaría sobre el capó de los Rolls-Royce. Claude Johnson quería que Sykes evocara el espíritu de Nike, la diosa griega de la victoria; sin embargo, el escultor no se sentía atraído por esta y quería que su imagen fuera más femenina.

Así nació “The Spirit of Speed” o “El Espíritu de la Velocidad” la imagen que Sykes creó fijándose de nuevo en Eleanor Velasco Thornton. Poco después, cuando la presentó a la marca, en 1911, Claude Johnson la describiría como “una elegante y pequeña diosa, el Espíritu del Éxtasis, que eligió el viaje por la carretera como su delicia suprema y se asentó en la proa de un Rolls-Royce para revelar la frescura del aire y el sonido musical de sus revoloteantes vestimentas expresando su gran placer, con los brazos extendidos y su vista fijada en la distancia”. Esta figura no era más que una versión modificada de “El Susurro”, sin el dedo en sus labios y agarrándose su vestido.

Rolls-Royce la adoptó, pero ninguna estatuilla es igual a la otra; se fabrica de un modo artesanal y se ajusta a los deseos de su selecta clientela. La figura puede ser de acero o cromo inoxidable pulido, plata, oro y de cristal iluminado como extra. En los Rolls-Royce de la Casa Real Española la escultura original desaparece: la sustituye otra inclinada en señal de reverencia. ¡Sin palabras!

En el año 1998 BMW se hizo con la propiedad de Rolls-Royce, y desde 2004 todos los autos tienen una singular herramienta antirrobo: ante el más mínimo toque, la escultura automáticamente se esconde en la parrilla.

¿Por qué nos dedicaremos tanto en preservar los objetos en vez de a los seres humanos?

(*) Abogada y escritora

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